Ya es de mañana y despierto en mi nuevo departamento, Azzael de pie en la puerta mirándome dormir. Usa solo un pantalón que cae por su cadera, dejando ver su abdomen trabajado. Me mira y me dice: —Buenos días, bella. —Buen día —le respondo—. Tendrás que llevarme a mi departamento, para cambiarme de ropa. Sonríe y me dice: —Hace un rato traje tu ropa, está en el clóset. — Me siento. —¿Dónde? Me apunta una puerta al lado del baño. Me levanto y voy hacia ella. Es una habitación llena de cajones y repisas donde está mi ropa cuidadosamente doblada, y la bolsa de mis compras eróticas en una de ellas. Me río. —¿Tú ordenaste todo esto? —Así es. —Pero te faltó esa bolsa. — Sonríe, levanta una ceja. —Esa bolsa la dejé tal cual porque quiero que seas tú la que me la muestre —mientras me to

