-¿Dónde está Dios cuando más se le necesita?- Pregunta Amisaday de forma despectiva
-Seguro debe estar entretenido viéndonos desde arriba mientras que come cotufas, en su cine celestial-Le responde su hermana Jimena
-Dejen la bobería, no tiene nada que ver con este desastre, además ninguno de ustedes cree en El o ¿Si?
-Les pregunto al sentarme a desayunar, siempre me da celos cuando este par de hermanos se refieren así de Dios, desde pequeño lo he sentido, Amisaday y Jimena son mis mejores amigos, los conozco desde que tengo uso de razón, dejaron de creer en Dios desde que sus padre murieron en un asalto, el señor Rafael se resistió al atraco como consecuencia le destrozaron el rostros a punta de balazos, y la señora Consuelo dicen que la violaron antes de asesinarla, no pudieron hacer mucho ya que los delincuentes eran funcionarios, típico de aquí país llenos de corruptos y ciudadanos marginales, los hermanos salieron del país por un tiempo, pero regresaron dos día del cumple años de Jimena, hace cinco años, estaba junto con ellos así, sentados en una simple reunión, celebrando ya que Jimena cumplía su mayoría de edad, la misma noche que empezó todo este desastre.
-¿Qué pensáis?- Me pregunta Jimena
-En esa noche
-Le respondo mientras tomo un sorbo de café con leche, Jimena me reclama poniéndose sonrojada ya que no le gusta que le recuerde ese día, el desayuno de hoy es una divinidad celestial, arepas untadas con mantequilla, rellenas de jamón y queso, estamos lejos de casa, de Maracaibo vinimos a dar a Mérida, dicen que no hay vida en el Zulia…
-Amisaday termina su desayuno a continuación, se levanta de su asiento para preparar la camioneta e irnos de este lugar, me tocará levantar el campamento con Jimena, una chica rubia natural, cada vez que veo cuando el viento agita su cabello me parece grandiosa, realmente grandiosa, como una capitana encargada de todo un ejército listo para pelear, unos ojos azules sobre sus pómulos pronunciados, no es cualquier muchacha, es mi amiga.
-¿Tu máscara antigás?- Me pregunta Jimena
-La tengo a mano
-Le respondo, esa manera de ella de cuidarme, me pregunta cómo fue mi día, si me siento bien, que haré después, y que haré luego, cuidado por aquí que puede ser peligroso por allá, que si ya comí algo, si tengo se, si tengo sueño, esto y lo otro, parece mi mamá.
-¿Por qué te gusta tanto el café con leche?
-No lo sé, la culpa es de mi mamá, nunca me preocupé en preguntarle, y ahora menos que debe estar por allí comiéndose algún otro sujeto… duele saber que ya no la podré ver más.
-Tu mamá me caía bien, hasta que intentó morderme- La desgraciada se ríe, me gusta cuando ríe, me gusta verla reír.
-Sois una desgraciada, no te rías.
-Amisaday entra de nuevo, un poco molesto porque nos tardamos, nunca hay que tardarse cuando se duerme a la intemperie, puede ser muy peligroso, esos “Bichos” como los llama Jimena son súper rápidos, además de ellos, se encuentran otros tipos como nosotros tratando de sobrevivir a esta vaina, mas locos que nosotros, sin contar a los Marines gringos que andan por allí, y soldados de la república unos son buenos incluso vamos hacia un campamento que ellos levantaron en el páramo de Mérida, y otros sólo están por allí fastidiando la vida.
-Coño de la madre ¿Tengo que levantar esta vaina yo?- Amisaday está furioso.
-Nos apresuramos, Amisaday se va afuera a que sabe que, ayudo a Jimena a guardar los platos y la comida, ella los lleva a la camioneta yo me quedo desarmando el campamento. Apago la fogata que Amisaday hizo no se para que, llevo las ultimas cosas hacia la camioneta, Jimenita como yo la llamo, es otra guerrera. Amisaday enciende la camioneta y nos vamos rumbo al paramo.
-Amisaday acordate que tenemos que buscar un súper mercado para conseguir comida, casi no tenemos
-Y gasolina- Añado a la lista de tareas
-Ya estamos cerca de la ciudad, llegaremos dentro de media hora- Contesta Amisaday
-Ayer dijiste lo mismo malayo, y mira, tuvimos que dormir en esa vaina donde dormimos, buscando que nos roben y maten.
-Y nos violen-Dice Jimena
-Bueno busquen a otro- Responde sarcásticamente Amisaday.
-Son las diez de la mañana, el día está caluroso, estamos por llegar a la ciudad de Mérida, me despreocupo como siempre, y apoyo mi cabeza en las piernas de Jimena, la noto un poco preocupada, sus manos entre mis cabellos, me acaricia, siempre lo hace, sus dedos finos juegan haciendo remolinos, Amisaday coloca el reproductor de música, esta vez es AC/DC deleitándonos con su Thunderstruck, sale a relucir el solo de guitarra y luego comenzamos a tararear ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Thunder! Todos a coro.
5 Años Atrás
-¡v***a! Vos si estáis feo mijo
-Amisaday extiende sus brazos para abrazarme- ¡No joda! Marico estáis raquítico- Me abraza fuerte- hermano, te extrañé mucho- Ríe
-¡Vaina! También te extrañé
-¡Que molleja! Dichosos los ojos que te ven- Es Jimena y está jodidamente hermosa
-¡Jimena!
-La abrazo y siento de una vez que su cuerpo ha cambiado- ¿Cómo estáis vos? Habéis crecido un montón, ya podéis ir al antro legal con tu cedula- Los tres nos abrazamos un largo rato.
-Son las dos de la madrugada y al fin quedamos solos los tres, la familia y algunos amigos cercanos se fueron, me quedaré por esta noche en casa de los hermanos, es un apartamento lujoso, en unas de las partes más excéntricas de Maracaibo. No han cambiado en nada, Amisaday sigue igual, con su cabello hasta los hombros, esas latas costosas que tienen sus dientes, toda la vida lo ha tenido, lo único diferente son sus tatuajes, sus brazos están cubiertos de ellos en acuarela, curiosamente en su antebrazo derecho tiene un árbol con los nombres de sus padres, de Jimena y el mío, las raíces forman la palabra familia.
-Tawala- Me susurra Jimena- volvió más loco de lo que estaba- Concluye refiriéndose a su hermano.
-Y, ¿Vos?- Le pregunto
-¿Yo? Pues, no- Me acaricia el cabello sonriendo- Yo siempre he estado cuerda.
-¿Segura de eso?- La miro fijamente
-¿Qué estáis presumiendo?
-Todos tenemos algo de locura, y, en algún momento de nuestras vidas es notorio en nosotros, cuando la realidad es diferente a nuestra perspectiva.
-¡A la v***a! El guajiro salió filósofo- Ríe con ganas- ¿Alguna vez estuviste loco por mí?
-Esa pregunta me deja frio, creo que me sonrojé, al ver la expresión de Jimena creo que sí, no sé qué responderle, la miro detenidamente, y está ¡Buenísima!
-Este… yo…
-¿Qué paso marico?- Interrumpe Amisaday- ¿Por qué estáis rojo como un tomate?- Mira a Jimena y luego a mí.
-Salió filosofo- Jimena le responde por mí.
-¡A la v***a! Ahora si fue verdad
-Nada de eso, y ¡Deja de decirme marico!- Le reclamo
-Ah, cierto, a vos no te gustan las groserías- Me mira de frente- De verdad, marico, lo siento, no vuelvo a decir “Marico”
-Muy difícil- Añade Jimena- este loco se buscaba muchos problemas por la forma de hablar, su dialecto pues.
-¡Marginales!- Les discrimino
-¡A la v***a! –los dos hermanos responden unísonos.
-¿Dónde vamos a dormir?- Les pregunto
-Vos en mi habitación... Jimena en la de ella, y yo…
-Vamos a dormir en la terraza- Propone Jimena
-¿Todos?- Pregunto
-Claro, voy por mi pijama
-Hermano, Jimena te quiere coger- Me confiesa Amisaday
-No digáis bobadas, y se serio, somos prácticamente hermanos- Le digo
-Mira primo, vos no te dais cuenta en la forma como te mira, desde carajita te mira como si vos fueses el ultimo Mardito guajiro del mundo.
-Es “Maldito” no es “Mardito”
-Yo hablo como se me dé la gana, además estamos en Maracaibo, es entendible, paya- Antes de que Amisaday terminara la frase, todo queda a oscuras- ¿Se fue la luz?- Me pregunta Amisaday
-La electricidad, si, se fue- Le respondo
-¡Coño e’ la madre!- Refuta entre su vocabulario obsceno
-¡Coño!- Es Jimena- Se fue la luz
-Todos reímos, no sé porque, tal vez sea cosa de nosotros, preparamos la terraza para más comodidad. A pesar que todo a nuestro alrededor está a oscuras, podemos divisar, la poca hermosura de una parte de la ciudad sumergida en una casi anárquica situación.
-La Luna brilla y se hace notar con su esplendor, el viento sopla agradablemente, Amisaday se encuentra al otro extremo del mío, Jimena en el medio con un montón de peluches, como es de esperar, en casi toda las reuniones, cuando me quedo a dormir, hablamos, reímos, de aquellas anécdotas cuando éramos niños, las travesuras que hacíamos, los castigos, quien estaba enamorado de quien, quien beso a quien, como si fuese algo importante en la vida, la realidad es, y son, los pequeños detalles, son esos que solo toca recordarlos, son, en realidad, importantes en nuestras vidas, cuando forjas una amistad duradera.
-Estoy incomodo aquí, mejor duermo adentro, abro la ventana y listo
-Mi alma mijo ¿Por qué decís eso?- Le pregunto a Amisaday
-Porque si- Me contesta
-¡Vete ya no quiero verte!- Jimena empieza a cantar burlescamente- ¡Machista insignificante! Te crees más hombre que todos, por tener varias amantes- Jimena empieza a reír.
-Al cabo de un buen rato, estoy solo con Jimena, y lo que me dijo Amisaday me tiene algo perturbado, pienso en como romper este silencio que se apoderó desde que se fue Amisaday, pero no sé cómo, ¿Es posible lo de Jimena? En realidad no me había percatado de aquello, ¿Sera cierto? Volteo a mirarla, mi sorpresa es que, me la encuentro de frente, muy, pero muy cerca de mi rostro, quedo frio al instante, me sudan las manos y las piernas me tiemblan, la verdad, Jimena se ve, Jodidamente hermosa, sonríe, ¡Dios mío! Esos ojos azules son como un cielo estrellado de vida sobre un campo de girasoles que sonríen de frente al Sol, poseen un brillo sobrenatural, con esa mirada percatada de lo que es hermosura. Me toca el rostro con su mano, y se me escapa una sonrisita tonta, esto debería ser al contrario, yo en su posición y ella en la mía, al parecer, las cosas no suelen suceder siempre así de esa manera, suspira, acomoda su cabello debajo del hombro, dejando su cuello desnudo, y sonríe, pasa su mano por mi pecho y desciende, ¿De donde aprendió eso? Su mano entra debajo de mi ropa interior, y siento sus fríos dedos-Tócame- me pide, trago grueso como el propio pendejo, pendejo seria no hacerlo, la piel de su rostro es suave, siento como nace una erección en su mano, meto mi mano en su pijama, siento el calor de sus senos, son firmes, ella suspira, los toco una y otra vez, su mano empieza a juguetear con una erección que lo pide desesperadamente, al momento de cerrar sus ojos y dar un gemido, termino excitándome como nunca lo había hecho, muerde sus labios, mi mano empieza a descender, bajo su pijama- Así – me dice, mi corazón esta como un loco, queriendo salir a ver qué es lo que lo tienen tan eufórico, mis dedos se posan entre sus muslos, su respiración se agita al momento de tocarla- Así – Me vuelve a decir, y ella me aprieta más, es, sin duda, bella, y no encuentro fin, a tal hermosura, mis dedos prueban su deseo húmedo, ella muerde sus labios, me acerco para besarla.
-¡Coño! ¡Eres un bandido!- Interrumpe Amisaday
-¡Vergación!- Reclama Jimena- Vos siempre
-La verdad es que se me movió la morbosidad- Dice Amisaday entre carcajadas- y ¿Vos qué?- Se refiere a mí- ¿No vais a decir nada?
-Se me acalambro el brazo- Amisaday ríe aún más, con burla.
-Estamos los tres sentados, en silencio, nadie dice algo, Jimena está enojada, Amisaday se encuentra en un gran debate si reírse de nuevo o no hacerlo, la intranquilidad me absorbe, no sé qué decir a tal abrupta circunstancia.
-Lo siento de verdad- Por fin se atreve hablar Amisaday
-A lo lejos se escucha una explosión, apenas se puede oír, los tres nos asomamos al borde de la terraza al mismo tiempo que vemos a las personas que están en el pavimento moverse de un lado a otro angustiados, revisamos los celulares pero ninguno tiene señal – Que Raro, aquí siempre hay señal – Comenta Jimena, Amisaday supone que debe ser una explosión en algunas de las subestaciones eléctricas, luego otra explosión muy a lo lejos, siento un escalofrió por todo mi cuerpo, se lo comento a los muchachos, de igual manera se sienten, ahora si vemos a las persona correr. Dejamos la terraza y entramos en el apartamento, salimos al pasillo principal, y los vecinos están igual que nosotros, consternados, se escucha una fuerte explosión, y de inmediato subimos a la Azotea, Amisaday y yo deducimos lo que ha generado la explosión, un Sukhoi se ha estrellado en uno de los edificios, la mitad del avión está en llamas, en aquel cielo oscuro se asoman con prepotencia unos aviones gigantescos, le digo a mi amigo que parecen ser aviones Hércules.
-¡Mierda!-Exclama Amisaday-Rápido, busquemos los bolsos, y salgamos de aquí, puede ser peligroso.
-Bajamos las escaleras como podemos, al salir a la calle nos encontramos con la escena que jamás pensábamos ver, muchos camiones del ejército y de la guardia, pasan a toda velocidad, el cielo oscuro se hace sentir ruidosamente, empezamos a correr en dirección de la corriente de aquellas personas asustadas, algunos soldados de la infantería dejan sus armas y corren, Amisaday los maldice, todo pasa muy rápido, corremos sin parar, sin dirección, de un momento a otro el cielo empieza a destellar, aviones salen de la nada a contra fuego, pero caen como mosquito quemados por la electricidad.
-Algo impacta unos de los edificios y este estalla partiéndose por la mitad, nos detenemos en seco, y nos posicionamos detrás de un auto, observo el panorama, es trágico el momento, soldados corren en sentido contrario, aun no puedo creer su lealtad tan ciega, ¡Ordenes! Pienso, ¡Ordenes de los superiores! Empiezo a sentir un frio terrible, con una brisa fuerte, me tiemblan las manos, abrazo a Jimena mientras seguimos agazapados, algo increíblemente inmenso estalla en el cielo, con un gran esplendor que nos obliga a cerrar nuestros ojos, una explosión que se escucharía en la otra mitad del país, miramos hacia arriba y vemos como cae un inmenso avión, no se el por qué, pero las personas aplauden y siento una gran alegría, la noche se infesta de aviones y explosiones, seguimos en el mismo lugar.
-Esto va a empeorar
–Digo en voz baja, lo sé, habrá represaría por el avión que dieron de baja, no entiendo de donde salen tantos aviones, todo es un caos, Jimena no llora, ni siquiera un poco, tiene miedo, pero no lo demuestra, es muy valiente, una guerrera, se escuchan disparos por todas partes, personas aún siguen corriendo, y nosotros allí, en el mismo lugar, Amisaday propone seguir corriendo, le sugiero que es una muy mala idea, seguimos allí.
-La situación ha empeorado, las explosiones son constantes, y una manada de aviones vuelan muy por debajo de lo normal, parecen unos enjambres de abejas.
-Hermano, creo que nos tenemos que ir- Me dice Amisaday
-Puede ser peligroso
-Lo sé, pero… quedarse aquí, sin hacer nada, yo creo que es peor
-Decidimos levantarnos e irnos, emprendemos la carrera de nuevo por aquella oscura calle, a unos metros de distancia vemos un montón de cuerpos sin vida a nuestro alrededor.
-¡Miren arriba!
-Grita Jimena, unas especie de cajas con paracaídas bajan del cielo, nos quedamos quietos observando en medio de aquella calle. La primera llega al suelo y de inmediato se abre automáticamente, una docena de personas se acercan.
-¿Vamos?-Pregunta Jimena
–No, Vamos a esperar aquí, no sabemos que es – Digo para los tres
-Sí, es mejor – Dice Amisaday.
-Emerge de repente de aquella cosa un humo amarillento, las personas que están cercas empiezan a toser, un señor gordo, cae de rodillas y vomita exageradamente, empieza a salirle sangre por los ojos, las orejas y la boca, como si nada su cuerpo cae, tieso como una piedra, hay uno en particular, al parecer tiene convulsiones, los tres nos tomamos de las manos mientras observamos, algunos lo ayudan a ponerlo lejos de aquel humo extraño, pero sigue convulsionando, las dos personas se quedan estáticas. Es una Chica, empieza a gritar, como si sufriera, al parecer unas de las personas sabe de primeros auxilios, porque de inmediato se le lanza encima para ayudarla, la chica no deja de gritar, de pronto se para de un solo tirón, quieta, cabizbaja, los tres nos acercamos dando unos escasos pasos, miro sus manos y están como si hubieran sacado alguna especie de garras, el chico le frota la espalda, le habla, pero la chica lo ignora totalmente, le da unas palmadas suaves y le sigue hablando, la chica al fin alza su cara mira al chico, este se impresiona, como si se hubiese asustado, se echa para atrás, con las manos estiradas en defensa, la chica sin promediar alguna palabra se lanza en contra de aquel que la trató de ayudar, lo muerde y lo golpea reiterada veces, el otro chico decide apartarse un poco, nosotros detenemos el paso, y miramos completamente estáticos, el chico saca un arma y le dispara, la chica se tumba sobre el tipo, este la echa a un lado y es ayudado por su amigo, pero empieza a tener las misma convulsiones, su amigo desesperado lo ayuda torpemente, y de igual forma es atacado, como puede desenfunda el arma y decide dispararle, el chico baleado empieza a vomitar algo amarillento y espeso, nos damos cuenta que algunas personas presentan el mismo síntoma, llevo mi mirada en dirección del señor gordo, y aún sigue allí, tumbado en su propio vómito. El chico se levanta, se sacude y con el arma a mano se va corriendo, aun no decidimos que hacer por aquel drama, cuando el chico baleado con cuatro agujeros en su estómago, se levanta tranquilamente, y posa su mirada en nosotros, no vemos con claridad su rostro, pero respira con tranquilidad, cuatro disparos en su cuerpo, muy sonriente.