Capítulo 19

3042 Palabras
—¿Aún te duele? —Barry cuestionó con ligera sorpresa al ver la reacción de dolor de la niña cuando tocó su espalda. Estaba seguro de que se había casi curado gracias a aquella medicina. —Yo... —La menor desvió su vista y el ojiverde supo que algo andaba mal. —Quiero la verdad, Madi —pidió. —Me volvió a castig... a golpear —Madison susurró sintiendo la intensa mirada del castaño clavada en ella. "Bien hecho, ahora, sabrá que lo desobedeciste" —¿Cómo? —Había cierta incredulidad en su tono voz. Se suponía que él había llegado antes de que el cinturón la golpeara —Pero si llegue justo a tiempo —murmuró aquel pensamiento. —Antes. —¿Cómo que antes? Si te dije que apretaras la alerta, incluso en el más mínimo cambio de tu plan. —Su seria voz no pasó desapercibida —Dime, Madison, ¿no pudiste apretar la alerta o decidiste no hacerlo? —Yo... Barry es que... —Necesito que respondas a mi pregunta. —El velocista interrumpió sosteniéndole suavemente de la barbilla para que lo observara. Madison odiaba que lo obligara a verlo cuando trataba de elaborar una excusa o mentira. —Decidí no hacerlo —susurró no siendo capaz de esquivar la verdad —Pero era por un buen motivo, Barr —trató de excusarse cuando observó al castaño colocarse de pie y caminar un momento hacia un lado y tomar una profunda respiración. —Entonces, me desobedeciste cuando explícitamente te di esa importante orden —expresó. —Pero... —Hablaremos de esto más tarde. Primero voy a curarte —La niña supo que estaba enojado y se golpeó mentalmente por ser la causante. Odiaba que el ojiverde estuviera enojado con ella, o que la regañara. —Lo siento —murmuró. Barry sólo negó levemente con la cabeza y la cargó, teniendo mucho cuidado de su espalda. Madison escondió su cabeza en el cuello del chico y soltó un débil suspiro, estaba exhausta y ni siquiera habían llegado a la tarde. La pequeña fue sentada en la camilla, sus cortas piernas colgando. —¿Puedes quitarte el polo? —Barry cuestionó con cautela —¿Está bien si te curo yo o quieres esperar a Caitlin? —cuestionó —Madison lo observó un momento. —¿Puedes hacerlo, tú? Me duele —susurró su respuesta, haciendo una mueca. Quería que el ardor desapareciera y no sabía cuánto tardaría Caitlin en llegar. —Sólo asegúrate de que ninguno de los otros chicos entre —expresó, comenzando a sacarse la prenda que rozaba su lastimada piel. —Tú tranquila —aseguró. Barry se volteó para darle algo de privacidad mientras cerraba la puerta y buscaba aquel envase con la medicina que había usado la anterior vez. —Ya puedes voltear —La niña nuevamente había cubierto su pecho con su largo cabello y no pudo evitar soltar un pequeño bostezo. —Prenderé la luz para ver mejor, ¿está bien? —Sí, era de día, pero la luz natural que entraba por las altas ventanas no era suficiente para examinar con detalle los golpes. —Mhm. Barry se preparó mentalmente para lo que vería a continuación, aborrecía ver a la niña lastimada, aborrecía no haber hecho nada para poder evitarlo. Por eso estaba molesto. La niña no había cumplido con su palabra, no le había dejado ayudar; en su lugar había decidido no apretar la alerta, recibiendo otra paliza. Quizás había sido una mala idea dejarla ir nuevamente a esa casa. —Madi, mira como tienes la espalda —comentó en voz baja más para él que para la pequeña, apretando ligeramente sus puchos. Otra vez quería golpear a ese hombre. »¿Qué usó? —cuestionó con la voz algo más ronca de lo usual por el remolino de emociones que revoloteaban en su interior. Esas marcas estaban por todos lados, eran más desordenadas, no como las del viernes; era como si hubiese perdido la paciencia. —Cinturón —respondió con voz débil. —Ay, pequeña —susurró, negando levemente con la cabeza —Voy a rociar el spray ¿Lista? —Sí —La niña tomó una enorme bocanada de aire y se preparó para el ardor que sentiría. El chico se movió hacia un costado, ya que la niña seguía sentada y quería ver mejor la zona lastimada. Entonces, prosiguió a curarla. »Auh, Barry, arde —se quejó, apretando sus puños y sintiendo el dolor intenso invadir su espalda. —Ya está, ya está —Barry murmuró y comenzó a soplar su piel herida. Luego de unos dos minutos, la medicina comenzó a hacer su efecto, relajando ligeramente los músculos tensos de la ojiverde. »¿Mejor? —cuestionó el muchacho, dejando de soplar. —Mucho mejor —susurró. —¿Quieres ponerte el polo? —el mayor cuestionó, colocándose nuevamente delante de ella. —¡No! —Madison casi gritó —Estoy bien así —esta vez moderó su voz. La ligera brisa se sentía bien en su lastimada piel. —Bien. —La niña alzó un poco su vista y no pudo evitar pasar sus brazos por la cintura del chico y estrujarlo contra ella. Estaba exhausta y no le importaba si el velocista estaba molesto con ella, sabía que nunca le rechazaría un abrazo. El muchacho comenzó a acariciar su cabello mientras Madi hundía su rostro en el pecho de él, quedándose en esa misma posición por unos cortos minutos. —¿Sigues molesto conmigo? —Madison preguntó con débil voz, separándose de él. La niña escuchó que el chico soltaba otro frustrado suspiro y entonces prosiguió a agachar la cabeza, porque intuía que sí lo estaba. —No te preocupes de eso ahora —respondió al fin —Primero... —El ojiverde guardó silencio al darse cuenta de que Madison ya no le estaba prestando atención, ahora sólo tenía la vista puesta en su pantalón. Madison había agachado la cabeza sólo un momento, pero no había sido una buena idea. Esta vez, la mancha de sangre de su pantalón estaba completamente nítida. La fuerte luz artificial le dejaba ver con claridad su ensangrentada prenda de vestir; aquello le hizo revivir los sucesos de hace unas horas atrás, recordando el charco de sangre bajo el cuerpo de Robert, la bala que ella había disparado, la grave herida en el costado de su progenitor, el impacto, el sonido, los huesos del hombre colisionando contra el suelo, la pistola cayendo al piso. Era abrumador, los recuerdos eran abrumadores. »¿Madi? —cuestionó ahora un preocupado Barry al ver la expresión de la pequeña. Sus ojos verdes estaban cristalinos y sus manos temblaban. El mayor observó en la dirección que la niña miraba y se percató de lo que la había puesto de ese modo. La sangre. —Barry, Barry. Debo... debo limpiarme —La menor pasó sus palmas contra la tela, haciendo una fuerte fricción, logrando dañar ligeramente su piel. —Esta es su sangre. Tengo sangre de Robert... Debo, debo... —Cariño —Barry sostuvo con gentileza cada lado de su cabeza y la obligó a verlo —Hey, tranquila. Te cambiarás de pantalón y... —La puerta fue abierta y Barry respiró con alivio cuando supo que era Caitlin. —¿Qué ocurrió? —la chica cuestionó al ver a una alterada niña. Cisco le había puesto al día de la situación con Robert y la pistola, le había dicho que la menor estaba bien; pero ahora la pequeña se veía algo desesperada. Caitlin frunció el ceño al percatarse que Madison estaba sin polo y, conforme ella se acercaba, la conmoción fue notoria en su blanquecino rostro. La muchacha pudo ver las marcas en la pequeña espalda de Madi ¿Qué demonîos había sucedido? »Barry... —El chico sabía que le estaba exigiendo una respuesta. —Cait, voy a explicártelo después, primero necesito que me ayudes a calmarla —susurró. La chica observó un momento a Barry y luego asintió débilmente, al ver el estado de la pequeña. El ojiverde le hizo un ademán en dirección a la prenda ensangrentada, entonces la muchacha comprendió. »Madi, mira quién llegó —expresó el castaño en un intento de distraerla. El chico giró ligeramente la cabeza de Madison y le hizo observar en dirección a Caitlin, que ya estaba a centímetros de su diagonal. —Caity —la menor musitó aquel apodo que había usado un par de veces, con lágrimas en los ojos. Esta vez Barry la soltó y dejó que la chica se acercara más a ellos. —Cielo, ¿qué sucede? ¿por qué estás llorando, huh? —La de cabellos marrones limpió las lágrimas de su pequeña acompañante. —Hay sangre de él en mí. Debo sacarla. Debo sacarla. —De acuerdo, pequeña. Pero respira hondo ¿sí? —habló con cálida voz —Te llevaré a la habitación, creo que dejaste un buso ahí. ¿Te parece bien? —Sí, debo limpiarme. No quiero tener su sangre. Caitlin no esperó más y la cargó con cuidado de no lastimar su espalda. Estaba ligeramente conmocionada por las marcas que había visto. Una corazonada de lo que había sucedido se implantó en su cabeza, sintiendo una punzada de dolor por no haber estado ahí para protegerla, y otra punzada de rencor contra el ser que la había herido. Aunque en ese momento se obligó a concentrarse en ayudar a que la niña se tranquilizara. Madison ocultó su cabeza en el cuello de la chica y se aferró a ella. Estaba angustiada y exhausta, en cualquier momento colapsaría del cansancio. Sintió que la colocaban en el piso y sus piernas temblaron ligeramente. Observó que Caitlin se dirigía al armario y sacaba un pantalón más cómodo. —Ten, cielo —indicó entregándole la limpia prenda. —¿Quieres que me vaya, así te cambias? —No —murmuró enseguida. No quería quedarse sola —No me dejes —susurró y la mayor asintió, dedicándole una diminuta sonrisa. La niña comenzó a tratar de desabrochar el botón de su jean, pero era un manojo de nervios y sus manos temblaban demasiado. Sus ojos comenzaron a llenarse lágrimas y la desesperación volvió a invadir su anatomía. »!Agh! —masculló la niña —Estúpido botón —Sus lágrimas no tardaron en salir. Se sentía inútil por no poder hacer una simple tarea. —Madi —murmuró la chica y se colocó rápidamente de cuclillas frente a ella —Te ayudaré ¿está bien? —Caitlin habló con suavidad. Madison solo pudo asentir débilmente y le dejó el camino libre para que le ayudara a desabrocharle el botón. —Caity, no podré hacerlo sola —susurró al darse cuenta de que no podría quitarse el jean. Sus piernas eran como gelatina. Se sentía algo avergonzada. "Eres una bebé, no puedes ni siquiera cambiarte sola", su cabeza se burló de Madi. "Cállate", trató de no darle importancia a su subconsciente y se concentró en la chica. —No te preocupes, te ayudaré —Su estado vulnerable una vez más estrujó el corazón de la muchacha, pero sólo le dedicó una sonrisa sin mostrar los dientes para que se relajara. Caitlin prosiguió rápidamente a ayudarla a colocarse el buso y, cuando terminó, observó a la pequeña abalanzarse contra ella. Casi pierde el equilibrio, pero logró estabilizarse y se levantó con ella en brazos. —Debes quemar ese jean —Madison musitó entre sollozos —No lo quiero ver nunca más. —No lo verás nunca más, cielo. —La chica caminó cargando a Madi hasta llegar a la cama. —¿Quieres recostarte un rato? —cuestionó con cautela, sentándola al borde del colchón. —Sí, pero no me dejes. —Me quedaré justo aquí —aseguró. La niña se recostó boca abajo y Caitlin se apoyó contra el respaldar de la cama de plaza y media, comenzando a acariciarle el cabello. Ahora podía ver con mucha más claridad las marcas de su espalda y aquello le hizo sentir impotencia y frustración. ¿Cómo podía haber adultos que golpearan a niños? Se suponía que los adultos estaban ahí para cuidar de los más pequeños, de velar por su bienestar. —¿Madi? —llamó la chica en un murmuro. —¿Hmm? —¿Barry te curó la espalda? —Lo hizo. No...no te preocupes por eso —pronunció al ver de reojo el rostro de culpabilidad de la chica. No quería que ella se sintiera culpable por algo que había hecho Robert, por algo que la mayor no había tenido control. Claro que Madison no los culparía, porque ella misma se había encargado de ocultarles la verdad, ella misma había decidido no decirles ni venir hacia ellos cuando había recibido el primer golpe. Tampoco era enteramente culpa de Madison, puesto que Robert le había metido terror y la había manipulado. Era toda una maraña de circunstancias donde la niña, desgraciadamente, no supo cómo actuar. »¿Cait? —llamó luego de estar un momento en silencio, sabía que la muchacha estaba absorta en sus propios pensamientos sobre lo ocurrido. »¿Hmm? —obtuvo una respuesta al fin, luego de un momento. —No...No quise dispararle —susurró, sabiendo que Barry o Cisco ya la había puesto al día de los datos. No sabía hasta qué punto, pero intuía que por los menos lo que había ocurrido en el sótano de aquella mansión. —Lo sé, cielo —La chica acarició su cabello. —¿No estás enojada conmigo? —Claro que no, Madi. Fue un accidente. —¿Lo prometes? —Lo prometo, pequeña —La muchacha se agachó y dejó un casto beso en su mejilla Madison sintió alivio recorrer su cuerpo. La culpa la estaba carcomiendo, pero saber que, las dos personas más importantes para ella, no la culpaban lograba darle un poco de paz. Madison encontró relajante las caricias en su cabello, así que no tardó en caer en un profundo sueño. **** Caitlin soltó un pequeño suspiro e hizo una diminuta mueca. Sentía que le había fallado a Madison, no la había protegido como era debido. Estaba tan absorta en su actual condición, que no había prestado la atención que la niña merecía. No había visto señales de que estaba siendo lastimada y se sentía culposa. ¿En qué momento las cosas habían cambiado tan de repente? Parecía todo muy irreal, en un momento todo estaba bien, y luego todo estaba de cabeza. Caitlin estaba tratando de encontrarle una explicación a lo que le estaba sucediendo a ella, pero su intención no era dejar de lado a la personita más importante. Luego de un corto tiempo, escuchó pasos y supo que era Barry al verle entrar a la habitación. —¿Fue Robert? —preguntó de repente la chica, haciendo un ademán en dirección a las marcas de la espalda de la menor; quería asegurarse de su intuición. Barry asintió con la cabeza. »¿Lo sabías? —No hasta hace dos días —el chico murmuró su respuesta en tono bajo para no despertar a la niña. —¿Y te mantuviste callado? —la chica preguntó con algo de incredulidad, alzando ligeramente una ceja. —Me hizo prometerlo —Barry hizo un ademán en dirección a Madi. —¿Y le hiciste caso? ¿En algo como eso? —Tuviste que verla, Cait. Me suplicó que le diera dos días —Barry negó levemente con la cabeza. —No se suponía que esto debía ocurrir. Le di instrucciones para que me avisara si algo salía mal...—masculló, apretando ligeramente sus puños —No debí dejarla ir —musitó más para él que para ella. Caitlin observó lo abatido que su amigo se encontraba y solo decidió soltar un suspiro. No le haría sentir más culpa de la que ya sentía. Sabía que la niña podía ser muy persuasiva si se lo proponía, y quizás eso era lo que había ocurrido. —Cuéntame todo lo que sabes —indicó con cautela. Barry la observó un momento y simplemente asintió con la cabeza, luego comenzó a narrarle los hechos ocurridos el viernes y la poca información que Madison había decidido divulgar -porque sabía que había más- Barry le contó cómo se enteró, el estado emocional de la pequeña, lo que le contó Madi acerca Robert, lo peligroso que era. Le dijo lo de las amenazas, la manipulación, el castigo que le había dado el hombre... todo, no dejó ningún detalle fuera. Aunque no se atrevió a contarle lo de la línea temporal; no le contó que, por él, todo eso estaba sucediendo. No creyó que fuera oportuno. Quería decírselo a todos, pero primero debían enfocarse en el caso de Robert. En sí, no era un caso de metahumanos, esto era algo con lo que nunca creyó que se toparía tan de cerca. El abuso mental y físico de un mayor hacia una niña. ¿Cómo alguien podía ser tan vil? La habitación se quedó en silencio un momento, Caitlin asimilando la nueva información que tenía. —Debimos prestar más atención —susurró la muchacha. Las diversas emociones, como el enojo y la tristeza, revoloteando en su interior. —Lo sé —expresó el chico, sintiendo que la culpa volvía a recorrer su cuerpo. —¿Cómo sigue todo esto? —El bastardo sigue inconsciente en el hospital. No creen que despierte hasta dentro de dos días, perdió mucha sangre —contó —Joe ya habló con Cecile y se están encargando de reunir todas las evidencias posibles. Cisco está revisando los documentos que Madi pudo sacar de ese lugar. Son un montón y le tomará un poco de tiempo saber qué se refiere cada número, nombre o lugar que aparece ahí. »Es muy probable que vayamos a juicio. Sólo espero que haya suficiente evidencia, así Madi no tenga que declarar en la corte. No quiero que vuelva a experimentar lo mismo que con el caso de Moreau —terminó haciendo una mueca. —Debe pudrirse en la cárcel, Barry —expresó la chica. —Lo hará. Y me encargaré de que sufra allí adentro —masculló con decisión.
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