La luz de la mañana iluminaba la villa, pero todos dormían luego de la celebración de la noche anterior. A pesar de ello, avanzaba sigiloso, como si temiera ser visto. La casa de la manada estaba desierta y silenciosa; sin embargo, en la cocina ya se encontraba la bandeja con bocadillos para ambos. La tomó y se dirigió al ala donde se encontraba su habitación. Entró sin hacer ruido, no quería asustar a Grace. La encontró dormida, pero en cuanto la puerta se cerró tras él, abrió los ojos y se incorporó rápidamente. Lo miró con cautela y él no podía culparla. Se encontraba desnuda y las heridas en sus brazos ya habían sanado, pero la marca en el cuello aún era visible. - Traje el desayuno – dijo lentamente - ¿Tienes apetito? – Ella asintió con un gesto dubitativo y él se acercó des

