-Los tres nos reunimos en la sala principal de la casona, acomodamos todas las cosas que trajimos con nosotros, revisamos gran parte de la finca, la casa la revisamos completa, no hay electricidad, pero el agua y el gas por tubería aun funcionan, el cerco eléctrico no funciona, hay partes donde podemos deducir que intentaron ingresar, al parecer no pudieron, hay cráteres muy profundos, debe ser por el bombardeo, lo extraño de todo esto, no hay cuerpos por ahí tirados , autos o aviones, absolutamente nada.
-Mejor para nosotros- Le digo a Amisaday
-Jimena ¿Dónde está la niña?
-Está durmiendo, creo que no cenara
-Lo importante es que se encuentre bien- Opino
-Mañana, vos y yo nos encargamos de la cerca, las partes averiadas la vamos arreglar, vamos a dormir sin velas ni nada prendido como forma de precaución, yo hago la primera guardia luego te llamo- Termina diciendo mi amigo
-Está bien
-Amisaday me llama, me estiro con pereza antes de levantarme, me da un rifle de asalto y su arma de francotirador, me voy a la sala demasiada comodidad, no es conveniente para mí, me quedaría dormido de nuevo, abro la ventana y miro aquel viejo roble, es un buen lugar para pasar la noche en vela, si subo al árbol podré ver parte de aquel terreno, y por supuesto la casona, es más una mansión.
-Salgo en dirección al árbol, con mi equipo de armamentos, trepo aquel viejo roble, cojo altura y como milagro del cielo encuentro el lugar perfecto.
-Que molleja- Suspiro
-Suspiro de nuevo, no puedo ver nada, hay demasiada neblina así que me bajo del árbol, decepcionado de aquella situación.
-Hola-Escucho detrás de mí-¿Te asusté?
-Muchacha casi me provocáis un infarto- Me siento al pie del árbol asimilando el susto y sudando frio
-¿Qué hacías arriba?- Me pregunta Jimena
-Trataba de tener una mejor visión
-Siempre hay neblina ¿Se te olvidó?
-Pues si ¿Qué hacéis despierta?
-No puedo dormir y tengo frio- Me dice al sentarse junto a mi
-Cuando me dispongo a darle mi abrigo, me doy cuenta de su mirada, como diciendo algo que no entendí.
-Ah ya-Le sonrío- Entiendo- Entonces la abrazo
-Es ahora, ha pasado mucho desde que no estamos solos
-No soy de entender indirectas, no soy capaz de procesarlo bien, de captar ni siquiera el sarcasmo, cuando ella empieza a tocar mi pierna derecha entonces es cuando lo entiendo todo.
-Y ¿Si este descuido nos trae problemas? Si vamos a morir que no sea en este momento, la plateada luz de la luna baña la máscara de Jimena, miro mi reloj y la manecillas ofrecen su trabajo bien hecho son las doce y treinta y cinco de la media noche, Jimena no se detiene en acariciar mi pierna, yo hago lo mismo, aún no sabemos si la neblina es contagiosa, pero Jimena rebelde como siempre se quita su máscara antigás, veo ese rostro que tanto me gusta, se quita su abrigo, tiene un suéter rojo no tarda en quitárselo.
-¿Qué esperáis?- Me pregunta con una voz dulce
-Mi mascara antigás la coloco a un costado de mí, la ayudo a quitarse su top deportivo, sus senos tienen una simetría perfecta, redondos y talla grande, blancos con muchos lunares, y sus pezones rosados, me quito los guantos para acariciar esos senos, devorarlos con mi boca, saborearlos con mi lengua, Jimena gime, me toma fuerte del cabello y tira hacia atrás, me mira con picardía.
-Primero ay que besarse
-Soy un sumiso, estoy a su voluntad, ella me ayuda a desvestirme, cuando estoy con el dorso desnudo Jimena me lleva hacia un lado, reposo en las raíces de aquel roble, ella besa mi pecho y baja dejando besos en su camino, me desabrocha el jeans, me lo lleva hasta los tobillos y soy yo el que se lo quita de encima, no tengo ropa interior desde hace rato, es un martirio, ella busca entre las cosas que trajo una botella de agua, lo destapa y me lava con esa agua, mujer precavida, para mi sorpresa el agua se encuentra tibia, ni muy caliente mucho menos fría, lanza la botella a un lado, la miro venir directamente a mi rostro y nos besamos, su lengua juega con la mía, en una armonía como si lo hubiésemos esperado toda la vida, aprieto sus senos perfectos, sin hacerle daño, me gusta mirarlos, mis labios tocan con dulzura sus pezones, los chupo, ella se termina de desvestir, observo que se ha depilado las axilas, y sus piernas, menos su v****a ella sabe que me gustan así, vuelve baja hasta mi m*****o erecto, la veo cuando lo tiene en su pequeña mano y me mira, esos ojos hermosos, juega con mi prepucio antes de metérselo en su boca, agarro una bocanada de aire cuando lo hace, suspiro de placer, me es inevitable no gemir, recojo su cabello con mi mano y lo sostengo para verle la cara, lo chupa, lo escupe, lo besa, a continuación, la profundidad de su garganta abre espacio para el invitado de honor, creo que he pasado más allá de lo que conocemos como campanita, aprieta mis testículos cuando lo vuelve hacer, cierro mis ojos para pensar en otra cosa, porque si no es Jimena será por el frio que me dará algo. Busca un morral que trajo consigo, saca un edredón, y nos acobija con eso, pienso en hacer lo mismo, la llevo hacia las raíces del roble, abro sus piernas y ahí se encuentra su vulva, la chupo, le paso mi lengua suave, ella me aprieta con sus piernas hasta que sucumben a la fuerzas de mis manos, se toca toda, aprieta sus senos con su mano, enreda sus dedos con mi cabello, gime una y otra vez, jamás pensé que sería de esta manera, al borde de la extinción, con esos contagiados ahí afuera, con los carroñeros, los delincuentes y los locos, quizá algún que otro marine norte americano. Mi boca se deleita con sus senos, ella toma con su mano mi m*****o, estoy dentro de ella, se siente fantástico, ella aruña mi espalda, nos besamos. La volteo, se inca de rodillas, la tomo por su cabello y tiro hacia mí, a Jimena le gusta, el frio que sentía hace rato desapareció, miro su espalda, me planteo la idea de que esta mujer fue creada a base de lunares, le cuento siete en sus nalgas y varios esparcidos por su espalda, Jimena me ordena darle más, y como buen soldado obedezco, su rostro con parte de su dorso lo pega a las hiervas del suelo, me pregunto si sentirá frio, veo esa curvatura que dibuja su espalda y me excito más, aun con su cabello en mi mano pareciera que se lo voy arrancar. Luego se levanta, no sé qué trata de hacer, pero yo si se lo que hare, la tomo por sus caderas la pego en mi abdomen, me tumbo junto al roble, la sostengo justo de frente de mí, mis piernas aguantan los saltones de Jimena, su cabello, da la impresión de flotar, escucho el sonido de sus glúteos cuando chocan con mis piernas, se baja de mí, se pone de espalda, empieza un baile con sus caderas, un vaivén, toma mis manos y las lleva hacia sus senos, los siento tibios, su aroma choca con mi nariz, beso su cuello, su espalda, ella solo gime, le digo que estoy a punto de acabar, y es cuando se mueve más, desenfrenada, un movimiento unísono y frenético, murmura algo, no le entiendo, estamos sudando en medio de aquel frio glacial, se levanta, me dice que aún no está preparada para ser madre, y mi m*****o totalmente enloquecido se lo mete en su boca, siento que puedo flotar en ese instante, estoy a punto de tocar las estrella con las puntas de mis dedos, las piernas no dan para más, y no me guardo ningún secreto, digo algo en un idioma extraño, es algo nuevo para mí, por un momento me desconecto del mundo, pienso en otras cosas, no presto atención al más mínimo detalle de esta vida que nos ha tocado vivir, mies piernas trepidan, me siento más vivo que nunca, un regocijo recorre desde las puntas de mis pies hasta las puntas e mis cabellos. Vuelvo en sí, veo a Jimena aun con mi m*****o dentro de su boca, esboza lo que parece una media sonrisa, pasa su lengua desde mis testículos hasta la punta de la uretra, me mira fijamente, no existe nada más que yo y ella en ese lugar, vuelve a meterlo en su boca, me fascina, acaricio su cabeza, da tres sorbos más y traga, no se inmuta en nada, no escupe, solo traga complacida, caigo sentado en aquel roble, ya sin aliento, pero queriendo más, cuando ella se viste rápido, me pasa otra botella de agua, no dice nada, su rostro es un semblante serio, sin expresiones faciales, se pone su chaqueta para el frio, y se va, me deja ahí solo, no me salen palabras, porque no sé qué decir. Me visto completamente, me armo de nuevo, y subo a ver si la neblina ha pasado, efectivamente, es muy raro per la neblina ya no está, aun así, no veo un carajo.
-Los parpados de mis ojos se abren junto con el alba, los primeros rayos del Sol, me estiro con pereza, sí, me quede dormido, miro hacia abajo y ahí esta Amisaday con una taza llena de café, si, aprovechamos que aún se ve el café en estos momentos.
-¿La pasaste bien tortolito?
-Sí, espectacular, tuve un sueño extraordinario
-Lo sé, yo estaba vigilando, o sea estaba haciendo tu trabajo mientras vos hacías cochinadas
-¿Qué?- Pregunto sorprendido
-Bajate de ahí, anda a bañarte, hay agua en las tuberías, hay que ir a la ciudad para buscar medicinas, la niña está muy enferma
-Quedamos en que yo iría a la ciudad y los hermanos se quedarían en la casona mientras yo busco los antibióticos y demás medicinas, Bomej tiene la fiebre a cuarenta y no le ha bajado, me subo en mi camioneta, la enciendo, y manejo hacia las afueras de la finca. Manejando por esa carretera empinada, tomando café, escuchando un poco de música, me pregunto lo siguiente: ¿Por qué carajos Amisaday le gusta vernos? Quizá sea un cliché s****l que él tiene, han pasado casi veinte minutos y ya veo la carretera para entrar a la ciudad, preparo mi rifle, me lo coloco a un costado del cuerpo, reviso mi cuchillo de carnicero, lo vuelvo a guardar, y mi Glock la desenfundo para tenerla a mano, hay que ser precavidos. Entro en la ciudad, tomo la vía principal de Mérida, hay más animales que la otra vez, deambulan por esas calles en libertad plena, los cóndores sobrevolando el cielo, los gallinazos y otros tipos de aves, los osos frontinos ya no tienen miedo de ser vistos, lo que sí me parece extraño es la ausencia de perros, gatos veo por montones, incluso siendo devorados por los cóndores, pero los caninos no veo a ninguno, al parecer la domesticación le paso factura, paso por el mismo lugar del principio, veo una farmacia a la distancia, cuando muevo el volante para ir a la dirección de la farmacia, me doy cuenta que todos los cuerpos que vimos no están, freno en seco haciendo un ruido que espanta a las aves y otros animales, me quedo en silencio sin palabras, no sé qué pensar ¿Tendría que arriesgarme buscando las medicinas para Bomej? Tiene que recuperarse por sus medios, del motín que agarramos en la parada solo había vendas y alcohol, y una que otra pastilla para el dolor de cabeza, mis dedos tocan nerviosamente el volante, contengo la respiración ¿Dónde están los cuerpo que vi? No pueden ser contagiados del tipo uno, ni del dos, mucho menos del tres, las ventanillas se empapan de gotas de llovizna, ya siento el frio de la ciudad, preparo el rifle en caso de que algo suceda, mi arma de fuego lista en mi mano, me coloco la máscara, y doy de retroceso poco a poco, evitando pasar por encima de los cuerpos de animales muertos, cuando voy a la carretera que sale de la ciudad a otros pueblos, veo a mi izquierda una bengala, pienso que me jodi, no puedo llevarlos a la finca, no permitiría eso, Jimena, Amisaday y la niña, ve por el retrovisor unas tres motos que se acercan a gran velocidad, para mí no es problema, el problema es si hay un francotirador por los edificios o en los techos de las casas, espero que se acerquen más, me guardo la Glock, y preparo el rifle, saco del asiento trasero tres granadas, podrían ser de ayuda, mi camioneta es suficientemente grande para encarar esas motocicletas, cuando empiezo a girar el volante, unas balas chocan contra el vidrio de atrás, sin un rasguño, el rifle listo en mi mano más hábil, giro ciento sesenta grados y quedo frente a ellos, tienen armas largas, no dudan ni un segundo en disparar de nuevo, solo veo las chispas del capó por las balas que chocan, me doy cuenta que no son hábiles en eso, deben ser carroñeros, esto no es como las películas, las balas no son infinitas, disparan de nuevo pero se quedan sin municiones, actuó de inmediato acelero la camioneta en dirección a ellos, y hacen lo que yo quería que hicieran, se separan, uno a la derecha y el otro a la izquierda, abro la puerta de la camioneta pero no completamente, reposo el fusil en encima de la puerta, me bastan solo dos tiros para herirles de gravedad, vuelvo a mi lugar de adentro, unos segundos después los dos caen de esas motos, pero no voy hacia ellos, está la persona que ha disparado la bengala, no puedo buscarlo, me podrían emboscar, lo mismo pienso si voy a revisar a los sujetos de las motos, veo otra carretera que sale de la ciudad, tendré que escoger ese camino, me tardare más en llegar a la finca, pero es por seguridad, tal vez me sigan, los perderé por los senderos de los antiguos hacendados. Justo en el momento de llegar, me intersectan unos cinco hombres, con armas largas, apuntando a un hombre alto y fornido vestido de mujer, un hombre tiene un altavoz, aguardo tranquilo, no hay que desesperarse, no depende de mí esa vida.
-¡Deténgase! O le volamos la cabeza a esta marica- Dice el hombre con la pistola de la bengala
-No sé de donde salieron, son cinco fuertemente armados, el hombre vestido de mujer, parece ser un marine, niega con su cabeza y entiendo su mensaje, ese pobre diablo ha sufrido demasiado, quizás si duerme para siempre encuentre reposo.
-¡Salga de la camioneta! ¡Con las manos arriba! No le haremos daño
-El tipo da una señal, veo que traen a una jovencita, más o menos de mi edad, la colocan junto al soldado.
-¡Salga o le haremos daño a estas personas!
-Le han hecho mucho daño, es lo que me dice la mi intuición, y nunca falla, la jovencita es hermosa, tiene una mirada triste aunque va bien vestida.
-¡Salga! ¡Maldita sea!
-Puedo pasarles a todos por encima con la camioneta, pero no estoy apurado en lo absoluto.
-Veo al hombre tomar de un brazo a la chica, la lleva hacia el capó de la camioneta, la joven empieza a llorar cuando él se desabrocha los pantalones.
-¡Esta bien!- Grito mientras me bajo de la camioneta
-Eso es, solo tenías que hacer eso, solo obedecer como lo hace esta perra
-Quítese la mascar, el aire no es contagioso
-Me la quito, y observo bien a la joven
-¿Cómo te llamáis?-Le pregunto a la chica pero no me responde
-Ella no tiene nombre, además no le interesa a usted- La tumba a un lado- Pero usted que al parecer es un maldito maracucho me pagara los daños que me ha cometido
-¿Qué daños?- Le pregunto
-Mis dos soldaos que ha matado usted con tan solo dos disparos- Al terminar esas palabras el resto de la banda me apuntan con sus armas largas
-En un movimiento rápido de evasión, desenfundo mi Glock y los mato a todos.
-¡Que lentos! ¿No?- Le digo al marine que me mira perplejo
-Los libero, al marine y a la chica, pero no puedo llevarlos conmigo, no sé quiénes son, y no quiero saberlo, reviso a los hombres que he asesinado, no traen nada valioso.
-Buenos señores, son libres pueden irse
-Llévanos contigo- Me dice el marine
-¿Cómo te llamáis vos?
-Rodríguez, Robert Rodríguez
-A ver Roberto ¿Cómo es que un marine bien entrenado como vos ha sido secuestrado por estas bazofias?
-Al momento de lanzarme del avión caí en un lugar boscoso, perdí contacto con mi pelotón, a los tres días que desperté ya el caos estaba en estaba en todas partes
-¿Vos, lindura de cuentos? ¿Cuál es tu historia?
-Mataron a toda mi familia- Me responde con acento andino
-Bueno, ayer cuando pasé por aquí, había centenares de cuerpos por todas partes, ahora están solo estos tipos, no sé lo que ha pasado, así que yo me largo, lamentablemente no me los puedo llevar, esas motos de allá la pueden tomar y largarse a donde ustedes quieran
-Al momento de dirigirme a la camioneta, escucho un fusil cargarse, volteo con aires de superioridad, la realidad era otra, estaba totalmente asustado, me doy cuenta que es la chica.
-Nos vamos con usted, le guste o no.
-Me sorprende la seguridad de la chica, aun no se su nombre ni me atrevo en preguntárselo, miro al marine pero este Robert no hace absolutamente nada, abro la puerta de la camioneta.
-Quédese quieto, no quiere que le dé un disparo en las piernas
-Te acabo de salvar la vida niña mal agradecida
-no me importa, no tenemos a donde ir
-Quita el dedo del gatillo, estáis temblando y podrías dispararme
-Cuando la chica va hablar escucho un disparo a los lejos, un certero golpe sacude el arma de la muchacha, suelta un chillido de dolor, observo que el marine ni se inmuta, y busco el lugar de donde vino el disparo, es Jimena.
-¡Aquella Chica de allá! Es mi amiga, no hagan nada loco porque les vuela la cabeza
-Jimena llega a mi encuentro, le sonrío esperando la misma respuesta pero nada, esta seria, va hacia la muchacha, la revisa, no está herida, el marine parece confundido, Jimena le habla en inglés y el tipo sonríe aliviado, segundos después me mira y la sonrisa desaparece, Jimena toma de la mano al marine, y lo lleva hacia mi camioneta, luego lo hace con la muchacha.
-Vamos a llevarlos con nosotros- Me dice Jimena sin mirarme a los ojos
-¿Cuál es la razón?- Le pregunto
-No tienen a donde ir
-Va otra vez hacia el asiento de atrás de la camioneta del lado del copiloto, abro la puerta para ver qué sucede, y me da un vuelco el estómago cuando veo las manos de Jimena juntos a las del Marine