CAPÍTULO 73 Punto de vista de Damien. Tres meses. Había transcurrido un trimestre exacto desde que Leandra se esfumó. Aún me resultaba imposible aceptar su ausencia. La hacienda, a pesar de su lujo innegable, se sentía vacía, desprovista de la ligereza que ella había traído. El único ancla que me impedía hundirme era Liam, mi hijo, que ahora gateaba con destreza por los suelos pulidos y había empezado a balbucear "papá" cada vez que me veía. Ese sonido era el único bálsamo para mi alma atormentada. Leandra, con su sabiduría silenciosa, me había obligado a ver la verdad: Liam era la inocencia pura en medio de este pantano. Tras su partida, trasladé todas mis pertenencias a la habitación que ella había ocupado. Dormía allí ahora, nadie más podía entrar. A veces, me tumbaba en la cama q

