Terminamos de ver el espectáculo con el mar lleno de luces y nos vamos a nuestra habitación. Ya no hay solo cortinas: ahora hay ventanas tapadas para pasar la noche. Azzael se recuesta en la hamaca junto a la puerta y extiende los brazos. —Ven, recuéstate conmigo… Mira. Me meto con él en la hamaca. El cielo está tan limpio que puedo ver un sinfín de constelaciones. Es una imagen hermosa. Me apoyo en su pecho, paso mi mano por su abdomen mientras hablamos del universo. —Siempre amaste ver el espacio —susurra—. Peleabas con los líderes porque querías visitar los universos de otros dioses. Pero te decían “no está permitido”. Empieza a formar constelaciones con sus dedos, mientras me las nombra con cuidado y ternura. —Me aprendí cada una de ellas. Para cuando llegaras a la Tierra, poder m

