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1430 Palabras

Richard Lancaster se sentó en el borde de la cama de su habitación principal, con la camisa desabotonada y el vaso de whisky equilibrado en la rodilla. La mansión estaba en silencio esa noche, un vacío que se extendía desde el vestíbulo hasta los pasillos altos, roto solo por el tictac distante de un reloj en el salón. Habían pasado dos semanas desde la audiencia preliminar, y el mundo se había contraído a un ciclo de llamadas de abogados, reportes de acciones cayendo y mensajes ignorados de socios que se distanciaban. Hale había sido el primero en cortar lazos públicamente, pero no el último: tres inversores clave habían retirado fondos esa mañana, citando "incertidumbre legal". Las acciones de Lancaster Industries habían tocado fondo, un 15% menos en un mes, y los rumores en la prensa no

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