Samanta no podía creerlo, frente a ella estaba el hombre que una vez amó, pero con el tiempo aprendió a odiar. Era el mismo hombre que protagonizó sus sueños y pesadillas. Sintió que la sangre le hervía. Sin poder crear otro pensamiento en su mente, respondió a su primer impulso. Eran demasiadas noches de llanto, de dolor y de amargura, tantos días de recuerdos bellos que pasaban a ser memorias horribles, tantos años de silencio y de frialdad por parte de él. Samanta se sintió furiosa y sin más, le propinó una fuerte bofetada que hizo que unos pequeños hilos de sangre se asomaran en el labio inferior de Dominik. Aháva se sorprendió mucho por la actitud de su madre. —Pero mama, te pidió disculpas, ¿por qué lo golpeas? —Una disculpa no es suficiente —farfulló Samanta. Dominik se qued

