capitulo 4

3444 Palabras
-Jimena saca al marine del asiento de atrás, y ella regresa hacia donde estoy, su semblante ha cambiado, mira a todas partes como si buscase algo que ha perdido.   -Me llevo al marine   -¿Por qué?   -No hagáis preguntas vos te vais con la muchacha   -¿Te ha dicho su nombre al menos? Al parecer no le caigo bien   -No ha salido de su boca ni una sola palabra, si vos le caéis mal imagínate yo que le he disparado   -Jimena ni siquiera se despide, sale entre pasos largos rumbo hacia su camioneta, ella junto con el marine, me doy cuenta de su conversación en inglés. Observo el nuevo panorama, los siete sujetos yacen muertos en el pavimento, Jimena en su camioneta a toma la ruta que va hacia la finca, y esta muchacha la cual no me ha dicho su nombre.   -Recojo el armamento de los carroñeros, sería un buen motín, si tan solo no fuese cosas viejas, escopetas y dos pistolas acabadas por los años, solo eso, las coloco en el maletero. Su mirada fija en mí no la aparta ni por un instante, casi no pestañea, la chica tiene un semblante igual al de un ternerito con miedo, es de tez blanca, se recogió el cabello, pero se lo liso de esa hebras, le devuelvo la mirada, no la mirada, no la aparta, sus ojos son negros, reflejan el vacío de esa alma, las heridas cicatrizadas de su cuerpo son prueba que ha sufrido lo suficiente ¿Fui capaz de dejarla a la intemperie? Tiene una cara de niña, pero niña no es.         -¿Qué tanto me miráis? ¿Te debo?- Le pregunto sin respuesta alguna       -Cierro el maletero y escucho unos rugidos desgarradores, veo al horizonte, se avecina una tormenta, me subo a la camioneta y voy en la dirección donde salió Jimena.   -¿Ella es tu novia?- Pregunta la chica   -Estamos saliendo   -¿En el fin del mundo?   -Te sorprendería de las cosas que se pueden hacer   -¿Cómo tener sexo en todas partes?        -Apenas le sonrió por el retrovisor   -¿Cómo te llamáis?   -Se lo diré solo porque usted salvo mi vida, mi nombre es Melita   -¿Desde hace cuánto estáis acá?   -Seis meses, estaba en Trujillo exactamente en la ciudad de Valera, con un grupos de amigos, era nuestro reencuentro, el mismo día cuando todo esto sucedió, llegaba de visita, venia de Medellín, Colombia. Toda mi familia falleció por los bombardeo.   -Pregunta la razón por la cual te encontráis acá, no pregunte por lo triste de du vida- Me mira con desprecio   -Escuchamos el rumor de algo, una pizca de esperanza, en lo más alto de estas montañas el virus no sobrevive por las  bajas temperaturas, el frio lo mata   -¿Te referís a los páramos?   -Si, allá arriba   -¿Y cómo terminaste siendo la esclava de alguien?   -Pensé que no querrías saberlo   -Bueno, solo esa parte   -El tipo que mataste primero era el líder de esa banda   -¿El que te iba a violar?   -Si, a mis amigos y a mí nos engañó como los propios niños, y pues terminé así, el guapetón del marine si es nuevo   -¿Sabéis hablar inglés?   -Y ¿Ahora somos mejores amigos?   -Puedo estacionarme por aquí y dejarte sola, para que te sigan violando o me puedes decir si hablas o no inglés, te prometo que seremos mejores amigos   -¿Tiene una personalidad muy sádica?   -Si me lo explicáis lo puedo entender   -¿El inglés o lo sádico que eres?   -Estaciono la camioneta a un  lado de esa angosta carretera, desenfundo mi Glock  me bajo, voy hacia la puerta trasera de la camioneta, la abro y saco de allí a Melita, sus manos están amarradas, quizás fue obra de Jimena, la llevo hacia el otro costado de la carretera donde es el precipicio, le suelto el cabello y ella no dice nada en absoluto, le apunto muy cerca, pero luego decido tocar con la punta de mi arma su frente, ella empieza a temblar, miro hacia abajo con desdén, como si no me importase, indiferente.   -¿Qué… que le dirá usted a su noviecita cuando lo vea llegar sin mí?   -Le diré que trataste de violarme, ahora bien ¿Sabéis o no hablar inglés?- Termino de hablar y ella me escupe   -Máteme si quiere- Empieza a temblar de verdad, pero tiene un temple de acero   -Está bien      -Aprieto el gatillo de la Glock el cual no percuta porque le puse el seguro, Melita se orina los pantalones, aun así no pestañó ni un segundo, me rio de mi supuesto error y le quito el seguro.   -Si se hablar inglés- me dice sin nerviosismo, no sé cómo le hace   -Era muy sencillo de responder, no me hagáis pasar por lo mismo, sé que escuchaste esa conversación, de Jimena y el marine ¿De que hablaron?   -Al parecer se conocen, ella le dijo que lo llevaría a casa para curarle las heridas, Robert la llamo Gin, se puso roja como un tomate, aunque no lo miró ni un segundo, no lo vio usted, pero se apretaban sus manos   -Tal vez eran vecinos cuando Jimena estaba en Gringolandia   -No lo creo   -¿Robert sabe de tu inglés perfecto?   -No   -¿Segura?   -Si   -A partir de este momento te protegeré con mi vida, tu silencio será el mío,  el mío será el tuyo, salvé tu vida por lo tanto no romperás esta promesa, delante de Dios y mi vida ¿Cumplirás?   -Sí, sí, si   -Estaréis atenta de lo que hablen y me lo diréis, no guardaréis nada para vos como secreto   -Lo hare- Me interrumpe   -Dejame terminar no joda   -Está bien   -A donde iré, vos iréis, donde estaré vos estaréis, y a donde te mande obedeceréis, porque tu vida la poseo en mis manos, y nada te pasará si vos estáis conmigo. Si llego a separarme de mis amigos, me acompañareis, porque seremos uno ¿Cumplirás?   -Sí, sí, si   -Bien, pero ahora un problema- Ella me mira perpleja   -¿Cuál?- Me pregunta   -No puedo dejar que te subáis toda meada a la camioneta   -¿Qué?   -Quítate los pantalones, no podéis subir toda hedionda a meado   -Melita se quita su pantalón, no tiene ropa interior, un bello púbico abundante, muchas heridas que a la primera vista son de armas corta punzantes, ha sufrido mucho, la han violado tantas veces que no se inmutó en quitarse el pantalón. Voy hacia la camioneta, saco de la guantera un trapo de cocina limpio, lo humedezco con el agua que traje para tomar cuando tuviera sed, y se lo entrego, ella se limpia las piernas, hace un ademan de entregarme el trapo de cocina, pero le indico que lo tire, me desajusto mi pantalón deportivo, me lo quito y se lo entrego.   -¿Usted se quedará de esa forma?   -¿Con mis bolas al aire? Claro que no, tuve un tío que una vez me dio un consejo cuando fuimos a la sierra de Perijá, siempre lleva con vos, una muda de ropa limpia, cepillo de dientes con su crema, y un par de ropa interior por si acaso alguna novedad durante el camino, y mira vos sí que ha resultado, excepto la ropa interior la cual ya nadie usa.   -Voy de nuevo hacia la camioneta, busco el asiento del copiloto mi bolso azul, saco otro pantalón deportivo y me lo pongo, me recuerda a una adolecente de la cual me enamoré cuando no estaba Jimena, el mismo color de piel, pómulos pronunciados, cabello liso, ese acento andino, y si, por muy increíble que parezca, hasta con el mismo nombre.   -¿Qué tanto me mira? ¿Le debo algo?- Me pregunta con ese sarcasmo, me saca una sonrisa   -Sí, me debéis tu vida entera ¿Te vais a quedar ahí o vendréis a la camioneta para irnos?   -Lo que usted diga          -Abro los portones de la entrada de la finca, la camioneta pasa firme por el lodo, voy hacia la parte trasera de la casona para estacionar la camioneta.   -Entramos en la casona, Amisaday con rifle en mano, con un rostro serio, se me queda mirando un rato y luego sube hacia las habitaciones, no veo a Bomej ni a Jimena, ni al marine, Melita se queda impresionada con la casa, la gran casa o casona como le llamamos, Amisaday me llama y ambos subimos por las escaleras, lo encuentro en la habitación de la niña.   -Está delirando desde hace rato, dice incoherencias   -¿Desde cuándo?   -En el momento el cual Jimena salió   -Ponga a calentar agua y cuando esté listo me trae el agua junto con un trapo limpio- Me dice Melita   -Salgo de la habitación, a calentar el agua y buscar un paño, antes de bajar observo la habitación que está justo delante de mí, veo por la rendija de la puerta movimiento, saco mi arma de fuego y voy directo a la puerta, escucho murmullos, el corazón me salta de celos y el estómago se me encoge, muevo la manilla y me doy cuenta que no tiene seguro, de inmediato la abro, el mundo se ma hace chiquito cuando veo a Jimena abrazada al marine, ella pega un pequeño brinco al verme, y disimula muy bien, hace como si tocase para ver algún hueso roto luego vuelve a mirarme con cara de sorpresa.   -Me pegaste un susto- Tiene una expresión la cual no se explicar   -No tenía seguro la puerta, vi movimiento así que entré            -Sí, definitivamente el mundo es pequeño.     -La noto nerviosa, el marine se termina de acostar en la cama, es buen actor, sabe fingir muy bien.   -Ya podéis guardar el arma   -Pensé en una posible irrupción en la casona   -¿Con mi hermano armado hasta la jeta?   -Tu hermano es un descuidado ¿Cómo sigue el marine? ¿Vivirá?   -¿Celos?   -Le sonrío, tiene esa sonrisita nerviosa  y sí, los celos arden como carbón prendido dentro de mí, no ha preguntado si estoy bien, ella acostumbra hacerlo en ocasiones así, pero nada, le echo una mirada a la habitación y luego a los dos.   -Guarda el arma o ¿Pensáis en dispararnos? -Quizás más tarde   -Cierro la puerta, camino hacia la habitación donde se encuentra la niña, veo a Melita examinándola, ninguna de las dos finge, Bomej ahora tararea una melodía corta y repetitiva, tiene voz para ser cantante, es suave, tierna, se podría decir una melodía dulce.   -¡Pilas! ¡Voy que quemo!- Me advierte Amisaday   -¡El agua! Se me olvidó por completo   -Si esperamos por vos nos hacemos viejos   -¡No importa! ¡Tráiganme eso rápido!- Exclama Melita   -Moja el pañuelo con el agua tibia, se lo coloca a la niña en la frente, Bomej en sí, da un poco de terror, tiene los puños apretados, enrojecidas están sus manos, los pies tienen una apariencia de deformidad, pero su rostro está tranquilo, no posee una expresión de dolor o queja, como cualquier niño de su edad cuando se enferman.   -¿Sois Doctora?   -Si   -Vaya sorpresa ¿Que diagnostico tiene la niña?   -Tiene la fiebre muy elevada, tiene traumatismo craneal, hematomas en todo su cuerpo, sus partes íntimas están hinchadas signos de violación, ha entrado en shock.   -La hubieses escuchado, habló en latín- Añade mi amigo   -¿Qué?- Siento un frio en todo mi cuerpo   -Sí, con una voz grave   -¿Qué podría ser eso doctora?- Me dirijo a Melita   -Delira por la fiebre, por el trauma que ha pasado, son consecuencias de maltrato violento físico  psicológico   -¿Qué pasará con ella?   -Tendremos que esperar cómo evoluciona, podrá recuperarse            -Me pongo del lado derecho de Melita para observar a la niña, luce realmente mal, luego de unos segundos le tomo el hombro   -Doctora es necesario que se dé un baño, Le dice a Jimena que le entregue ropa limpia, tendrá un descanso adecuado, ha sido un día largo y ajetreado   -Está bien lo hare   -Al momento de salir de la habitación se encuentra cara a cara con Jimena, Melita le pide ropa, Jimena me mira un poco seria, asiento con la cabeza, Melita se va con Jimena, observo de nuevo a la niña ¿Hicimos bien en salvarla? ¿Si hubiésemos hecho como siempre hacemos? ¿Para evitar un mal mayor? Con Bomej, Melita y sobre todo con el marine.   -Te veo muy tenso ¿Pasa algo?-Me pregunta Amisaday   -Nada en lo absoluto   -¿Todo bien con Jimena?   -¿Por qué me lo preguntáis?   -Me conto todo, la doctora casi te mata porque los ibas a abandonar   -Es mejor no tomar riesgos, no sé cómo trajeron a la niña   -¡Eh! Lo que paso en la parada fue una carnicería, te recuerdo algo, vos fuiste el que intervino, te lo dije, hasta te lo roge no hacerlo, no sabemos si alguien miró de lejos todo ese desastre, no sabemos si nos siguió, para atacarnos cuando menos lo esperemos.   -Lo mejor de hacer eso fue encontrar las camionetas- Miro con picardía a mi amigo   -Eso si- Nos reímos   -Quiero saber el pensamiento de otro en una situación como la mía ¿Qué harías con tantos celos? ¿Dónde lo guardarías? ¿Entenderías fácilmente el comportamiento de la otra persona? ¿Lo asimilarías con calma? Es una sensación horrible en el estómago, como si se encogiera, un estreñimiento, comparado como una apuñalada, me voy hacia la habitación, me tumbo sobre la cama mirando el techo, no tiene respuestas para mí, lo que necesito, lo que busco, es imposible que se conozcan esos dos, sería una casualidad de películas, es una marejada retorciendo mis entrañas, si, estos celos. Se abre la puerta de mi habitación, espero ver la cara de Jimena, la persona entra, extraña y desconocida, la veo al fin con ropa limpia, aseada, su cabello arreglado, con la belleza incomprendida, sin menos para no pedir, sin más para no querer menos, la balanza justa, para ser invisible en un mundo normal.   -Vine a disculparme con usted   -¿Sobre qué?- La miro sobre mi costado    -De haberle apuntado con aquella arma, casi lo mato   -Jum, de haberlo hecho Jimena te hubiera torturado hasta la muerte, bueno, eso creo, las personas cambian en un instante   -Usted intentó matarme, varias veces en las primeras dos horas de habernos encontrado, queriendo dejarme abandonada a mi suerte,  la segunda en el camino   -Estabas con el marine, no te iba a pasar nada   -Usted siempre tiene una respuesta ¿No?   -Y lo otro fue diversión   -¿Eso qué quiere decir?   -Quería tu cooperación, lo hiciste, una mujer inteligente   -Estaré al tanto con el marine y Jimena   -Está bien   -Por cierto el almuerzo estar listo dentro de un rato   -¿Qué vamos a comer?   -Arroz, caraotas, carne enlatada y cambur   -¿Carne?   -Sí, carne, en el empaquetado dice que se vence dentro de seis meses, aprovechemos la oportunidad   -¿Sufriste?   -¿Perdón?   -¿Sufriste?   -Por un momento se queda pensativa, luego me sonríe ¡Es linda! Abre la puerta espera unos cincos segundos con la manilla en la mano, voltea a mirarme.   -Aun no confío en usted- Abre por completo la puerta y se va   -Vuelvo con la mirada hacia el techo preguntándome lo mismo, una y otra vez, estos últimos días ha estado de locos, así es esto, la calma puede transformarse en tormenta en cuestión de segundos.   -Hace frio, busco la sabana para arroparme, la encuentro y me acurruco, no quiero ver a nadie, no quiero saber de nadie, mis tripas reclaman algo de comida, la verdad es que no quiero salir con esta cara de decepción ¿Me he enamorado? No lo sé, todo es confuso ¿Y si le hubiese disparado al marine? Así como lo hice con Carlos ¿Jimena seria la misma? Imaginarla con el marine me molesta, haciéndole lo que me hace a mí, soy un hombre  debo madurar en esa parte, decido levantarme del maldito sufrimiento, abro la puerta, la cierro detrás de mí, camino en dirección de las escaleras para bajar a la sala.   -Encuentro a Jimena en el mueble grande, mirando pensativa hacia la nada, Amisaday se encuentra afuera, veo por el ventanal que va a entrar ¿Tendrá hambre al igual que yo? Melita usa un pijama rosado, se le marcan los pezones, creo que no lleva ropa interior.   -Me siento al lado de Jimena, se sorprende al verme y me sonríe, descanso mi cabeza en sus piernas, siento que se cohíbe pero luego cede, me acaricia el cabello, se siente bien, me gusta.   -Pensé que estabas molesto conmigo- Me dice ella   -¿Cómo podría?   -Sigue acariciándome, cierro mis ojos, meto mi mano debajo de mi cabeza y aprieto su muslo, ella me da un golpecito en la oreja, pienso en haberme equivocado por tener una idea errónea. De pronto me levanta de sus piernas con brusquedad, le hablo pero me ignora, busco la razón, hay un testo en la biblia, buscad y hallareis, he aquí el soldado baja las escaleras con esplendor  y gloria, se ha llevado la atención de la reina, comienzo a sentirme mal de nuevo.   -Hablan en ingles lo cual no entiendo nada, termino acostándome en el mueble grande, veo como Melita se acerca a ellos, acomoda los platos, sirve el agua en la mesa, saca los asientos, llama a Jimena para que sirva la comida, me doy cuenta de algo, acá no existe ese feminismo extremista de hace algunos años, no existe el machito estereotipado, nada de eso sirve en estas circunstancias, el aborto, liberar a los violadores, los derechos humanos, las protestas sociales, dejaron de existir por esto, dejaron de existir incluso mucho antes del día D, desde el día en el cual reclamaban asuntos que la mayoría rechazaba, quitándoles el derecho de pensar libres, desde el día en el cual la minoría se victimizó para cometer barbaries.  -Con mis manos detrás de mi cabeza bostezo, pensando fríamente la situación, barbarie es lo que causa Jimena dentro de mí, no puedo culparla ¿O sí? Jimena toma de las manos al marine y lo guía a uno de los asientos de la mesa, una erupción de un volcán en mi pecho.   -Si queréis le dais de comer   -Pay no attetion to it   -¿Celoso?- Pregunta Amisaday   -Volvió el mercenario   -He dado una vuelta y nada, podemos estar tranquilos, fui a la cabaña  ¿Saben qué? Hay un sistema de video seguridad   -¿Cuantas cámaras?- Le pregunto   -Hay quince   -¿Cuántas funcionan?   -Ninguna   -¡A la v***a!- Exclama groseramente Jimena   -Es cuestión de dedicarle tiempo, ahora bien ¿Quién sabe sobre sistemas de seguridad?   -Yo podría ayudar- Dice el marine           -Nos sentamos todos en junto a la mesa para almorzar.     -¡Eh! ¿Podéis dar las gracias?   -Miro a mi amigo con desaprobación, Jimena no me mira, sentada al lado de su hermano, resoplo con frustración. -Amado Dios- Melita empieza la oración –Gracias por los alimentos, bendice a las persona que no tienen que comer, te pido que le des refugio al desamparado, fortaleza al débil, un lugar al perdido, perdónanos si hemos fallado en algo, Amen.   -¿Los católicos no tienen oraciones de memoria?- Pregunta Jimena   -Todos oran conforme a sus corazones   -Y ¿Los que no creen?- Esta vez es Amisaday   -Al final les tocará creer -Viendo toda ésta mierda- Añade Amisaday -¿Aun así creéis? ¿Sabiendo de toda esa locura de ahí afuera? Los niños asesinados, mujeres violadas, incluso mi amigo presente te salvó de seguir sufriendo- Amisaday empieza a levantar la vos –Toda ésta barbarie, donde inocentes han perdido todo incluso la vida, la muerte nos respira en el cuello ¿Dónde está tu Dios? ¿Dónde estaba cuando los tres fuimos testigos de cómo violaban a esos niños? ¿Dónde está ese amoroso padre del que todos hablan? Cuando aquí estamos completamente solos ¿A caso se escondió de la muerte?   -Estamos juntos, no estamos solos, estamos acá por su misericordia, donde abunda el pecado como lo describiste, sobreabunda la gracia, hay algo más fuerte que el hombre, la vida y hasta la propia muerte, es el amor de Dios-La muchacha con ese esplendor diferente, una esencia distinta              -Amisaday queda absorto ante tales palabras, a mí no se habría ocurrido jamás, Jimena no dice nada, solo la observa.   -¿Podemos comer?- Pregunta el marine   -Todos comenzamos a comer sin decir una palabra, los cinco mirando su plato, ignorando al que tenemos al lado.
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