Volvemos al departamento. Anna está sentada en la cocina, tomando una taza de café, y Muriel anda solo con los pantalones puestos. Sonrío mientras dejo las llaves en la entrada. —Muriel, aprovecharse de una mujer borracha no se hace… es malo —le digo con tono burlón. Muriel ríe sin culpa. —¡Ella se aprovechó de mí! Le daré piñas coladas más seguido —comenta, guiñándome un ojo. —¡Murieeeel, qué vergüenza! —grita Anna desde la mesa, escondiendo la cara entre las manos. —Súper bien, Annita. Nosotros nos vamos con Azzael —digo mientras agarro mis cosas—. Me llevo el auto. Está todo pagado por tres días, les dejamos la habitación. Pórtense mal… Los queremos. Azzael me ayuda con lo más pesado hasta el auto. Cuando estamos listos, me siento frente al volante, lo miro y le pregunto: —¿Dónde

