Capítulo 18

2422 Palabras
El ruido de la pistola retumbó en los tímpanos de la niña por unos segundos. Madison abrió ligeramente los ojos cuando observó que la bala había impactado en el costado derecho de Robert, casi a la altura de su abdomen. No sabía en qué momento se había movido para que la bala le diera en esa parte, pero la niña ni siquiera estaba apuntando ahí, sólo quería asustarlo para que soltara a Barry. Sí, Robert no estaba ahorcando al velocista, -es más poco a poco el castaño estaba llenando sus pulmones de aire- pero, ahora, había mucha sangre. El lugar se quedó en silencio, su progenitor cayendo de espaldas y agarrando la herida que su hija biológica le había ocasionado. La niña estaba en estado de shock, observando la desastrosa escena. "¿Qué he hecho?", pensó al ver que el piso debajo de Robert comenzaba a llenarse aún más de sangre. —Maldita niña —escuchó el susurro del hombre para luego ver cómo cerraba sus ojos y dejaba de moverse. "¿Lo maté?", aquel pensamiento la sacó de ese estado de conmoción, aunque no completamente. La niña dejó caer la pistola y corrió hacia donde estaba el hombre. De inmediato se arrodilló al costado de su ensangrentado progenitor, no dándose cuenta de que su pantalón se manchaba de aquel líquido rojizo. —No, no, no —expresó con desesperación. En un intento de que dejara de sangrar, colocó sus pequeñas manos sobre la herida. Sus lágrimas le nublaban la visión mientras el miedo, el remordimiento y la preocupación invadían su sistema. »!Barry! —llamó con urgencia. Al ojiverde le tomó tres segundos reaccionar e idear un improvisado plan. Esto no se suponía que debía de suceder. —Lo maté. Lo maté —Madi repitió hecha un desastre, pasando su manchada mano por su rostro para secar sus lágrimas y así poder enfocar su vista. El chico rápidamente tomó el pulso del hombre y, para la suerte de todos y por el bien de la niña, aún tenía. —Madison, no está muerto —aseguró, agarrando las manos de la menor para que dejara de hacer esa pequeña presión en la herida. »Madi —El velocista se colocó de rodillas frente a la abrumada niña y sostuvo los costados de su cabeza, obligándola a verlo —Hey, respira —indicó el muchacho. La castaña no pudo evitar observar de reojo al cuerpo ensangrentado de su progenitor. »Madison, sólo mírame a mí —ordenó y la ojiverde le hizo caso —Necesito que te calmes, cariño, así puedes ayudarme ¿de acuerdo? —Barry expresó con suave voz. La castaña se obligó a tomar una respiración profunda y tratar de tranquilizarse. "No está muerto" "No está muerto", repitió las palabras de Barry como un mantra hasta que sintió sus pulmones llenarse nuevamente de aire. »Eso es pequeña, muy bien —el muchacho alentó —Ahora, ¿sabes cómo se sacan estos brazaletes? —preguntó con cautela. Madison hurgó en su memoria y asintió luego de unos segundos. Sabía que la conmoción seguía arraigada a su anatomía, pero estaba haciendo todo lo posible para ayudar, para solucionar el desastre que ella misma había ocasionado. —S-su huella dactilar —susurró y observó que el chico le daba un pequeño asentimiento. Con rapidez Barry se acercó al hombre y limpió su ensangrentada mano con su camisa —¿Dedo índice? —preguntó y Madison asintió. Luego de un segundo, Barry acercó gentilmente la pequeña mano de la niña e hizo lo mismo que con el brazalete que él tenía hace unos segundos atrás. Después de un corto tiempo, el velocista agarró su celular y marcó el número de Cisco. »Necesito que vengas a las coordenadas que te acabo de mandar. Es urgente —Hubo un pequeño silencio y luego continuó—: Si Caitlin ya llegó, tráela también —Otro pequeño silencio —Bien —Y con eso colgó la llamada. Luego de un minuto, la brecha de Cisco apareció en medio del lugar y la niña sólo observó al pelinegro traspasarla con su traje puesto. —Si me hiciste venir por gus... —El de cabello largo calló de inmediato al ver la escena —¿Qué pasó? —cuestionó, esta vez la preocupación tiñendo su voz al ver el rostro, manos y el pantalón de la niña cubiertos de sangre. »¿Estás bien, Madi? —se acercó rápidamente hasta donde estaba la pequeña y se colocó de cuclillas en su diagonal. La niña sólo pudo asentir. —Ella no está herida —Barry le aseguró al notar la preocupación de Cisco —¿Y Caitlin? —cuestionó, levantándose de su posición y cargando a la menor en el proceso. —Llega en una hora a la ciudad —El pelinegro negó levemente su cabeza, tratando de enfocarse —No quise preocuparla, así que no le dije de tu llamada. Está Wally y Joe en los laboratorios. —Necesito que te lleves a Madi y que Wally se quede con ella —indicó el muchacho —Y deja esto para que lo puedas examinar después —Barry le entregó los brazaletes —Encuéntrame en el hospital, y lleva a Joe. Madison quería protestar, pretendía decirle que ella también quería ir al hospital; pero la mirada que Barry le dio, le hizo entender que su orden no estaba en discusión. »Va a estar todo bien, cariño. Te veré en un rato ¿de acuerdo? —Besó su frente, no importándole que estuviera manchada con algo de sangre. Esta vez vio a Cisco y murmuró—: Dile a Wally que le ayude a limpiarse —Y con eso, se la entregó y el pelinegro volvió a abrir una brecha mientras el velocista se encargaba de llevar a Robert al hospital. Madison escondió su cabeza en el cuello de Cisco y sintió las lágrimas picar detrás de sus párpados. —¿Qué sucedió? —Las palabras de Wally le hicieron saber que ya estaban en los laboratorios. —No sé muy bien. Barry me explicará —escuchó la respuesta de Cisco. —¿Por qué hay sang...? ¿Madison estás bien? —Su preocupado tono de voz no pasó desapercibido. —A ella no le sucedió nada, pero está en shock. Necesito que la ayudes a limpiarse —Madi escuchó las palabras de Cisco y estaba agradecida por eso, en verdad quería deshacerse de la sangre seca de su piel. Se sentía sucia, esa sangre le hacía recordar lo que le había hecho a ese hombre. "Le disparé a una persona" Sintió que la sostenían por debajo de sus brazos y supo que era Wally quien, ahora, la estaba cargando. »No se muevan de los Laboratorios hasta que venga Barry —indicó el pelinegro —Va a estar todo bien, enana —susurró y ella sintió una caricia en su cabello. El lugar se volvió a quedar en silencio, luego de que Cisco desapareciera y fuera en busca de Joe. —¿Mads? —llamó el de piel oscura —Mírame por favor —La niña descubrió su rostro de su cuello —¿Qué pasó? ¿Estás bien? —Y-yo hice algo muy fe-feo —susurró y sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas. Wally sintió su corazón encogerse al ver el estado de la pequeña, por eso no insistió en que le contara los sucesos. Estaba seguro de que Barry los pondría al día, primero se enfocaría en que la menor estuviera sin sangre en su pequeño rostro, o brazos o manos. —Shh —la sostuvo con un brazo y con su mano libre limpió sus lágrimas —Vamos a limpiarte ¿está bien? Madison asintió con rapidez, y volvió a esconder su cabeza en el cuello de Wally. Los acontecimientos de hace un rato no la dejaban tranquila. Las emociones recorrían su pequeño sistema, no dándole un respiro. Madison ni siquiera podía pensar con claridad en los golpes de su espalda; por el momento no sentía el ardor de la paliza de Robert, simplemente estaba concentrada en ya no tener más sangre. La niña sintió que Wally la sentaba en la encimera del amplio baño al que habían entrado. El muchacho abrió la puerta de los cajones de la repisa y encontró toallas de manos limpias, agarró una y comenzó a humedecerla con el agua del grifo. El morocho colocó el cabello de la niña hacia atrás y detrás de sus orejas, y comenzó a limpiar su rostro. Luego prosiguió con sus brazos y manos. —Listo —Wally pronunció luego de estar casi media hora en silencio. Había hecho un buen trabajo, pero por alguna razón la menor todavía sentía la sangre en su piel. —¿Quieres que llame a...? —¿Todo bien? —La voz de Barry casi les hace dar un respingo cuando traspasó la puerta abierta. —¿Cómo es-está Robert? —Madison preguntó con rapidez al recordar porqué el velocista la había dejado un momento. —¿Está...está vivo? —No te preocupes, cariño —susurró el muchacho —Los doctores dicen que la bala no dañó ningún órgano importante. Ahora está en cirugía, pero estará bien. —Barry le dijo aquello neutralmente. No parecía tan contento de que Robert estuviera bien. Madison no estaba contenta, en sí, del bienestar de ese ser, pero saber que no había asesinado a una persona le hacía sentir mucho alivio. Aquello no quitaba el hecho de que le había disparado a alguien y le había ocasionado mucho daño, pero por lo menos la palabra asesina no estaría atormentándola toda su vida. »Joe está en el hospital esperando... —Barry, la mochila —Madison expresó de repente —Debes conseguirla, toda la evidencia. Necesitas esa mochila —habló apresuradamente ¿Cómo había sido tan idiota de olvidar algo tan primordial? —Y la cámara... Debes conseguirlas. —De acuerdo, tranquila ¿Dónde están? —En ese sótano. La mochila está detrás del estante de la derecha y la cámara detrás de la mediana caja de plástico del estante de al frente. Menos de diez segundos transcurrieron y Barry ya estaba de vuelta. —¿Estas son? —cuestionó el chico llegando con los dos objetos en sus manos. —Sí —Madison soltó un suspiro cargado de alivio. —¿Wally, puedes llevarle esto a Cisco? —indicó Barry. —Di-Dile que revise primero los documentos en la mochila. Algo de eso debe servir. Además, hay fotos en la cámara de ad-adentro —expresó la niña con un ligero tartamudeo —El video de esa cámara...—Señaló la que Barry tenía en su mano —Será mejor que lo vean después con...con los demás. —Bien —Wally le dedicó una mediana sonrisa y lo perdieron de vista. Esta vez Barry se colocó delante de la niña, que aún seguía sentada sobre la encimera y soltó un débil suspiro. Madison alzó ligeramente la cabeza y lo observó un momento. Se dio cuenta que el chico se había cambiado de ropa y aquello le hizo recordar que debía lavarse bien las manos. —Barry, necesito enjabonar mis manos —murmuró algo desesperada. —No están limpias —susurró y el velocista la ayudó a bajar de la encimera. Madison abrió el grifo y mojó sus manos y parte de sus antebrazos. En un principio se refregó a un ritmo suave, pero poco a poco aumentó la velocidad y su piel comenzaba a tornarse rojiza. "Tienes sangre de Robert en ti" "Le disparaste" "Casi matas a una persona" Sus lágrimas no tardaron en aparecer hasta que sintió el toque de alguien, trayéndola de vuelta a la realidad. —Madison, detente —escuchó la firme voz de Barry mientras le sostenía de ambas muñecas. —Pero siguen sucias. Déjame —Se impacientó y trató de librarse de ese agarre. —No. Ya están limpias, sólo te estás lastimando —acotó, colocando ambas de sus pequeñas manos bajo el chorro de agua, así les quitaba el exceso de jabón. El chico se aseguró de que la menor no agarraría nuevamente el jabón, y sacó una toalla de manos limpia para comenzar a secarla. —Déjame lavarlas otra vez —pidió la castaña al sentir sus manos secas. —Ya están limpias. —¡No! —La menor se alteró. Barry la giró y se colocó de cuclillas frente a ella. —Mira —El muchacho levantó las manos de la niña hasta su campo de visión —Tu piel está irritada y roja —comunicó —Te lo aseguro, ya están más que limpias, Madi —aseguró, esta vez con calmada voz. La niña se quedó un momento en silencio, observando su piel. No sabía por qué se estaba comportando de ese modo, pero sólo pudo abrazar al chico y liberar un fuerte sollozo. —Lo siento. Lo siento —repitió entre lágrimas —Le disparé a alguien, casi lo mato. —Más sollozos se escucharon y a Barry se le estrujó el corazón. Luego de un momento la separó ligeramente de él y la hizo verle a los ojos. —Me salvaste, Madi. Y siempre estaré agradecido por eso —susurró el ojiverde —Si no hubieses disparado... —Barry calló, no quería alterarla más de lo que ya estaba —Lo importante aquí es que estamos a salvo. —Ni siquiera quería dispararle, sólo quería asustarlo para que te soltara. —Lo sé, pequeña. Fue un accidente —Le acarició el cabello y la niña sorbió su nariz —Pero eso sí, no quiero que vuelvas a tocar una pistola, sólo si es algo de vida o muerte —indicó suavemente —¿De acuerdo? Después de lo que había sucedido hoy, no quería estar cerca de un arma de fuego en su vida. El chico no tenía que repetírselo dos veces. —No lo haré. No lo haré —aseguró y lo volvió a abrazar. Esta vez Barry acarició su espalda y fue ahí donde el dolor le hizo recordar a Madi lo que había sucedido antes de toda esa conmoción con la pistola, la sangre y el cuerpo herido de ese individuo. La niña no pudo evitar sisear de dolor por el tacto del velocista en su lastimada piel. Barry, de inmediato la separó de él y la observó un segundo frunciendo el ceño ¿El quejido había sido por el golpe que ella recibió el viernes? ¿Aún no había sanado?
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