Richard Lancaster se reclinó en su sillón de cuero en el estudio, con la pantalla de su laptop iluminando su rostro en la penumbra. Era tarde, pasada la medianoche, pero el sueño no llegaba. Hale había confirmado la reunión para el día siguiente, y los perfiles de Brittany ya estaban en camino. Pero eso no bastaba. James había enviado otro email anónimo esa tarde, con una segunda muestra de pruebas: un extracto bancario que vinculaba una falsificación directamente a un trato con William Kim. Richard lo había borrado sin responder, pero la amenaza ardía. Necesitaba golpear primero, algo que doliera en el núcleo de Kim Enterprises. Tomó su teléfono y marcó un número que guardaba en una lista discreta: Victor Lang, un ingeniero de software que había trabajado como consultor para Kim hace año

