Hasta ella llegó el ruido de risas y voces. Frunció el ceño, sin abrir los ojos. El sol le daba de golpe en el rostro y algo áspero raspaba sus mejillas. Con algo de dificultad, abrió los ojos y a su alrededor, todo lucía borroso. Luego de un instante, distinguió algo gris y los sonidos eran más claros: el ruido constante y rítmico de agua corriendo, las voces que estaban algo más lejos y un pájaro cantando en algún árbol. Se incorporó cuidadosamente. Su cuerpo le pesaba mucho. Cuando pudo sentarse, descubrió que estaba en una pequeña playa cerca de un río de buen tamaño. Un grupo de piedras la rodeaba y entre ellas, su hato de ropa. Al incorporarse para ir por él, notó un grupo de mujeres a cierta distancia. Lavaban algunas prendas sin dejar de conversar y algunas de ellas cantaban.

