Fabrizzio en Roma se topó con una Florence a la defensiva, enojada con las circunstancias y desquitándose con todo lo que tenía en frente. —¿Entonces nuestro matrimonio ya no es válido? ¿Tengo años viviendo contigo en el pecado? —Florence, no lo veas así, son las circunstancias. Tú eres mi esposa y los temas legales de una u otra manera se van a solucionar. —¿Qué le voy a decir a mis amigas? —Nada, no tienes que decir nada. Nuestros asuntos familiares son asuntos nuestros. —Pero esa mujer se hizo viral en internet. Seré la comidilla de todas, estoy arruinada… Fabrizzio estaba totalmente descolocado, su esposa, su cómplice, la mujer que amaba y de la cual esperaba tener apoyo incondicional estaba actuando de forma irracional. Para los abogados no había imposibles, todo se podía so

