-¿Creen que habrá comida allí? Pregunta Jimena
-Primero hay que bajarnos para averiguar- Dice Amisaday
-Creo que encontraremos unos cuantos contagiados, mínimo unos diez- Añado
-Hay que bajarnos ya, si nos quedamos sentados todo el día aquí, no hacemos nada- Concluye Amisaday
-Lo mejor de todo esto son los lugares donde los buses de viajes largos hacían su pausa durante el recorrido, lo llamábamos las “Paradas” eran restaurantes en su mayoría, pocos eran como pequeños centros comerciales, sus galpones o sus sótanos, es en estos momentos como una cajita de sorpresas, no sabes lo que te puedes encontrar, pero hay dos cosas muy seguras, podemos encontrar, reabastecimiento de lo que más necesitamos o un montón de contagiados.
-De inmediato vemos a uno, hay que degollarlo, un disparo podría atraer a cientos de estos bichos, una marejada de estos repugnantes bichos. Es muy raro, corpulento, a su piel ennegrecida lo cubre algo gelatinoso, como una baba, y totalmente espeso, ampollas con pinta de que en algún momento podrían explotar, están en todo su dorso desnudo, está definido, es gracioso y aterrador a la vez, pienso que es propio virus, hace un extraño sonido, vemos esto por primera vez, apoya su frente en lo que parece un aviso publicitario.
-¿Qué coño es eso?- Pregunta Amisaday
-Un contagiado- Respondo
-Si no me decís no me doy cuenta
-Entonces ¿Para qué preguntáis?
-Shh, cállense los dos-Murmura Jimena- ¿Quién lo va hacer?- Pregunta al fin
-Voy- Amisaday
-Saca de un estuche su navaja, para mí es como un machete, un pequeño machete. Veo a mi amigo bajarse de la camioneta, deja la puerta entre cerrada, cubre su nariz y su boca con un trapo, veo a mi amigo ir lentamente y con cuidado, cada vez que sucede algo similar el tiempo parece ser eterno, respiramos pausadamente, escuchamos los latidos estéricos de nuestros corazones, a pesar del calor sudamos frio, una ansiedad esquizofrénica se retuerce dentro de nosotros, todo se escucha porque estamos preparados por si algo sucede. O tal vez no.
-Bien sabemos poco sobre estas cosas, pero una de las cosas más importantes es el siguiente, si los contagiados no tienen ningún incentivo para moverse, caminar o correr se quedan estáticos, como si invernaran. Los calificamos en tres partes: los primeros son los más violentos, descuartizan por completo a la víctima. Los segundos esos son difíciles de distinguir de los primeros, solo te muerden para contagiarte, y como dice Amisaday, igual te joden. Una parte, es menor la cantidad, se parecen al que está a punto de ser degollado por mi amigo, pero estos son extremadamente delgado, escuchan pero no pueden ver, son ciegos, segregan en su sudor algo altamente tóxico, vomitan esporas viven pegados a cualquier superficie plana, como una pared, el suelo o un aviso publicitario. El segundo grupo y el tercero mueren de inanición, eso creemos no estamos seguros.
-Amisaday se acerca un poco más, se coloca una máscara antigás, la cual siempre lleva a un costado de su cuerpo cuando no la usa, observa detenidamente al contagiado. Luego de unos largos segundos voltea si mirada hacia nosotros, se quita la máscara y observo su cara de preocupación. A continuación penetra su navaja en el lugar donde se conecta la espina dorsal con la cabeza, vemos salir del cuello de aquel infeliz contagiado una mucosidad gris, el contagiado cae de inmediato. Amisaday vuelve a colocarse la máscara.
-¿Por qué coño de la madre te quitaste la maldita mascara?- Le pregunta su hermana.
-No veía muy bien, me obstaculizaba para ver, cuando me la quité observe que no se movía, y de pronto comenzó a jadear, se quejaba, como si supiera que estaba a punto de ser degollado.
-Parece distinto a los demás- Digo con tono de preocupación
-Bueno, en fin, no somos científicos, vamos por lo que vinimos
-Los hermanos discuten por unos breves segundos. Amisaday y yo vamos a revisar primero, Jimena espera en la camioneta, si es seguro el local, vendremos por ella. Caminamos con cuidado hacia la entrada, llevo en mi mano una Glock, y mi hacha, Amisaday aun con su navaja.
-Al llegar al local, nos detenemos en la entrada, las puertas están cerradas con seguro, nos asomamos por una de las ventanas y nos percatamos de las luces encendidas, el cristal de la ventana está frio, al parecer el aire acondicionado funciona muy bien.
-¿La camioneta está suficientemente retirada?- Pregunta Amisaday
-Si ¿Por qué?
-porque hay gente en este lugar
-¿Cómo así?- Pregunto
-Hay personas acá y tengo la sensación que no son muy amables
-Me preocupo inmediatamente, por cómo están las cosas es mejor prevenir.
-Hay que estar atentos a cualquier cosa-Me dice Amisaday- cualquier vaina corremos directamente a la camioneta, nos pueden jo-Vemos abrirse una puerta.
-Nos agachamos con tiempo, nos apoyamos sobre aquella pared, debajo de la ventana, Amisaday guarda su navaja, para desenfundar su arma de fuego, igual a la mía.
-Amisaday guarda esa cosa, y saca tu navaja
-Mi alma mijo ¿Para qué?
-Vos con la navaja lo podéis asesinar sin hacer ruido, tanto ruido, si no vemos ningún problema la podéis usar, en tal caso si empeora la situación, yo te apoyo.
-Coño de la madre guajiro, no te entendí.
-Hacelo mijo
-Supongo que es lo mejor.
-Un hombre abre la ventana, refunfuña algo, pero poco a poco logramos entender lo que dice.
-Me cago en la puta madre que lo parió-Suelta al fin con acento un poco extraño- Le dije que faltan más personas, yo no puedo andar con uno solamente ¡Que arrechera!
-Apenas logro visualizar su mentón, no lleva ningún tipo de mascar.
-¡Fermín!- Me asusto, se me encoge el estómago-¡Fermín!-Grita de nuevo-Amisaday vacila con atacarlo, contengo la respiración, miro hacia la camioneta, logro visualizar a Jimena, imagino lo asustada que debe estar- Ese marico se quedó dormido otra vez- De pronto me doy cuenta del color de sus ojos, ojos negros, con una mirada de muerte, toma su escopeta, pero logro desamarlo inmediatamente, tapo su boca con mi mano derecha, y lo inmovilizo, Amisaday le abre una zanja en la garganta, el tipo tirado en el suelo, escupiendo sangre, sonríe.
-¡v***a!- Amisaday suspira- Hay que entrar
-¿Vos estáis loco? ¿Cómo vamos a entra?
-En la distancia vemos a Jimena bajarse de la camioneta, pero Amisaday le deja en claro con señas y demás que no lo haga. Dejamos el cuerpo tirado allí, y entramos por la ventana.
-Hay que buscar a ese tal Fermín- me Susurra
-Creo que se encuentra arriba de nosotros, en la azotea- Le digo a mi amigo
-Entramos por la puerta que el tipo muerto dejó abierta, diagonal en dirección hacia nosotros hay un pequeño salón con escaleras. Subimos por ellas con cuidado. Salimos hacia el exterior de la azotea, y efectivamente el tal Fermín está dormido.
-Hay que matarlo- Un brinco del susto dimos cuando escuchamos a Jimena detrás de nosotros.
-Amisaday limpia su navaja ensangrentada, con el suéter del chico, no hay nada acá arriba, al bajar al pequeño salón se escucha una gran bulla detrás de una de aquellas puertas.
-Entramos por un pequeño espacio, hay un muro más o menos de un metro de largo de altura, hay unas escaleras que descienden.
-Nos asomamos con cuidado sobre aquel muro. Vemos a unos 15 hombres armados, aparentemente están en una especie de fiesta ¿Quién carajos organiza una fiesta en estos momentos? Hay mujeres, con hombres teniendo sexo delante del resto. Es lo que más temía, esas mujeres están siendo violadas.
-Mi amigo me mira, tiene esa cara cuando no quiere que yo haga algo peligroso, pero ¿Cómo no hacerlo? Toda mujer tiene derecho a vivir y estar bien, en este siglo y en el venidero, el volumen de esa canción está muy alto, sería una ventaja, al menos para cargar nuestras armas, estamos sentados en el piso sin saber qué hacer, mi amigo me aconseja salir de prisa de ese lugar, esas mujeres no son nuestro problema, Jimena le reclama, lo insulta, todo en voz baja, de pronto se escuchan silbidos y griteríos, cuando levantamos la mirada sobre el muro para ver lo que sucedía, me quedo inmóvil, sin palabras, con ganas de arrancarle la vida a esos cuerpos masculinos, y echarla a lo último de la faz de la tierra. Uno de ellos, muy alto, de hombros anchos, barba prolongada, calvo y con lentes de Sol, sale de una pequeña habitación, con diez niñas entre los nueve y trece años de edad, están encadenadas unas a las otras, desnudas, con los ojos vendados, la colocan en fila como para subastarlas, exhibiéndolas, todas las niñas son blancas, un escalofrió recorre toda mi piel, no puedo quedarme con los brazos cruzados, tendría que actuar, no es correcto ver el mal que cometen, y dejarlos así, ¡tienen que pagar! Escucho a mi amigo decirme que no lo haga, Amisaday sabe muy bien de lo que soy capaz, desenfundo mi arma de fuego, le quito el seguro y la cargo.
-Un estruendo invade el júbilo de esos matones, todos ellos tardan en saber el origen de ese disparo, el tipo calvo cae al suelo con un agujero en la parte occipital de su cabeza, se escucha otro disparo, esta vez no soy yo, Amisaday le atina en la frente de uno de ellos, disparo de nuevo aprovechando su confusión, directo en el cuello de un delgaducho, otro disparo, veo la cara de un gordo esparcirse a su alrededor, Amisaday le abre un agujero en la cabeza al tipo que gritaba el lugar donde nos escondíamos. Nos cubrimos a tiempo, es como si nos refugiáramos debajo de un techo de cin de la torrencial lluvia, esos tipos tienen armas de guerra ¿Tendremos suerte para escapar de ésta? No lo sé, podemos sentir como el muro se mueve con violencia, observo a Jimena, respira con tranquilidad, concentrada, veo la razón por la cual está en ese estado, una granada fragmentaria en cada mano, si logra lanzarla, las niñas estarían en problemas incluso las mujeres ¿Un mal por un bien mayor? En la vida hay decisiones difíciles de tomar a la ligera, decisiones que podrían perdurar toda la vida, dejar algunas vidas por otras, ¿Seriamos capaces de hacer ese sacrificio? Hay que salir de ésta, luego habrá tiempo para lamentar las vidas inocentes perdidas, en esta situación de austeridad, las decisiones se deben tomar rápidas, Jimena nos pide que la cubramos ¿Pero unas armas de corto calibre podrían hacerle frente a todas esas largas? Según mis cuentas quedaría uno diez hombres, pero por lo visto es como si detrás de nosotros estuviese todo un ejército de mil hombres, contamos hasta tres, salimos a cubrir a Jimena, disparo tres veces y le doy a uno en el pecho, se desploma sin vida al suelo, Jimena lanza las granadas y nos cubrimos de nuevo, en ese corto tiempo vi como las mujeres se defendían, mordían, golpeaban a esos hombres, me pareció ver más tipos armados hasta los dientes, estallan aquellas granadas y los disparos cesan hasta el punto de un silencio total, recargo el arma, Amisaday hace lo mismo y Jimena aprieta en sus manos un fusil de asalto, un destello al fondo del galpón, la bala pasa rosando mi mejilla, lo veo cubriéndose detrás de unas cajas de madera, un disparo, en su frente, se sacude hacia atrás y cae, Amisaday liquida a dos más, veo a Jimena avanzar como lo hacen los comando elites de las fuerzas militares, aprieta el gatillo cuatro veces, cuatro cuerpos caen sin vida, busco con la mirada atenta los dos que restan, rápido Amisaday me da instrucciones, están despedazados, intuyo que fueron por las granadas, nunca en esta situaciones hay que bajar la guardia, eso lo entendemos muy bien. No pasan ni dos minutos cuando en la última habitación de aquel galpón, disparan, son bastante, no logro contarlos, nos separamos para cubrirnos, disparan como locos desde esa habitación, Amisaday me da las señas de tenerlos en su mira, uno, dos, tres, cuatro, cinco… espera un rato, seis.
-¡Se escapa!- Grita Jimena
-Empuña su fusil, le da en la pierna a un tipo que iba corriendo hacia una puerta trasera, el hombre maldice, una y otra vez, llega hasta la puerta cojeando, la abre y sale hacia el exterior.
-Encargate de él, nosotros nos quedamos acá- Me dice Amisaday
-Sé que no puede ir rápido, no puede ir muy lejos, la herida de su pierna es muy grave, Jimena me da su fusil, guardo mi pistola, camino hacia el fondo del galpón, no escucho nada, no quiero preguntar por las niñas. Paso por el lugar donde las mujeres estaban siendo violadas, todas muertas por herida de bala, es una escena espeluznante, recargo el fusil con municiones e imito a Jimena hasta salir de aquel galpón, mi mirada se dirige casi en automático al lugar donde el tipo se arrastra, va en dirección hacia una camioneta, se encuentra a una distancia de veinticinco metros, camino hacia él, pienso en una escena de esos canales de televisión sobre animales, un León asechando a su presa, escondiéndose en los arbustos, con la mirada fija, con la respiración controlada, a paso lento mientras observa a su víctima comer, un León atento, su atención puesta sobre la víctima, atento a un ruido, atento a un movimiento, atento sobre cualquier cosa, esta vez no es un León y otro animal, soy yo y el animal de ese tipo, en realidad es una ofensa llamarle animal, el dirige su mirada hacia mí, noto el terror en sus ojos, quizás sepa cómo se le hacía pagar a los violadores cuando nada de esto estaba sucediendo, cuando no habían contagiados persiguiéndote para destriparte, escucho al hombre decir algo, pero no lo entiendo, una fuerza de odio invade mi cuerpo ¿Es una tarea difícil para Dios perdonar este tipo de pecado? Para mí el único perdón para estos energúmenos violadores es la muerte, sin antes de sufrir, de mucho sufrir.
-Me pongo los guantes, saco mi cuchillo de carnicero, el tipo me ve y empieza a llorar, ya se arrastra por su fuerza de voluntad, observo su ametralladora a un costado de mí, se deshizo de ella pues mucho peso en su condición, el tipo grita quizás para poder llamar la atención de alguien, me pide dejarlo vivir ¿Aquellas niñas habrían suplicado lo mismo? Le suplica a Dios, le ruega, llora a bocajarro, le pide a Dios un milagro, cuando me agarra de sorpresa, solo estoy quieto, no respiro, siento a mi corazón latir a mil por minuto, un frio en todo mi cuerpo, Dios me dio el milagro a mí, escucho un solo el zumbido de su pistola, un solo disparo, no me ha dado, si ha pasado cerca de mi cabeza, el arma se le engatilla ¡Milagro doble! Cambio la frase de alguien más, perdonar a los violadores es cuestión de Dios, llevarlos a donde se encuentra Él es cosa mía. Estoy encima de él, sus brazos ya no tienen fuerza, es fácil ponerlo en sumisión.
-¿Cómo te llamáis?- Le pregunto
-¡No por favor!
-¿Cómo te llamáis?- mis dedos se introducen en la herida de su pierna
-¡No por favor!- Me suplica llorando de dolor
-¿Cómo te llamáis?- Pregunto de nuevo
-¡Daniel! Dani… ¡Ah! ¡Daniel! ¡Daniel! no me mate
-A ver Daniel, me disparaste ¿Cómo queréis que te perdone la vida? A parte, no se te olvide, las violaciones y asesinatos que se han cometido en este lugar o ¿A caso vos no tenéis nada que ver?
-Yo solo cuidaba la parte trasera del galpón, no tengo nada que ver, hasta a mí me maltrataban, por eso huí ¡Por favor! ¡Saca tu mano de mi herida!
-Se acerca Amisaday, me pone su mano en el hombro, observa al hombre herido, hasta que por fin habla.
-Lo siento, todo fue un gran desastre, solo sobrevivieron dos, este tipo y una niña, Bome se llama, la niña pudo decir algunas cosas, este tipo le dicen Rafaelito, es el líder, bueno lo era, te cuento el resto luego.
-¡Mira vos!- Amisaday de detiene en seco cuando regresaba al galpón-Prestame tu hacha.
-No la vais a romper, los huesos son duros-Me da el hacha.
-El hombre llora desconsolado, sabe lo que le espera, acaricio su rostro con el filo del hacha, de mis labios sale una melodía en un silbido suave, se aterroriza más cuando le enseño mi cuchillo de carnicero, le hao sentir su frita punta en la garganta.
-Decime donde hay gasolina, comida y municiones y te dejare vivir
-En la… en la segunda habitación yendo a las escaleras donde se encuentra el muro, ahí está la comida, en la segunda y tercera de igual forma, en la penúltima las municiones, en aquella pieza de allá la gasolina.
-¿En esa que parece una casa en construcción?
-Si
-Está bien, te dejare vivir
-Le amordazo, y empiezo a desmembrarle su brazo izquierdo, el hombre apodado Rafaelito grita de dolor, pide clemencia, misericordia, pide piedad, yo le recuerdo las atrocidades cometidos por él y sus matones. Llego al hueso, uso el hacha de mi buen amigo, dos golpes certeros y levanto su cochino y corrupto brazo izquierdo donde sus ojos lo puedan ver, luego me encargo de su brazo derecho, e igual forma a sus pierna, tengo sangre en la camiseta, veo el trabajo que realicé, me doy cuenta lo incompleto que está, saco sus ojos de sus cuencas, le mutilo sus orejas, a continuación busco en la camioneta la caja de herramientas, tomo el alicate, sus dos dientes frontales se los quito y los guardo en mi bolsillo, veintidós pares de dientes llevo en mi colección. Ya dientes restantes están esparcido por el suelo, lo curioso de esto es que el tipo debería estar inconsciente, pues no lo está, sus cuencas vacías dan una apariencia de estar viéndome, de pronto ríe sin pudor, paso el hacha por su escroto para colocárselo en su frente, tiene una expresión interesante, de terror, de odio, de miedo, y la esperada por mí, la de sufrimiento, increíblemente aún vive, le pidió a Dios vivir, pero se le olvido darle las condiciones, como él no la pidió a mí.
-Durante nuestra requisa en aquel lugar nos encontramos con todo, desde alimentos, municiones, ropa, envases con agua mineral, camionetas, y galones lleno de gasolina, de las camionetas hay dos en particular, son blindadas, una variedad de autos una vans con blindaje.
-Estamos bendecidos, bueno eso creo, ¡Gracias Dios!- Jimena me mira un poco extraña.
-No podemos dejar nada valioso atrás, Jimena se va con Bomej es como se llama la única niña sobreviviente, en una de las camionetas, se lleva la mayor parte de comida, Amisaday en la vans con los galones de gasolina, algunos envases de agua, parte de la comida, ropa y municiones, si, irá en una maldita bomba de tiempo, por mi parte iré en la segunda camioneta con blindajes, llevare seis cauchos para repuesto, herramientas, galones de agua y alimentos, Jimena tiene un vehicula militar blindado M.R.A.P. Amisaday la vans modificada y pues yo una knight XV, un vehículo blindado que suelen usar personas importantes, en realidad no sé qué hacen estas cosas acá, bien sabemos anteriormente los llamados “Pranes” lideres carcelarios y de bandas criminales movían una alta cantidad de dinero, pues este es el caso, nos topamos con uno, Rafaelito. Luego de un largo rato nos preparamos para ir a nuestro destino, no sabemos absolutamente nada de lo que pasa en otras partes, y es irónica esta situación en la cual nos encontramos, no ha habido corte de electricidad, ni de agua, en las casas aun funcionan las tuberías de gas, pero no hay señal en los teléfonos, ni en la televisión desde aquel día D. Decidimos descansar en la pequeña finca de los hermanos, en ese lugar pasaban sus vacaciones, un pueblito a las afueras de la ciudad de Mérida.
-La vans va detrás del vehículo militar manejado por Jimena, y yo voy delante de ella.
-¿Cómo salimos de ahí? ¿Alguien me lo puede decir?- Dice Amisaday por la radio que le añadieron a los vehículos- Fue una locura.
-Es un milagro- Respondí recordando las oraciones de Rafaelito.
-Totalmente ilesos, bueno, al menos nosotros tres y la niña.
-Como en una película- Dice Amisaday
-Llegamos a la ciudad y el panorama es terrorífico, casas, centros comerciales destruidos, en la vía hay pequeños montones de cuerpos sin vida y regados por todas partes, no tenemos otra opción que pasarles por arriba, sus huesos crujen cuando paso por ellos con la camioneta, asombrosamente hay animales por estas vías, dichosos ellos, tres días después del ataque, escuchamos el rumor que los animales están contagiados mas no presentan síntomas, el virus o la toxina no hace nada en ellos, pues son portadores, tenemos miedo de consumir su carne, nos podríamos contagiar, en buena hora para los veganos, los contagiados no los atacan, pues sabemos la razón, están enfermos por así decirlo, y los contagiados solo buscan un huésped sano.
-Hay cóndores sobre los tejados, vacas y toros, osos frontinos, vemos pumas descansando sobre los capó de los vehículos, de seguro liberaron a los que tenían en los zoológicos, la fauna silvestre emergió sobre tanta porquería, han quedado libres reclamando su territorio.
-Tengo que recargar gasolina, estoy casi en cero, bueno, yo no, la camioneta lo está.- Digo por el radio transmisor
-¿No lo hiciste en la parada?- Pregunta Amisaday
-No revisé, quería salir lo más pronto posible de ese lugar.
-Nos estacionamos en un lugar donde no hay cuerpos, desembarcamos Amisaday y yo, excepto Jimena por seguridad.
-Tenéis que estar más pilas-Dice Amisaday- No nos podemos dar el lujo de parar así, o a cada rato.
-Lo sé ¿Podemos quitarnos las máscaras?- Pregunto
-No lo sé, estamos rodeados de cuerpos y animales salvajes, lo mejor es no hacerlo, no sabemos si por la cantidad de portadores el aire sea contaminante.
-Termino de recargar de combustible la camioneta.
-Mira vos todos estos cuerpos ¿Lo revisamos?
-Es mejor dejarlos así
-¿Por qué siguen así? ¿Qué les habrá pasado?
-No lo sé, no estuve aquí, mejor para nosotros
-Desobedezco a Amisaday, y camino rumbo hacia un sujeto de piel morena, lleva una chaqueta amarilla, unos jeans azules y solo su pie derecho tiene su calzado deportivo. Tiene una expresión de estar dormido profundamente, le doy unos golpecitos con mi cuchillo de carnicero, pero ni se inmuta, la piel está tiesa por el frio, el filo de mi cuchillo toca su garganta mientras lo reviso, en los bolsillos de su chaqueta no hay nada más que basura, reviso los bolsillos de su jeans, un poco de dinero, veintisiete dólares, y al parecer una carta y su teléfono móvil, guardo la carta y el teléfono y regreso a mi camioneta.
-¿Conseguiste algo?- Pregunta Amisaday
-Un teléfono y una carta
-Miren el cielo-Dice Jimena por radio- A su izquierda
-¿Qué coño de la madre es eso?- Amisaday se queda perplejo
-A los lejos se observa como una estrella fugaz, pero el esplendor es rojo, dejando una delgada línea del mismo color. Es espeluznante, tétrico y hermoso.
-¿Por qué siempre en la izquierda se dibuja un paisaje atractivo cuando siempre termina mal?
-No lo sé, debe ser un satélite- Añado
-Compadre, los satélites que teníamos emigraron hace mucho tiempo- Me dice Amisaday
-Los dos reímos por ese mal chiste
-Falta poco para llegar a la pequeña finca, la carretera pareciera encogerse cuando más avanzamos, a un lado de la carretera parte de la gran montaña, y al otro un gran precipicio.
Hace tiempo Atrás
-¡Vamos! ¡Apurate!- Le grito Jimena
-¿Dónde?- Responde ella
-¡Apurate!- Le grito de nuevo
-Pero me da miedo esconderme sola, además es de noche y hace frio
-Bueno está bien, ahí en esa mata rara- Le respondo
-Es un árbol- Responde Jimena
-Bueno, lo que sea
-¡Listo! ¡Allá Voy!- Grita Amisaday
-Descubrimos que detrás del árbol hay un tractor que no funciona, Jimena me abraza, tiene una mezcla de olores, su perfume de niña, talco, su cabello que le cae hasta los glúteos huele a pinos, respiro el aroma de Jimena y la encuentro hermosa como siempre.
-Tengo frio- Dice mientras me aprieta a su lado, la mejor excusa, le doy mi abrigo ella se lo pone, pero no se separa ni un centímetro de mi lado.
-¿Estáis bien?- Le pregunto, ella dice que sí, su piel blanca da la impresión de iluminarse bajo la luz de la luna, me quedo mirando sus pecas, ella baja sus abrigos hasta la altura de sus codos, tiene una blusa de tirita azul, veo el sujetador de ella, entrelaza sus dedos con los míos, sus pechos de niña entrando en la adolescencia los pega a mi brazo derecho, muerde sus labios al verme tan cerca de una forma coqueta, jamás lo había hecho de esa forma, recoge su cabello para dejarme ver parte de su cuello.
-Nunca he besado- Me confiesa en un susurro
-Yo tampoco- Le digo
-Ella me mira, observo sus ojitos como brillan, sus mejillas se pintan rojas de pronto, nace de aquel rostro hermoso una sonrisa nerviosa, esperando algo, unas palabras, una señal, un hecho, su mano aprieta la mía, es extraño, no deja de mirarme.
-¿Estáis bien?- Le vuelvo a preguntar
-Por mi detendría el tiempo para estar así- Me lo dice con ese rostro esbelto
-Yo no- Le digo
-¿Por qué no?- Su rostro se torna triste
-Porque tengo ganas de mear