Me incorporo y me tiro en el asiento completamente exhausta, cierro los ojos por largos segundos y cuando vuelvo a abrirlos tengo su mirada observándome desde el retrovisor. Una mirada verde y penetrante. Sonrío. En efecto, tengo un imán para los hombres guapos. -¿Sonríes porque te has librado? ¿O sonríes porque no tienes idea de qué hacer?- me pregunta, arquea una ceja y yo me muerdo el labio. -Ninguna de las dos cosas.- aclaro, coge una botella con agua de no sé dónde y me la pasa. –Muchas gracias, si quieres puedes dejarme en la otra esquina ya veré yo que puedo hacer desde ahí.- le digo sin la menor preocupación. Se queda en silencio. Aunque es un hombre mayor, quizás de la misma edad de mi padre o de Léviathan, es muy atractivo físicamente y aunque lleva un traje creo que no es

