Damian observó a su tío, Varo había perdido peso, se veía cansado y algo mayor cuando. Siempre su vitalidad era lo que le caracterizaba, ahora quedaba un saco de nada. Llevaba casi que ropa para dormir, su cabello y sus uñas eran un desastre para alguien a quien le gusta ser atendido por una estilista cada ocho días. La verdad, es que desde que Mina se fue él había evitado cualquier otra actividad, la culpa, la tristeza y la decepción que había visto en el rostro de la mujer a la que amaba le consumieron por completo. Estaba solo en casa, recién abriendo los ojos. Álvaro tomó asiento y buscó el bote de antidepresivos y sedantes que Catalina le había comprado, con la esperanza de que se recuperar de esa depresión. Él había utilizado ambos durante las últimas semanas con la ilusión de ane

