XIV

899 Palabras
Réel, quien apenas logró esconderse bajo la cama cuando el chico llegó a la habitación, salió lentamente al no escuchar más ruido.  — ¿Tú? ¿Qué haces aquí? — hablo la criatura negra que llego junto al chico.  La nueva voz, tomo por sorpresa a el hada haciéndola palidecer por ser descubierta, el baku que la observaba de reojo buscando algún bocadillo que poder engullir, solo negó sin interés particular por la otra criatura.   — ¡Mauvais! – retrocedió aun asustada, no esperaba encontrarse con el otro guardián en mucho tiempo más.  —Ya veo entonces esa chica debe ser tu compañera — rio la criatura. — Que chico más idiota, entregándole su corazón a la misma mujer que lo destrozo en pedazos ¿Es que los humanos se divierten sufriendo así?  El vuelo del baku se detuvo frente a lo que parecía un panecillo en forma de oso, sus ojos se iluminaron por la promesa del bocadillo, extremadamente feliz por su hallazgo se relamió los bigotes.  —Mauvais, no seas así — regaño el hada con plumaje rojo. — Adara no quería lastimarlo.  La de plumaje rojo y gris se cruzó de brazos molesta por las acusaciones.  —Pero igual le rompió el corazón. ―Concluyo mordiendo el panecillo ― ¡Puaj! ― se quejó escupiendo el material, que para su mala suerte no era más que una espuma coloreada, de tal manera que pareciese un delicioso panecillo.  —Ella le ama, solo es que no sabía quién era el – trataba de explicar el hada.  El baku miro con el corazón roto al objeto que lo había ilusionado, no podía perdonar tal traición así que pateo el “panecillo” con molestia. El hada suspiró, girando sus ojos negó con la cabeza.  — ¿Entonces realmente lo ama?, O simplemente cree amar lo que mi chico representa sin la máscara. — la sorna era evidente en la voz del pequeño animal—Imagina que pasara cuando se entere – voló un poco más alto observando a los chicos que ahora dormían abrazados. — ¿Qué crees que suceda si le digo?  — ¡No puedes decirle! – el hada le dedicó una mirada preocupada a su soñadora Adara.  —Tranquila no le diré, no soy tan malo – sonrió. — han pasado muchos años desde nuestro último encuentro, no lo arruinare por ahora. Además, los dramas de cotilleo son los más divertidos de ver.    El hada decidió obviar el último comentario de su igual, no ganaría nada discutiendo. Conocía muy bien a Mauvais, disfrutaba del drama, mala fortuna de otros y su único amor era la comida, no había nada más que le interesará salvo su querido compañero, después de todo el aún era una criatura gentil y buena en el fondo. Por algo ambos compartían ese lazo especial entre guardián y soñador.  —Lo sé, comenzaba a extrañarte un poco. Es difícil charlar en épocas tan complicadas—   compartió el hada, dirigiéndose a la ventana seguida por el minino alado.  —Las cosas cambiaron mucho desde entonces. — ambos observaban aquel paisaje que se asomaba tras el cristal.  Las calles de Pasítea Land eran decoradas por las luces de las farolas, la luna se encontraba en fase creciente dejando ver algunas sombras.  En la lejanía, la torre de la industria cosmética Kosmos se erguía imponente, como muestra de los cambios que la ciudad había enfrentado en los últimos años.    Ambos Guardianes eran de los más antiguos, habían visto nacer y caer a muchos de su especie junto a sus soñadores. El hada y el baku cargaban heridas intangibles, que no podían compartir con nadie más que con ellos mismos. Habían vivido tantas cosas, compartido junto a la humanidad en sus peores tiempos, esos tiempos, cuando personas con cruces en sus pechos montaban a caballos aterrorizando a mujeres y niños. Luego se encontraron con la llegada de esos hombres con bandas rojas en sus brazos, discriminaban a otros solo por no ser iguales a ellos.  El hada aún se sorprendía de haber sobrevivido a muchas de esas cosas, solo guardando el terror para sus adentros.     —Pero la historia sigue el mismo camino – dijo un poco preocupada la pequeña hada roja, rompiendo el breve silencio de sus recuerdos.  —Ellos serán diferentes – le ánimo el minino acercándose más a ella para frotarle sus mejillas.  —Confió a Fantazja que sea así, aún recuerdo los gritos desgarrados de Mea en esa última noche — una pequeña lagrima corrió por la mejilla del hada. Sus pequeñas manos viajaron por el pelaje n***o con cariño.  Un ronroneo escapo de su compañero haciéndola sonreír, amaba mucho a ese bobo baku.  Los recuerdos de sus luchas a través del tiempo nunca fueron fáciles, en especial los que acompañaban la perdida de sus queridos soñadores.  —Ella fue feliz al final – le recordó. — pero admito que tu querida soñadora actual, se le parece mucho.  —Si — musito bajo, escondiendo su rostro en el pelaje del baku.  —Oye ¿tienes algo de comer por aquí? Muero de hambre. — finalizó el gato n***o, provocando una risa del hada que le guio hasta la cocina.    Los tiempos podrían traer más batallas a sus vidas, pero al menos Réel estaba agradecida de compartir el camino con Mauvais. De entre los guardianes, él era quien siempre encontraba como hacerla seguir.    
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