Agatha juntó a su chofer Mateo se retiraron de la casa de Brigdoyoon, Agatha durante todo el viaje de regreso a su casa, se sintió muy mal por la manera en que aquel sirviente la había tratado, jamás la habían tratado de una manera que la hiciera sentir tan mal y mucho menos un completo desconocido a como lo era Morsen, al igual que Agatha, Mateo se sentía mal por no haber podido hacer mucho frente a Morsen, no sabía cómo actuar ante aquel hombre petulante y engreído que estuvo frente a ellos. Todo el viaje ninguno de ellos mencionó una sola palabra de lo sucedido, pues aquel suceso los incomodaba tanto a ambos, pero Mateo no se daría por vencido hasta hablarte el mismo con Brigdoyoon. En la mente de Agatha había un pensamiento, que, si el mayordomo era así, no quería saber cómo sería Brigdoyoon. Al llegar a la casa, Agatha abrió las puertas y corrió hacía su habitación, Max, Rex y Lulú iban detrás de ella, al entrar a su habitación Agatha aventó la puerta con tal fuerza que los perros quedaron perplejos, segundo más tardes salieron corriendo de manera aterrorizada hacía el patio, todas las ventanas rechinaron ante aquel fuerte golpe de la puerta. Mateo miró desde la casa de huéspedes a Agatha tapar las ventanas y negó con la cabeza al ver la actitud de Agatha, él sabía que ella estaba haciendo un gran esfuerzo por cambiar su manera de ser, pero le era imposible.
Mientras tanto Weinzettel había regresado a casa, una sonrisa se pintaba en el bello rostro de Weinzettel.
―Amo Brigdoyoon que bien que regresa, no sabe lo preocupado que estaba por usted al no saber nada ―expresó Morsen.
―Vamos Morsen, ni que he haya marchado una eternidad, pero que bueno que hayas venido a mi encuentro, se podría saber ¿de quién era el auto que iba saliendo de mi mansión? ―preguntó Weinzettel extrañado.
―No era nadie importante joven, no debe de preocuparse por eso confíe en mí ―comentó Morsen.
― Me estás diciendo ¿Qué confíe en ti Morsen? Como mierda quieres que lo haga después de que hayas corrido a Arday de esta mansión si mi autorización pasando sobre mis ordenes como cualquier cosa ¿Cómo puedes ser tan descarado en pedirme tal cosa luego de que hicieras eso? Ah y será bueno que vayas buscando como decirme quién era esa persona que salía de aquí antes que alguien más lo haga, ahora puedes largarte de mí vista ―remarcó Weinzettel furioso.
―Está bien amo como usted diga ―respondió Morsen marchándose de ahí.
―Ah Morsen antes que lo olvide prepara la habitación de Arday, déjala lo más reluciente y olorosa que puedas, talvez para eso seas bueno ―gritó Brigdoyoon.
Morsen no podía creer lo que Brigdoyoon le decía, esperaba que aquello hubiera sido una broma de mal gusto haciendo caso omiso a lo que Brigdoyoon le había gritado, así que caminó hacía su habitación a tomar tranquilamente sin el bullicio de nadie una taza de té n***o, al terminar de tomarse aquella taza se quedó profundamente dormido. Brigdoyoon al igual que Morsen subió a su habitación a tomar una ducha, le pidió a Letty que la preparará, Brigdoyoon aun no dejaba de pensar en todo lo que los padres de Arday le habían contado de ella, no se esperaba verla tener un ataque como ese, le había preocupado mucho la manera en que ella se despertó, él aun no entendía la manera en que se había apegado tanto a Arday, después de todo ella era su más vieja amiga que tenía y creía que empezaba a enamorarse de ella.
―Joven Brigdoyoon la bañera está lista, con las esencias que usted me pidió ―comentó Letty sacándolo de sus pensamientos.
― ¡Ah! Gracias Letty ―respondió caminando hacia la bañera… Recuerda cerrar la puerta al salir ―añadió.
―Entendido joven ―respondió Letty.
Al momento en que Brigdoyoon entró a la bañera el agua estaba un poco tibia, no a como solía gustarle, las esencias se habían combinado con los olores de las velas aromáticas que no sabía por qué razones Letty había puesto velas aromáticas cuando claramente le indico que eso no le gustaba y peor si tenían olor a rosas, el olor de las rosas para Weinzettel significaba algo estúpido ya que no tenían un aroma agradable, si no un aroma que no sabía cómo explicarlo, no le quedo más que seguir en la bañera debido a lo cansado que se sentía, cerró sus ojos por unos momentos y miró la imagen de Arday, en aquella ropa de dormir que lo traía tan mal, el recordar la cintura de Arday, los senos repintados a través de aquella camisola y el trasero redondo y un poco grande de Arday hacia que todo su cuerpo la deseara, pero no la deseaba para solo una noche, si no para más que eso, no podía contener su deseo por Arday a tal punto que su m*****o estaba duro, sintiéndose un poco avergonzado, pero no le quedaba más que masturbarse para calmar su deseo por su bella Arday.
Arday estaba muy emocionada por lo que regresaría a trabajar a aquel lugar que la vio crecer, aunque se sentía un poco extraña y con vergüenza debido a la manera en que Morsen la había echado, jamás pasó por su mente que Weinzettel iría personalmente hasta su casa en busca de ella, aquel acto hizo que el corazón de Arday se llenara de alegría y lo quisiera un poco más tenía dos días para alistar todo y regresar a casa, lo bueno de todo eso es que había hablado con Weinzettel y él había aceptado la condición de Arday de salir una vez al mes por dos o tres días para visitar a sus padres, pero lo que ella no se esperó en ese momento es que Weinzettel se ofreciera para ir con ella a su visita, aun mas, después de que sus padres quedaron encantados con Weinzettel.
―Hija me alegra que tu jefe te del permiso de venir a visitarnos y antes que te vayas queremos pedirte perdón por todo lo que te dijimos en el pasado sé que no hemos sido los mejores padres pero créenos que estamos orgullosos de la bella hija y mujer en la que te has convertido has crecido tan rápido y no pudimos estar contigo, ¡por favor perdónanos! ―exclamaron los padres de Arday al saber que ella se volvería a ir después de pasar cinco meses con ellos.
―No tengo nada que perdonarles padre, gracias a ustedes y la decisión que tomaron me he convertido en la mujer que soy ahora y eso me enorgullece, me enorgullece el hecho de ser su hija ―respondió Arday con una gran sonrisa en su rostro.
Mientras Arday aprovechaba a pasar sus últimos dos días con sus padres, en la ciudad de Merlín había un caos absoluto y las personas estaban llenas de miedo y pánico por las noticias que acontecían últimamente.
―Alarick, debemos de hacer algo, no podemos seguir así Merlín esta echa un caos por nuestra culpa, debemos de marcharnos de aquí lo más pronto posible ―susurró Ruth al oído de su amo.
―Basta de decir estupideces Ruth, no te he dado la autorización de hablar, por lo tanto, no puedes hacerlo ―gritó Alarick propinándole una bofetada.
―Lo siento señor no volveré a hablar sin su permiso ―añadió Ruth saliendo de ahí.