CAPÍTULO 96 Quince días. Solo habían pasado quince días desde que mi vida se partió en dos para volver a unirse de una forma mucho más hermosa. Quince días desde que el miedo a la cirugía de Liam se mezcló con el llanto de mi recién nacida, y hoy, por fin, el horizonte se veía despejado. Sentada en la cabina del avión privado, sentía que el aire que llenaba mis pulmones era más puro. Miré a mi derecha y mi corazón se ensanchó de una forma indescriptible. Liam estaba sentado en el regazo de Felipe, pegado a la ventanilla. Ya no había vendas, ya no había sombras. Sus ojitos, esos luceros que tanto me preocuparon, devoraban el azul del cielo con una intensidad que me robaba el aliento. Me miró, sonrió con una nitidez asombrosa y balbuceó algo señalando una nube. Por primera vez, mi niño me

