Llegaron hasta una pequeña cabaña tras la cual corría un riachuelo. Helena le indicó que pasara. El interior era muy sencillo y apenas amueblado, así que de alguna forma le recordó a la granja. - Siéntate. Debes estar cansada. Traeré algo de comer – - ¿Puedo…? ¿Puedo darme un baño? He caminado por demasiado tiempo. No sé cuánto, en realidad – Helena señaló con la cabeza una puerta al fondo y con sorpresa, la joven encontró que no se trataba de un cuarto de baño, sino que daba al exterior. Una serie de lozas de piedra guiaban hasta un estanque lleno de nenúfares. Lirios blancos y juncos lo rodeaban. Sin pensarlo dos veces, Lily se despojó de su ropa y entró. Exhaló un suspiro de alivio. El agua era fresca, no demasiada fría, no demasiada tibia. Se deslizó hasta el fondo, dejando

