CAPÍTULO 74 Me desperté el domingo por la mañana con el estómago en guerra. La cena de anoche, rica pero pesada, me había sentado fatal. Últimamente, era una constante: mi vientre se sentía incómodo, y la ropa se ajustaba más de la cuenta. Era innegable que había ganado un par de kilos, una pequeña rareza que achacaba al estrés. Decidí tomar algo para las náuseas y salir, necesitaba aire fresco y despejar la mente. Me dirigí al centro para aprovechar mi tiempo libre en mi Curso. Me senté en un banco de una plaza concurrida, junto a una biblioteca al aire libre, rodeada del murmullo de la gente y el olor a café. Las horas pasaron mientras me concentraba en mis lecturas. Eran casi las dos de la tarde y decidí volver. Guardé mis cuadernos en la mochila y me puse de pie. De pronto, el mund

