Ya ha terminado nuestro día laboral y nuestros ángeles no llegan así que decidimos tomarnos un café helado frente a la tienda, estamos a punto de cerrar la tienda cuando entra Azzael y Muriel, cada uno besando a su mujer. Azzael me abraza contra él con fuerza. — Hola hermosa— me da un beso apretándome hacia él. — Hola, ¿cómo están? ¿nos devuelven nuestras cédulas? — Si obvio y tomen esto Azzael y Muriel nos pasan una gran cantidad de tarjetas, chequeras y documentos financieros. Con Anna nos miramos desconcertadas —¿qué significa esto? — Hoy fuimos al banco y les abrimos una cuenta, una a cada una, es increíble que un montón de monedas de oro pueden persuadir a los agentes bancarios, ahí tienen tarjetas de crédito, cheques para lo que necesiten, de ahora en adelante no necesitarán

