—¿Seguro que quieres esto? —Por Dios, Demian. Pongo los ojos en blanco. —¿Tengo que deletreártelo? —Solo me aseguro—sonríe, se acerca a la mesilla y saca un paquete de papel de aluminio. —Vaya, estás preparado. —No iba a dejar que esto pasara sin protección—, dice como si fuera obvio. Me río y le doy un beso en los labios. —Espero que te parezca bien. —¿Por qué coño no iba a estar de acuerdo con esto?—. Su mano tiembla contra mi cara sonrojada. —Lo sé… Nunca le he dicho esto a nadie, pero no lo he hecho antes. En el momento en que esas palabras salen de mi boca, Demian levanta la cabeza, con una expresión de sorpresa en la cara. —¿Eres... virgen?—. Tartamudea, perdiendo de repente la confianza en sí mismo. Mis mejillas se enrojecen aún más. —Seguro que ya has estado con muchas

