12.

1348 Palabras

Cuando despertó esa mañana, creyó que todo había sido un sueño. Sus músculos protestaron por el más pequeño movimiento, pero no pudo evitar sonreír. Al voltear el rostro, volvió a la realidad. Allí, a su lado, estaba él. Dormía profundamente, su respiración suave y acompasada. Se incorporó con cuidado para mirarlo mejor. Parecía otra persona. Adrian siempre tenía esta expresión severa, con el ceño fruncido, los labios apretados, la quijada sobresaliente. Pero, ahora, bajo la suave luz del alba, su rostro estaba relajado, incluso parecía que sonreía. Lucía mucho más joven. El cabello revuelto lo hacía lucir despreocupado y el brazo flexionado bajo su cabeza hacía que su bíceps resaltara. De inmediato reprendió a su loba. ¿Luego de todo lo sucedido la noche anterior no estaba satisfecha?

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