ELLA ES TU MADRE

922 Palabras
Edward estuvo casi todo el día encerrado en su habitación. Sospechaba que Roger estaba evitando que conviviéramos con él y le pedía Jack que lo mantuvieran vigilado. Roger era un tipo grande y fortachón con mirada dominante. El papel de hombre rudo le quedaba bien. Cuando llegó mamá, papá le pidió a Jack que fuera a buscar a mi hermano, pues el momento más emotivo de aquel encuentro estaba por llegar. Edward bajó con LOs ojos llorosos, se notaba que trataba de contenerse. Él pensó que su madre era Josephine y mi padre lo había abandonado, pero ahora sabía la verdad Josephine lo había robado de los brazos de su madre y le había quitado a su familia. —¿Edward? — Dijo mamá mientras este caminaba cauteloso, como temiendo que mi madre fuera el enemigo. Pero mamá se quedó ahí, inmóvil, viendo a su hijo confundido, pensando como actuar, hasta que por fin el dijo: —¿Mamá? Mi madre asintió con la cabeza y abrió los brazos esperando a que Edward se acercara a abrazarla, pero éste no se movía. —Edward, ella es Elena, tu madre biológica… — dijo papá. Todos estábamos esperando a que las cosas se dieran rápido, pero Edward estaba luchando con sus sentimientos. Le habían arrebatado a su familia y ahora de nuevo le habían quitado todo lo que él creía que era. No era un Morgan, era un Capetillo. Sus piernas flaquearon, y se tiró al suelo llorando, inconsolable, como un niño perdido en un bosque. Y seguro todo eso pasaba por la mente de Edward, muchas emociones juntas en tan poco tiempo. Mi madre se hincó a su lado y lo abrazó, se fundieron en un lazo materno, donde el pequeño se dejó consolar por su madre. Fabrizzio y Romina contemplaban la escena junto a mi y mi padre. —¿Pueden dejarme a solas con mis hijos por favor? — Dijo mamá, y todos salieron, dejándonos a nosotros tres, sentados en la alfombra de aquel lugar, abrazados, mi madre repartiendo el cariño que contuvo tantos años en su búsqueda. MIENTRAS TANTO A MILES DE KILÓMETROS… Josephine estaba furiosa, rompió todo lo que se encontró en su camino cuando Roger le dijo que Romina y Elena habían vuelto. —¡Mátalos a todos! — le dijo. —No puedo hacer eso señora Morgan, soy un guardaespaldas, no un asesino. Me contrató para cuidar de Edward de quien quisiera hacerle daño. —¡Te pago para que me obedezcas Roger Moscatti! No estoy pidiendo consejo u opinión, que se aparecieran las idiotas de Elena y Romina no estaban en el plan. Quiero que mates a Fabrizzio, a Abelardo, a Elena y a Romina. — Sería muy sospechoso, ya la tienen en la mira y pronto comenzarán a salir sus delitos a la luz. — Me importa un comino que me tengan en la mira. Josephine estaba desahuciada, su único fin era verlos caer antes de morir, ella no tenía nada que perder. Mientras Roger, entre la espada y la pared como los últimos quince años de su vida, no sabía como proceder por primera vez. Su misión era mantener a salvo a Edward, fue su guardaespaldas y más que eso. Para Edward, Roger era como un padre o un hermano mayor, además de su madre, era la única persona en quien confiaba, pero Edward ahora no sabía si debía confiar en él, Roger era empleado de los Morgan desde que él tiene memoria. Aquella noche, Edward estuvo hablando con Elena y Julieta por horas, pasaron por todos los estados de ánimo, Abelardo los observaba desde su sofá y se marchó a dormir temprano, su salud no le permitía más. Al entrar a su habitación, Roger, se acercó a él, Jack, que lo acompañaba, se puso a la defensiva. —Señor Abelardo, necesito hablar con usted de algo importante. —Jack es de toda mi confianza, puedes hablar. Roger estaba confundido, si hablaba de más también podría ir a prisión, pero su lealtad a Edward, era mucho más fuerte. —La señora Morgan es malvada y en estos momentos está fuera de sí, ha perdido la poca razón que le quedaba con la aparición de su esposa y la señora Romina. Yo desconozco parte de su pasado, pero conozco a Edward desde pequeño y le tengo un aprecio especial, me dolería mucho verlo sufrir más desgracias, pero estoy entre la espada y la pared. Por primera vez en muchos años, no sé como proceder, estoy solo, cumpliendo con mi deber pero temo por mi vida, la de Edward y la de todos ustedes. —¿Qué quieres decir? —La señora Morgan me ha pedido que los asesine. Pero una cosa es matar a alguien por defender a mi protegido, que ser asesino a sueldo. Abelardo observó a Jack y éste asintió con complicidad. —Nos iremos pronto de aquí. — Dijo Abelardo — Mañana discutimos tu futuro. A unos pasos de ahí, en otra alcoba, Romeo contemplaba a su madre dormir, aunque todo indicaba que estaba bien de salud, tantos años de encierro le habían afectado. Se había vuelto una mujer ansiosa, nerviosa y algo psicótica. Romeo pensaba en lo que habían cambiado sus vidas de un momento a otro. Llamó a su padre, quien ya estaba en Roma con Florence y esta comenzaba a comportarse paranóica. No le gustaba que Romina estuviese viva, ella era la señora Monterrubio y nadie iba a despojarla de aquel título que se había buscado con tanto esfuerzo.
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