Eve Me siento enorme. No… no solo enorme. Gigante, pesada. Como si cada parte de mí hubiera sido inflada con una bomba de aire y luego abandonada ahí, a la deriva. La ropa, esa vieja aliada que solía hacerme sentir bonita, deseada, poderosa… ahora es una enemiga silenciosa. Nada me entra, nada me gusta. Nada me representa. Todo me aprieta o me roza en lugares que ni sabía que podían doler, mis pies están tan hinchados que no distingo mis tobillos. Literalmente, no están. Como si alguien los hubiera desenroscado durante la noche y escondido debajo de la cama y mis zapatos, pobres, parecen juguetes al lado de estos pies que ahora cargo. Quiero llorar. Y lo hago. Bastante seguido, para ser sincera. Lloro porque no reconozco mi cuerpo, porque me agobia el cansancio, porque me da miedo tod

