Ruth subió a su habitación, sabía que pagaría peor lo que acababa de hacerle a Alarick, pero ella lo que quería es que a él no le sucediera nada malo, pues ella le tenía un gran aprecio y agradecimiento por haberla salvado aquella noche que se encontraba al borde de la muerte entre medio de basuras. Aun recordaba las palabras que él le había dicho aquella noche "Si quieres seguir viva necesitaras de mi ayuda" esas palabras no dejaron de resonar en la cabeza de Ruth por mucho tiempo, a tal punto de que ella se hizo su sirvienta de confianza y más leal a él.
― ¡Ruth! ¡Ruth! Abre la puerta tienes invitados que te buscan ―golpeó Alarick la puerta desesperadamente para que ella le abriera.
―Disculpe la tardanza estaba tomando una ducha ―respondió Ruth abriendo la puerta.
Ruth era una mujer de cabello corto, liso, sus ojos color azul marino, su piel blanca, delicada y muy suave, había conquistado el corazón de muchos hombres en el pasado antes de que Alarick la rescatara de aquel lugar, en algún momento conquistó el corazón de Alarick o quizás aun lo hacía, pero Alarick era una persona cruel y despiadada con todo aquel que interfiriera en su camino, muchas personas lo habían retado, pero ninguna había salido con vida.
―Está bien Ruth pero que sea la última vez, ahora déjame entrar y cierra la puerta con llaves ―añadió Alarick.
―Pero…Pero ¿y los invitados? Se molestarán si no llego a tiempo con ellos ―susurró Ruth.
―No hay tales invitados, todo era una mentira para que me abrieras la puerta, no debí de tratarte así, muéstrame tu mejilla ―extendió su mano hacia el rostro de Alarick.
―No señor, esto me lo merecía por haber hablado cuando usted no me lo autorizó ―apartó su rostro de la mano de Alarick.
―Vamos Ruth deja de decir estupideces, no debí de haberte golpeado, pero no sé qué es lo que me sucede últimamente, si te pedí que cerrarás con llaves es porque no quiero que nadie nos interrumpa, eres la única que ha estado conmigo siempre y no te he tratado bien, ya no recuerdo el nombre de mis padres, no recuerdo sus rostros con exactitud, mucho menos recuerdo el rostro de aquella persona que quería tanto, solo recuerdo que se llamaba Arday ―abrazó el cuerpo desnudo de Ruth, mientras unos sollozos se escuchaban.
―Alarick, has olvidado, quién eras y de dónde vienes, todo esto te ha consumido, no sabes si quieres a alguien o si te quieres a ti, quisiera ayudarte, pero no sé cómo, jamás me contaste de tu infancia o tu procedencia, cuando me encontraste ya eras parte de todo esto, eras dueño de tu propio imperio ―susurró Ruth al oído.
―Solo te pido que me dejes quedarme esta noche contigo Ruth, no te pido que me perdones por lo que te hice ya que no es la primera vez que te golpeo, pero no entiendo cómo es que aún tus ojos brillan de esa manera para mí ―habló Alarick.
―No lo sé, ahora durmamos, por favor, estoy muy cansada y quiero descansar ―respondió Ruth.
Ruth acariciaba el cabello de Alarick mientras él lloraba en sus piernas maldiciéndose una y mil veces, por no recordar nada, por no recordar a sus seres queridos y tratar mal a la única persona que lo ha amado.
En cambio, Agatha no la estaba pasando del todo bien, trataba de manejar lo mejor posible ambas empresas, pero le resultaba imposible, las empresas se mantenían gracias a la ayuda de su chofer, que entendía un poco mejor de esas cosas, pero no lo suficiente, las acciones iban cuesta abajo, la mayoría de los empleados se habían marchado a otra empresa.
―Mateo ¿Cuál es la manera para que seamos invitados por el ogro ese? ―preguntó Agatha.
―Lamento decirle que no la hay, Brigdoyoon no suele invitar a nadie a su casa, por eso nos sacaron de esa manera, en todos los años que tengo de escuchar las noticias de Brigdoyoon, no he escuchado que invite a alguien ―respondió Mateo.
―Mateo, creo que no me quedara nada más que acceder a casarme con el idiota de Amadeus, para así no quedar en la calle ―suspiró Agatha mientras veía a través de la ventana.
―No se dé por vencida tan fácilmente señorita, encontraremos una solución a esto, es más si tengo que ir de nuevo a esa casa y arrodillarme frente al gran portón lo haré con tal de tener una conversación con él ―habló Mateo decidido a hacerlo.
―No es necesario señor Mateo, iré hoy a la universidad a mi último día de clases para darme de baja y dar todo mi tiempo en ambas empresas ―respondió Agatha, tomando su bolso donde tenía sus útiles escolares.
―Está bien señorita, la llevaré a la universidad, ahora vámonos para que no se haga más tarde ―dijo Mateo.
Camino a la universidad Agatha iba pensando en todo lo que dejaría atrás, sus amistades, profesores y demás personas que le importaban a ella, pero últimamente se había dado cuenta que esas personas solo le importaban a ella, ya que él día que sus padres fallecieron, ninguno fue a acompañarle.
―Señorita Agatha, hemos llegado ―habló Mateo sacándola de sus pensamientos.
―Gracias señor Mateo, lo esperaré a la hora de salida ―respondió con una sonrisa forzada.
~Brigdoyoon.
Aún seguía en su bañera disfrutando del agua, luego de venirse pensando en el cuerpo de Arday, aun no entendía como ella lo había atrapado tanto en esa noche que había pasado junto a Arday, pero estaba feliz de que fuera ella y no alguien más, una llamada inesperada lo sacó de aquellos pensamientos y también de la bañera, se tapó la cintura con la toalla, tomó la otra toalla y seco con suma delicadeza su cabello, tomó el celular que estaba en una pequeña mesa junto a su cama y le sorprendió al ver de quién se trataba, además que había pasado varios meses y no tenía respuesta alguna.
― ¡Juan, que bueno escucharte! Ha pasado muchos meses desde la vez que fui a verte a la universidad ―contestó el celular con una sonrisa.
―A mí también me alegra escucharte mi buen amigo, si te hablo es porque ya tengo noticias de los documentos que me distes y son un poco delicadas, así que necesito verte hoy mismo ¿puedes venir a la universidad? ―preguntó Juan esperando una respuesta positiva.
Brigdoyoon al escuchar lo que su amigo Juan le había dicho subió al coche sin decirle nada a Morsen de su salida, se dirigió hacia la que había sido su universidad, salió de su casa sin responder la pregunta de su amigo, pero tenía ansias de saber qué era lo que él había averiguado, solo esperaba que fuera el paradero de las personas que mataron a sus padres, aunque aquello le daba un poco de miedo ya que no sabía cuál sería su reacción ante aquella noticia.
―Juan he venido lo más pronto posible ―dijo Brigdoyoon entrando al aula de clases.
―Disculpe joven ¿en qué puedo ayudarle? ―preguntó la maestra de aquel salón.
―Lo siento maestra me he equivocado de salón ―respondió al ver que estaba en la sección A-2 y no en la B-2 dónde se encontraría con Juan.
Cerró la puerta del aula de clases y caminó hacia la otra sección, pero en su camino hacia ver a su amigo fue interrumpido por una voz femenina.
― ¡Ey detente por favor! Necesito saber ¿quién eres? ―gritó aquella chica que salió de la sección en la que había estado Weinzettel.