QUINCE AÑOS EN LA SOMBRA

883 Palabras
“Elena y Romina” Estábamos en un yate felices, Fabrizzio, Romina, Abelardo y yo. Teníamos muchos años conviviendo, era una amistad leal y de negocios. Fabrizzio estuvo enamorado de mi en la universidad, me insistió mucho, pero yo fui una heredera joven y mi hermano Germán había decidido dedicar su vida a otra cosa, por lo que los negocios textiles de la familia le importaban poco. A pesar de todo, fue un gran hermano, siempre estuvo conmigo en los momentos buenos y en los no tan buenos. No estaba interesada en una relación afectuosa con Fabrizzio, porque él era bastante inestable, salía con varias chicas a la vez y yo no estaba como para tener un romance fugaz, prefería dedicar mi tiempo a la empresa y los negocios. Abelardo era el mejor amigo de Fabrizzio desde el internado en el que estudiaron juntos, por lo que Fabrizzio conocía a Josephine Morgan, la novia eterna de Abelardo. Yo nunca la conocí, solo supe que rompieron cuando nuestros padres decidieron casarnos, yo siempre estuve resignada a ello, no tenía intención de casarme nunca, pero si de dedicar mi vida al negocio de la familia, algo apasionante para mi, sin embargo, nuestros padres tenían otros planes. “Así se manejan los negocios, y da gracias a Dios que te casas con un hombre guapo y gentil, porque en otras circunstancias podrían haberte comprometido con un viejo decrépito”, dijo una de mis tías amargadas, quien nunca se casó y hubiera preferido que la casaran a haberse quedado sola y su docena de gatos. Abelardo y yo terminamos siendo amigos antes de nuestro enlace y ya casado decidimos intentarlo de verdad. Trabajábamos juntos, hacíamos un gran equipo y cuando nació nuestra hija Julieta, decidimos que seguiríamos juntos. Las cosas como son, nos enamoramos y Josephine no había dejado de buscar a Abelardo. Los Morgan eran una familia poderosa, dueños del imperio de diamantes, pero su padre tenía fama de trepador, alcanzar sus metas sin mirar a quien se llevaba en el camino era su forma de crecer como empresario. Hizo lo que quiso en el medio, hasta convertirse en el más grande y competitivo mercader de diamantes y otras mercancías de dudosa procedencia. Aquella tarde en el yate, solo recuerdo que estábamos en el comedor, ellos bebían vino, y yo por mi embarazo un té helado. Lo último que recuerdo es que Abelardo me susurró al oído que me amaba y desperté en un cuarto de hospital. Josephine Morgan me tuvo encerrada hasta nacer el bebé, luego me llevaron a aquella casa perdida en no sé que lugar. Josef, uno de los custodios, me trataba bien, me daba consejos y me decía como comportarme para salir bien librada. Nunca pensé que la bruja incendiaría la cabaña con nosotros dos adentro. Se llevó a mi bebé, solo lo dejó conmigo un tiempo para amamantarlo. Josef me salvó la vida, y luego yo la de él. ¿Por qué no volví? Ya no lo sé. Primero estuve inconsciente. Luego, Josef nos mantuvo escondidos para no levantar sospechas, pues Morgan se había enterado de que estábamos vivos. Cuando parecía que estábamos fuera de peligro, ella desapareció con mi hijo, el único enlace que teníamos para saber de ella era Ben Amir, pero lo habían detenido en una redada de tráfico de armas. Josef intentó contactar a Abelardo, pero yo no lo dejé. Lo vi en el periódico con otra mujer y supe que a nuestra hija la envió a un internado en Inglaterra. Ella estaba bien, pero de nada serviría tener a su madre en el estado emocional en el que me encontraba. Era mejor así. Yo solo quería encontrar a mi bebé y perdí el sentido de las cosas. Josef me cuidó, a veces pienso que está enamorado de mí, pero yo me encerré en mi tristeza. Josef no tenía porqué cargar conmigo, pero lo hizo. Me prometió ayudarme y aquí sigue, a mi lado. Ve por mí, me ha enseñado artes marciales, de espionaje y otras ole ayudo en el negocio, hay días que la pasamos bien, pero mi corazón sigue dolido. Hace unos días, apareció una videoconferencia en todo el mundo, Edward Morgan, de 16 años, decía que era el hijo ilegítimo de Abelardo Capetillo. Ese joven, era mi hijo. La bruja que me lo quitó se hizo pasar por su madre y ese detalle despertó en mi los instintos más salvajes. Ella tenía años planeando una venganza absurda, por despecho. Pero a mí me había quitado todo, mis hijos, mi esposo, mi familia, mi vida. No me importaba morir en el intento, pero si podía entorpecer todos sus planes, lo haría. —¿Estás lista? —Lista… —Josef y yo conseguimos identidades falsas, nuestro siguiente movimiento, era rescatar a mi amiga Romina del hospital psiquiátrico donde la mantenían sedada, Josef había conseguido un plan de fuga con un par de cómplices que trabajaban de enfermeros. Conseguir su expediente y pruebas de todas las fechorías de Morgan y el psiquiatra fueron pan comido. —Elena, si algo sale mal, quiero que sepas que puedes quedarte con todos mis contactos y recursos para seguir adelante. —Josef, has sido un amigo fiel y leal, te debo todo. Gracias por cuidarme. Ahora es momento de actuar.
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