XV

1710 Palabras
A la mañana siguiente Adara fue la primera en despertar, sonrió viendo al muchacho frente a ella, apegando más su rostro al pecho de este aspiro su aroma, feliz por la buena suerte que la había llevado hasta ese punto.  — ¿Ya has despertado? – susurró a un adormilado Einar, la cara de la joven se coloreo de un rojo muy fuerte al ser atrapada en aquel acto.  —Lo siento, yo – se alejó del castaño poniéndose de pie rápidamente, este tomó asiento en la cama riendo suavemente.  — ¿Por qué te disculpas?  Einar comienzo a estirarse con pereza, meciéndose adormilado sin prestar mucha atención a lo demás.  —Y-yo no...— se había quedado embobada mirando los movimientos del chico.  —Pensé que ya podíamos hablar tranquilamente ¿Prefieres que me transformé de nuevo? — sonrió levantando su mano.  — ¡No! — Se apresuró a decir la chica lanzándose sobre la cama para atrapar la mano donde el otro portaba su artilugio de transformación – prefiero verte así, no es que me desagrades como Black Knight. Pero que tu bello rostro se esconda tras la máscara es…— Adara mordió su labio por lo que casi acababa de decir, no podía creer como su lengua se soltaba tan fácil— Además ¿No deberías transformarte solo cuando hay problemas? — completó rápidamente entrecerrando los ojos acusadora, queriendo dirigir la conversación a otro lado.     Por dentro aún se sentía culpable por rechazarlo cuando era Royal Red, mil dudas la acompañaban sobre sus sentimientos y verlo como Black solo le hacía recordar lo complicado de toda esa situación.  Einar le silenció con un pequeño beso, alejándose entre risas pico la nariz de la joven con el índice, unos golpes en la puerta de su habitación, fueron los responsables de regresarlos a la realidad, haciendo entrar a la chica en total pánico.    — ¡Mis padres! – Chilló con espanto empujando al chico fuera de su cama – debes esconderte, ellos no pueden encontrarte aquí. Preguntaran por donde entraste y que hacíamos con la puerta cerrada – arrastró a Einar hasta las escaleras de emergencia que conducía a la terraza superior. — ¡márchate ahora!  —Adara espera ¡¿Mauvais?!— trató de hablar el más alto al notar que su compañero mágico no estaba con él, pero ya era muy tarde, Adara le cerró la entrada dejándolo ahí fuera sin oportunidad de escape.  Dentro de la habitación, la madre de Adara tocaba la puerta algo preocupada por no obtener respuesta de su hija.  —Adara, ¿te encuentras bien? — decía del otro lado de la puerta.  —Si mamá lo siento – respondió abriendo la puerta – me quede dormida sin percatarme.  —Oh, era eso, tranquila – le dedicó una sonrisa – solo quería pedirte que cuidaras de la tienda un par de horas, ya sabes hoy llega mi autora de novelas favorita a la ciudad y tú padre...  —Claro mamá, bajo enseguida adelántate — respondió cortante, forzando una sonrisa.  Por suerte tan distraída como era su madre, no se percató de nada raro, mientras seguía burbujeando en su mundo perfecto. Tan pronto su madre desapareció ella corrió a la azotea para asegurarse si Einar seguía ahí.  El castaño la miró descansando sobre el barandal, fingió molestia por el abrupto cierre de la puerta en su cara.  —Me dejaste fuera ¿qué tal si alguien me secuestra? – dramatizó.  —Lo siento – rio negando – Pero no creo que nadie venga hasta aquí para hacer eso.  —No estés tan segura, recuerda a esas mujeres del centro comercial, no dudo que alguna escale un edificio por su objetivo. — ambos estallaron en risas al pensar en aquel suceso.  Adara limpio sus lágrimas recomponiéndose lo invito a entrar nuevamente.  —Mis padres saldrán un par de horas, así que podrás bajar, como ya es muy tarde serán pocos clientes hasta la tarde – explicaba mientras entraban a la casa.  — ¿Entonces puedo quedarme? — soltó el castaño siguiéndola.  — ¿Quedarte? — preguntó ella un poco dudosa del significado de aquello.  —Si, solo por un tiempo, mientras mi padre deja de buscarme – suspiró con los recuerdos del día anterior en su mente.    La más baja no pudo contestar, ya que su madre la llamo desde la parte inferior de la casa, indicándole que se retiraban. Einar espero en la habitación, hasta estar seguro que los padres de Adara no regresarían de improviso.  —Paso libre – le susurro a la oji azul, apenas asomando la cabeza como fugitivo en busca de escape.  —Si ya se han marchado – respondió acomodando unas hogazas de pan, en las canastas que mostraban los productos de bakery de la tienda.  — ¿En qué te ayudo? – dijo con cierta emoción colocándose un delantal.  La mirada de Einar no podía evitar pasear por aquel local, parecía salido de otra época era algo así como una pequeña cafetería, aunque no estaba del todo seguro, pues podía ver claramente algunas flores y productos naturales a la venta, además de atrapasueños, acompañados de muchos otros guilindujes curiosos. El ambiente era realmente acogedor, con pintura verde avejentada y muebles de madera antigua, algunas fotografías de viajes colgaban de las paredes, dando un toque interesante, a Einar le recordaba esos lugares que ponían en revistas de temática vintage, a los que en algún momento deseo ir.  — ¿Alguna vez has hecho esto? — interrogó Adara mientras más risas salían de sus labios por ver a Einar Iquelo, el gran pianista hijo de un poderoso magnate, portando aquel simple delantal en su tienda.  —No, pero puedo intentar. — la seguridad del joven exudaba por cada uno de sus poros, no había tarea demasiado difícil para él.    Adara no imaginaba como podría terminar aquello, unas horas más tarde la parte trasera de la tienda donde preparaban alimentos era una zona de desastre. El castaño estaba de pie en medio de aquel desastre completamente cubierto de harina.     —Aún no sé cómo paso esto – afirmó divertida la chica.  —No te rías — exigió con seriedad Einar, sintiéndose un inútil. La chica le había pedido simplemente sacar unos panecillos del horno. Al inicio le pareció fácil, claro que no contaba con que Mauvais apareciese exigiéndole alimentarlo, distrayéndole de tomar la debida protección a la hora de tocar el horno, lo que provocó que al tener contacto con su piel el material caliente le hiciese saltar hacia atrás, tropezando con una estantería de la cual comenzaron a caer varios ingredientes. En un último intento por solucionar aquello, trato de llegar al armario de limpieza, pero algo de lo que estaba en el suelo le hizo resbalar, cayendo sobre unos sacos de harina esparciéndola por el área.  — Lo siento pagare por esto — se detuvo recordando que solo tenía la tarjeta negra de su padre, no podía usarle — en cuanto pueda. — se apresuró a añadir.    —Es una suerte que seas Einar Iquelo  – esas palabras por parte de la joven le hicieron sentir un nudo en su estómago.     Einar se sacó el delantal con la mirada baja caminado al frente de la tienda en silencio.  —Lo siento – susurró la chica abrazándole por detrás.  El joven sonrió tristemente acariciando los brazos de Adara, sin querer dirigirle la mirada llena de melancolía.  —No te preocupes, es solo que ese nombre comienza a molestarme.  —Yo le amo porque es tuyo – le explicó ella sin soltarlo.  —No estés tan segura. — Adara lo soltó desconcertada, camino para quedar de frente al joven buscando una explicación congruente. — Veras mi padre eligió ese nombre por pertenecerle a su abuelo, parece que fue una persona importante para el apellido Iquelo.  —Quizás lo fue, pero ahora es tuyo, Einar eres solo tu– afirmó la más baja depositándole un pequeño beso en sus labios, él le abrazo tomándola por la cintura dispuesto a intensificar el beso.    Pero aquel contacto jamás llego a suceder, de la nada la tierra misma empezó a moverse de una manera agresiva, sacudiendo los cimientos del viejo edificio que conformaba el hogar de Adara.  Afuera los edificios se sacudían amenazando con caer, causando pánico entre los transeúntes. El castaño abrazo a la joven buscando cubrirla con su cuerpo y una mesa cercana, pues los botes de cristal y varios adornos caían de manera contundente alrededor de ellos. Todo se detuvo dejando un frio silencio, las alarmas de los autos sonaban a la lejanía, seguida de algunas sirenas de policías y ambulancias.    —Debo irme – espetó firme el chico. — Seguro necesitaran de Black Knight ¿Estarás bien?  Continuaba Einar sin apartarse de aquel escondite que había creado para Adara.  —Si ve, yo estaré segura aquí — mintió, esperando que él se fuese para poder transformarse en Royal Red.    El héroe n***o salió velozmente, saltando de techo en techo tratando de evaluar lo que sucedía, por suerte nadie quedo herido de gravedad. Al llegar cerca del observatorio de la ciudad se paró observando el cielo, una misteriosa manta negra empezaba a cubrirlo impidiendo totalmente el paso de la luz solar, a pocos minutos de comenzar, se extendía velozmente devorándolo todo. Las luces de la calle encendieron automáticamente como era su programación, quedando como única iluminación ante aquella inmensa oscuridad.  — ¿Tienes idea de que sucede? — le habló la heroína que recién llegaba a la escena.  —Seguramente es el – masculló poniéndose en marcha sin dar explicaciones, la del traje rojo salto tras el siguiendo sus pasos.  — ¡¿Qué sucede?!  ¡Black! — gritaba esperando que este escuchase.  — ¡Lo sabía! — gruñó molesto parando en un edificio cercano a la oficina de su padre, miles de mariposas negras y azules salían de aquel lugar volando al cielo.  —Eso es lo que causa la oscuridad – menciono para sí misma la heroína.  —Oberón debe estar desarrollando su último truco.  —Debemos detenerle ahora, no sabemos que pueda hacer ahora. — la preocupación se dibujaba en el rostro de la chica. Con un último salto ambos entraron a aquel edificio frente a ellos.  
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