Las horas avanzaban agradables, pero a eso de la medianoche, los integrantes de la manada comenzaron a retirarse. Muchos de ellos debían retomar sus labores muy temprano por la mañana, pero con sus cuerpos y espíritus revigorizados. Grace despidió la familia con la que estaba conversando y cuyos niños la habían rodeado entusiasmados y llenado de preguntas a pesar de los regaños de sus padres. Hizo un gesto con la mano a los pequeños, que se volteaban insistentes para mirarla y luego se acercó a donde Adrian se encontraba. Acarició su brazo y dijo por medio del enlace: “Iré a la habitación a prepararme. No demores, ¿de acuerdo?” “Iré en un momento” fue la respuesta del alfa. La mujer se despidió de Niko y de algunos guerreros que recién habían llegado de su guardia y hasta entonces s

