AMOR ES AMOR

915 Palabras
Amanecí en los brazos de Romeo, mi Romeo, ya sé, es cursi y un cliché absoluto que yo me llame Julieta, nunca pensé que fuera a terminar con un Romeo. Pero el destino es impredecible y al parecer nuestros padres se esmeraron en que así fuera. Hace unos meses estaba sola, ahora había recuperado a mi papá, estaba casada con el amor de mi vida (confieso que siempre me gustó Romeo) y ahora iba a recuperar a mi hermano. Circunstancias muy extrañas pero esperaba que esta sorpresa a pesar de tantos malos ratos dieran un vuelco agradable en nuestras vidas y Romeo estaba en la parte bonita de los acontecimientos. Después de un día tranquilos romanceando por aquí y por allá, Constantino nos llamó a su despacho. Vi a mi amiga parada junto a su esposo observando atentamente el monitor. Otra conferencia en vivo peculiar, una mujer llamada Elena dando un testimonio terrible. Acusaba a Josephine Morgan de haberla secuestrado junto a su amiga Romina, quien se encontraba sentada junto a ella. Declaraba que esa mujer las mantuvo encerradas, pero las separó desde el principio. “Josephine Morgan me mantuvo encerrada en un cuarto de hospital hasta que di a luz a mi hijo y nos llevó a una casa de seguridad, donde me mantuvo encerrada aproximadamente un mes, para que alimentara a mi hijo. A los treinta días, me lo quitó y no conforme con eso, prendió fuego a la cabaña, pude escapar junto con el hombre que me salvó la vida, mientras a mi amiga Romina la tuvo internada en un hospital mental. Yo estuve buscando a mi hijo por años, no volví antes porque no encontraba consuelo de ninguna manera, solo deseaba encontrarme a Josephine Morgan de nuevo y recuperar a mi hijo y Dios ha escuchado mis plegarias, la espera ha valido la pena, ahora podré recuperar a mis hijos y morir tranquila, porque el dolor que ha ocasionado ésta pérdida no se cura con nada, ni perdonando a mi peor enemiga. Ella nunca estuvo embarazada de mi marido, ella sólo buscaba hacernos daño porque Abelardo se casó conmigo y no con ella. No tengo nada, mas que a la familia que me ha acogido durante estos años, le pido perdón a mi hija Julieta por el abandono, pero ella tenía a su abuela y a su padre, su hermano no tenía a nadie y yo debía encontrarlo. Sé que muchos me juzgarán, sé que tal vez no actué como una madre normal, no lo sé, pero ahora, sé que mi hijo está vivo y mi amiga también, y volveremos a nuestro lugar a recuperar a nuestras familias. Julieta, Romeo y Edward, pronto estaremos con ustedes.” Romeo estaba estupefacto al igual que yo. Nuestras madres estaban vivas, mi madre se veía más grande, se veía bien físicamente, con signos inevitables de la edad, no era la mujer que recordaba, siempre con su atuendo de mujer ejecutiva y al último grito de la moda. Vestía una camisa blanca común y un pantalón azul marino, la madre de Romeo se veía aún más descuidada, pero estaban vivas, en ese instante no pude guardarle rencor a mi madre por su decisión, yo me sentí fatal al perder a mi bebé y apenas tenía unos meses de embarazo, mi madre ya sabía lo que era tener un hija y vio nacer a su hijo, lo tuvo con ella y se lo arrebataron. —¡Debemos ir por ellas! — Grité. Constantino se levantó algo aturdido y llamó a su jefe de seguridad para ponernos en contacto con mi padre y con Fabrizzio. Romina y Elena estaban vivas, y eran la prueba que faltaba para armar aquel rompecabezas que durante años estuvo a medias. Mi padre estaba aturdido y nervioso. El tío Fabrizzio no sabía que hacer, él ya había dado por muerta a su mujer. Pero en el fondo, yo sabía que a pesar de los problemas que se le venían encima, el haber resuelto este misterio daría un vuelco a su vida y todo se podría resolver. —Debemos encontrar a Josephine… — Dijo mi padre. Romeo y Constantino estuvieron encerrados en el despacho un buen rato, les dejé tomar las decisiones a ellos, pues yo seguía nerviosa, mi mamá estaba viva, sólo deseaba verla y abrazarla, aquel abrazo que tanto añoré. La amo con todo mi ser a pesar de su abandono, que ahora puedo comprender. La abuela Cristina, mi abuela adoptiva nos llamó. Éramos nota mundial. Elena y Romina estaban vivas y los Morgan parecían ser los responsables de su desaparición. Quince años de incertidumbre. Al día siguiente, en un vuelo privado, viajamos a Houston con total y absoluta discreción. Nos quedamos en una casa retirada de la ciudad, ahí estaba mi papá. Aquella tarde lloramos juntos, y no solo eso, ahí estaba Edward, mi hermano. —¿Julieta? —Si hermano, soy yo. — Dije sonriendo. Nos dimos un fuerte abrazo. Comenzó a llorar, no podía imaginar el torrente de emociones, había crecido en una mentira y quien sabe cuántas falsas historias. Romeo me dijo: “El creció con ella y la ama como si fuera su madre, debes ser cautelosa…”, pero era mi hermanito, al que creí que había perdido junto a mi madre. Mi papá, sin palabras, lo vi llorar de nuevo. “Yo no te abandoné hijo mío, nunca hemos dejado de buscarlos”… Edward estaba en shock, pues no era una situación fácil.
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