Mientras observo cómo Laura cambia su expresión a desconcierto, noto que mi pregunta ha logrado el efecto esperado. La veo luchar, buscando en su mente una respuesta que no llega, y eso solo alimenta mis sospechas. La incomodidad en su rostro me confirma que toqué una fibra sensible. Pero, en lugar de presionarla más, decidió darle una salida. No quiero que se cierre o sienta que la estoy interrogando. Tomo un sorbo de agua, y justo antes de tragar, finjo que me ahogo ligeramente. Laura reacciona al instante, acercándose a mí con una mezcla de preocupación y alivio que no logra disimular del todo. —¿Estás bien? —pregunta mientras me entrega una toalla, su voz suave y, aunque intenta ocultarlo, preocupada. —Sí, solo fue un pequeño susto —respondo, quitándole importancia mientras esbozo u

