EPÍGRAFE
CAROLL
Las gotas de lluvia remojan mi rostro, ocultando las lágrimas que se resbalan por mis mejillas. Me odio, hay momentos en los que de verdad me detesto como nunca, este es uno de ellos. Rompí mi promesa, juré que él ya no me iba a importar, ¿qué hice? Demostré mi debilidad, no solo ante el padre de Caiden, o el mío, sino, frente a la gente que me rindió pleitesía y a la que tengo que impresionar, ganarme su resto, pero, sobre todo, su miedo. Cometí un error al dejar que mis emociones manejaran mis acciones, presioné el gatillo que le disparó al Boss, ahora todos me verán como un blanco fácil, ahora Marvin creerá que puede tenerme de vuelta, estar a su disposición.
¿Capricho? ¿Seriedad? Sí, puede que sea un poco mimada, una tonta por completo cuando se trata de los sentimientos de los demás, sin embargo, no débil, no, ya no voy a permitir que nadie me pisotee el corazón, mucho menos voy a dejar que me dañen lo que más amo en el mundo, mi hijo.
—¿Te encuentras bien?
No me inmuto, reconozco esa voz, aunque la lluvia bloquee el sonido.
—No debes estar aquí —dice mi padre a mis espaldas.
No volteo, no tengo cara para hacerlo, en su lugar, alzo la mirada en dirección al cielo, dejando que mi rostro se empape más. La barbilla me tiembla, quiero salir corriendo, agarrar a Caiden, escapar de toda esta mierda que sobrevive con sangre inocente y doble moral. Ir a un lugar en donde nadie nos pueda encontrar, al final, sé que eso es imposible, un sueño que nunca podré alcanzar, porque quien se mete con la mafia, no vuelve a salir, más que con los pies por delante.
—Esa es mi línea —susurro sin fuerzas.
Se acerca a mí, colocándose a mi lado.
—No sucedió nada.
Abro los ojos, volteo y lo miro mal.
—¿Cómo me puedes decir eso? —desciendo mi mirada hasta su brazo vendado—. Te disparé, deberías matarme.
—Eres mi sangre, mi carne, jamás podría hacerte algo, todo lo que hago es por tu bien y por el de Caiden.
—Fui débil —trago grueso—. Mostré mi talón de Aquiles. Dejé que todo el mundo viera que actúo sin medir las consecuencias, por impulso, peor aún, pensarán que no soy leal a la Bratva al dispararle sin sentido a su Boss.
Todo me da vueltas, la cabeza me empieza a doler, cada palabra que suelto se siente como cadenas de púas que me desgarran la lengua. Quisiera regresar el tiempo.
—No quiero pensar en que lo sigues amando —su voz es sentencia y un torbellino de emociones me dejan sin aliento.
Frunzo el ceño, desde que lo conozco, nunca se había portado tan amenazante conmigo.
—Es el padre de Caiden —me limito a responder, tomando una bocanada de aire—. No quiero que cuando crezca me odie, por alejarlo o por matarlo. Es todo.
Papá guarda silencio, no puedo evitar pensar en que algo verdaderamente debe andar mal dentro de mí, quise conocerlo porque soy egoísta y me llamó la atención el poder, la riqueza, ahora, siento que tomé la decisión más idiota de mi vida, después de elegir a Marvin como mi primero. Me da miedo. Lo oculto en un lugar donde nadie lo pueda ver. Estoy de mal humor, mi vestido está empapado de agua, en cuanto le disparé a mi padre, salí corriendo como la pequeña cobarde que soy cuando pierdo el control. Ni siquiera me importó Ana y el idiota de Kabil.
—Te apoyaré en todo lo que decidas —su voz es tranquila y aterradora—. Pero quiero que sepas que debes aprender a no salir corriendo, a no arrepentirte de lo que hagas, sea bueno o malo para el resto del mundo. En cuanto a Marvin Rosewell, la única razón por la que sigue respirando bajo mi techo, es por ti y por mi nieto.
Hay alguna trampa detrás de sus palabras, un trasfondo que casi puedo saborear con la punta de la lengua.
—Hay más —lo miro de soslayo al ver que se ha quedado callado—. Estoy segura, habla.
Mi padre no se inmuta, no pestañea, deja que el agua moje todo su rostro. Su presencia es imponente, por eso todo el mundo le teme, por eso es quien es dentro de esta organización, no quiero imaginar qué es lo que tuvo que hacer para tener este puesto.
—Eres inteligente, seré directo, eres mi hija, te amo, te protegeré, me encargaré de limpiar tu camino de enemigos, mi lealtad y cariño incondicional están contigo y con Caiden, quiero que sepas que no voy a permitir que dejes entrar a Marvin Rosewell de nuevo a tu vida, podrá ser el padre de mi nieto, podrás amarlo —dice con ira esta vez—. Pero tienes que recordar cuál es tu lugar en la Bratva, la organización es primero, tu deber como princesa roja, es casarte con el UnderBoss.
Creo que he perdido toda capacidad de respirar.
—Eres mi hija, te respetan por el título con el que naciste, más no te temen porque no representas ningún peligro, tienes que ganarte eso a pulso, y Marvin es un el número que no encaja en la ecuación.
Me quedo callada, no tengo nada que decir porque lo que dice es la verdad.
—Estaré en el despacho, no tardes, tenemos todavía cierto problema que solucionar.
Mi padre se da la vuelta, yo, me quedo bajo la lluvia que va desapareciendo, cierro los puños con las manos.
—¡¿Me puedes explicar qué fue todo eso?!
Serik tira de mi brazo con fuerza y le lanzo una mirada cargada de odio.
—Suéltame —exijo con arrogancia.
—No —ajusta más su agarre.
—Duele, joder —siseo rechinando los dientes—. Apártate.
Ambos nos quedamos viendo con desafío, no afloja y yo no aparto mi dura mirada de él. Ha elegido un mal momento para molestarme, estoy furiosa, confundida y muy, pero muy deprimida.
—¿Quién es ese que llegó? —sus ojos brillan con un sadismo desquiciado.
Mierda, este chico me saca de mis casillas.
—Estoy bastante segura de que ya sabes quién es —añado con desdén—. ¿Por qué no dejas de fingir y te vas a la mierda? No te metas en mis asuntos.
Serik sigue aventándome miradas llenas de amenazas silenciosas que estoy segura, va a cumplir algún día, cuando sea su esposa, pensar en eso me provoca escalofríos.
—Tal vez quiera escucharlo de tu dulce boca —hace un cambio de movimiento, agarra mi mandíbula con una mano—. Eres una pequeña mierdecilla de cuidado.
Sus ojos brillan con una rabia que me hacen retroceder un paso, no me deja, jala y me estrecha contra su cuerpo. No hay nada sexy en esto, no siento nada con su cercanía, por la frialdad en sus ojos, él está en la misma sintonía que yo.
—Marvin Rosewell, el padre de mi hijo —respondo en medio de una mueca de desagrado—. ¿Contento? Ahora quita tus asquerosas manos de mi cuerpo, malnacido.
Serik es uno de los muchos problemas con los que tendré que lidiar, llevarme bien con él nunca pasará, no importa lo que pase, este sujeto entre más lejos, mejor. Me suelta y al instante se inclina hacia delante, susurrando en mi oído:
—Más vale que arregles toda esta mierda, no pienso pasar el ridículo por tu culpa —espeta con firmeza.
Serik se marcha hecho una furia.
«Este idiota ¿quién se cree?»
Miro el cielo nublado una vez más, respiro la poca paz que me darán, antes de entrar y enfrentar mi realidad. Cierro los puños, reuniendo todo el valor que necesitaré, giro sobre mis talones y entro. La tela del vestido mojado se me pega demasiado al cuerpo, aparentando una segunda piel. Un Voyeviki me espera para escoltarme en silencio. Mejor así.
Los latidos de mi corazón se disparan violentos. Me detengo en medio del pasillo, Tyson aparece caminando con una arrogancia que nunca había tenido, su mirada es dura, sus ojos son crueles y su aura en general da miedo, me pregunto qué le habrán hecho en la Bratva para que lo cambiaran de ese modo.
—¿Esto es la tercera intervención? —frunzo el ceño.
—¿Qué quieres decir con eso? —se planta delante de mí—. Vine a escoltarte, soy tu sombra.
—Pues que sombra tan extraña, quiero a mi amigo, no a una especie de Voyeviki robot —lo señalo de arriba, abajo.
Tyson mira por encima de mi hombro, le lanza una amenaza silenciosa al Voyeviki y este se aleja de nosotros.
—¿Quién te puso de mal humor? —su gesto se relaja.
—Todos —me cruzo de brazos—. No entiendo cómo es que Marvin está aquí, fue un error.
—Te ama.
—Creí que era tu misión mantenerlo lejos de mí —enarco una ceja con incredulidad—. No estás haciendo un buen trabajo que digamos.
—El que lo haga, no quiere decir que sea un ciego, no soy nadie para meterme en tus asuntos, no es mi problema, sin embargo, hagamos lo que hagamos, eso nunca borrará el hecho de que él es padre de Caiden.
Me muerdo el labio inferior.
—Ojalá pudiera regresar al pasado y evitar todo.
—¿Te arrepientes?
La imagen de mi bebé aparece en mi mente, sus enormes ojos azules, su barbilla partida, su nariz respingona, y esos hermosos hoyuelos en sus mejillas, mierda, claro que no, él es el mejor regalo que me pudo haber dado el tonto de Marvin, aunque me pese, los dos somos responsables de él, los dos lo hicimos y nos quedó muy mono.
—Eso creí.
Espabilo.
—No he dicho nada —niego.
—No hace falta, tienes una sonrisa boba en el rostro, esa es suficiente respuesta, ahora andando —de dos pasos, acorta la distancia entre ambos, me levanta el mentón y me obliga a mirarlo—. Recuerda quién eres, una futura reina de la Bratva, haz valer tu voz.
Sus palabras son la perfecta inyección que me empuja a sonreír y a asentir.
—Te sigo.
Camino en dirección al despacho de mi padre, con Tyson como mi guardaespaldas, todavía tenemos mucho de qué hablar, sigue habiendo dudas acerca de lo que le pasó, no es el momento. La enorme puerta cerrada me detiene, los hombres armados, cada uno a un costado, se abren paso para que pueda pasar, empujo y al entrar, es mi padre a quien primero veo, sentado frente a su escritorio, con esa mirada que les suele dar a sus enemigos, el asunto es que las personas a quienes ve como si quisiera sacarles los ojos, son mi familia.
Serik; el UnderBoss, está a su lado, con las manos en los bolsillos, mostrando su jodida arrogancia, en verdad lo detesto, juraría que más que a Marvin. Detrás de los dos, a tres metros de distancia, cinco Voyevikis estudian cada uno de mis movimientos, en sus miradas hay la desconfianza de la que le hablaba a mi padre, me lo merezco.
—Caroll —es Ana la primera que rompe el silencio.
Giro a verla, ella está sentada en medio de Kabil y Marvin, se pone de pie y sonrío, quiero abrazarla, apenas, no obstante, apenas doy un paso adelante, cuando el carraspeo de mi padre me detiene en mi lugar. Mi sonrisa se borra, tomo una bocanada de aire y recobro la compostura, debo ser cuidadosa para que no les hagan daño.
—Me alegra que hayan venido… —no sé qué debo decir—. No tenía idea de que…
Mis ojos van dirigidos ahora al padre de Caiden, quien no dice nada, solo se me queda viendo fijo. Me pone nerviosa, me da escalofríos que lo haga.
—Caroll, tu… —Ana me observa con lástima—. Esto… es decir…
Mantengo la calma.
—Como ya se pudieron dar cuenta, sí, soy la hija del Boss de la mafia rusa, también soy la responsable de todo lo que ha estado ocurriendo dentro de la pirámide, he logrado que la organización gane terreno y esté por la delantera de las demás mafias, aumentando la producción de droga en países como Colombia, Argentina, Irak, México, España. Soy yo quien creó un plan para escapar de las garras de Jaxon Knight —confieso con lentitud—. Siento no habérselos contado antes.
Esta vez, me enfoco en Marvin, porque estas últimas palabras, aunque me irriten, van dirigidas a él.
—Tuve que desaparecer de Bermaunt, llevándome a Caiden. Eclipse y Jaxon quieren dañarme, requería de protección.
—¿Y no se te ocurrió acudir a mí?
La piel se me eriza con la voz ronca de Marvin, maldición, de traje se ve demasiado apuesto.
«No, no pienses así, él te rompió e corazón»
Abro la boca para responder, sin embargo, una risa cruel a mis espaldas me sella los labios. Serik.
—¿Tú? —se coloca a mi lado con los brazos cruzados—. No me hagas reír, no eres nadie, ¿cómo protegerías a Caroll y a su hijo? No tienes poder, riqueza, nada, eres basura.
Marvin se pone de pie al instante, se acerca a nosotros y por impulso, me interpongo entre ambos, cuando de soslayo me doy cuenta de que Serik está preparado para enfrentarlo. Coloco las palmas de mis manos sobre su pecho, es la primera vez en mucho tiempo que o toco.
—Detente —susurro—. No lo hagas.
Marvin desvía su atención hacia mí.
—¿Lo defiendes? —gruñe.
—No —entrecierro los ojos.
Su cercanía me descoloca, me pierdo un par de segundos en sus iris, mierda, mierda, miro sus labios y algo nace en mi interior.
—Suficiente —la voz de mi padre me obliga a dejar de tocar al padre de mi hijo.
Me le quedo viendo.
—Creo que tienes algo más que decir —sisea, papá.
—Caroll, termina con esto, volvamos a Bermaunt, pensaremos en algo… —Ana dice incoherencias.
Niego con la cabeza, soltando un suspiro lleno de cansancio.
—No puedo, esta es ahora mi familia, mi vida, además —sonrío con amargura—. Me voy a casar con el UnderBoss.
—¡Eso jamás! —Marvin me toma de los brazos—. Primero muerto.
Me estrecha contra él y los latidos de mi corazón se disparan.
—Bueno, eso se puede arreglar —dice Serik con sarcasmo, chasqueando los dedos.
Enseguida, los Voyevikis de mi padre se mueven y lo apartan de mí por la fuerza.
—¡Caroll, hablemos, esto es solo entre tú y yo! —grita Marvin—. ¡Reacciona!
Me le quedo viendo, parece una bestia atrapada, a punto de ser enjaulada. El problema es que los Voyevikis son más. Siento la presencia de Serik a mis espaldas, rodeando mi cintura por detrás, me da asco.
—Lo siento, pero creo que necesitas una lección, alguien que te pueda hacer entender que ella es mía —me susurra al oído, sin dejar de ver a Marvin, depositando un suave beso en la curvatura de mis labios—. Llévenselo.
Marvin se retuerce como si pudiera detenerlos.
—¡Caroll! —exclama con rabia, el padre de mi hijo.
No puedo moverme, todo pasa demasiado rápido.
—¡Caroll, detén esto! —exclama Ana, yendo hacia mí, zarandeando mi cuerpo para que vuelva en sí.
Sacan a Marvin del despacho, miro a mi padre y recuerdo sus palabras.
“Eres mi hija, te respetan por el título con el que naciste, más no te temen porque no representas ningún peligro, tienes que ganarte eso a pulso, y Marvin es el número que no encaja en la ecuación”
Tenso el cuerpo, cierro los ojos un par de segundos, mi padre tiene razón, si quiero ganar, debo mostrar mi poder y el alcance de mi lealtad hacia la Bratva, por lo que tomo mi decisión, volteo a ver a mi prima y a Kabil.
—Es mejor que se vayan —me alejo de Ana y me doy la vuelta.
—¡Caroll, pon un alto a esta locura, Caroll!
Quisiera que las cosas fueran diferentes, pero no puede ser, apago sus voces, salgo del despacho ignorando todo, deteniendo a los Voyevikis que arrastran al padre de Caiden, cada uno de ellos me mira con desconfianza, sin embargo, obedecen.
—Caroll —Marvin rechina los dientes.
Me acerco, estando frente a frente.
—Te lo dije antes, no debiste haber jugado con mis sentimientos, no debiste haberme roto el corazón —le susurro al oído— No debiste venir, ahora atente a las consecuencias.
Retrocedo.
—Llévenselo a las mazmorras.
Y con esto, observo cómo alejan a Marvin hasta que desaparece dentro de mi campo de visión. Es tiempo de que mueva las piezas en el tablero, aunque el alma se me esté desgarrando, aunque quiera correr a sus brazos y besarlo.