«—Te lo advierto, Deborah, Jimena no es una mujer sincera. El día menos pensado te hará una jugada sucia. Yo sé que tú eres consciente de ese asunto, pero crees que ella está tan decepcionada de Brian como tú y eso le aplaca las ganas. No creas en ella, no hagas lo que te dice. Escucha mis consejos». Las insistencias de su madre hacían mella en su cerebro como el picoteo de un pájaro. Era amargo tener que recordar lo que tantas veces había ignorado. Se llenó de valor, si acaso eso era posible, y se acercó a la habitación de Allan. —¿Es cierto lo que me dijiste? —preguntó. Él estaba sentado en la cama con los brazos apoyados en las rodillas, alzó el rostro al escuchar la voz de Debby en la puerta. Ella estaba recostada contra el marco, entristecida. Su aspecto lo conmovió. Le confir

