Adrian la observó. Estaba pálida, su piel casi cenicienta. Marcas rojizas en cuello y brazos. La orgullosa y segura hija del Alfa Kent había desaparecido. - Quiero que me expliques qué demonios sucedió ayer – su tono denotaba que aún estaba enfadado y que su suerte pendía de un hilo muy fino. Sin embargo, no había qué considerar. Solo debía decirle la verdad. - ¿Qué me diste a beber? – agregó Adrian al ver que no respondía. - Era… era una infusión – le era difícil hablar. Sentía el palpitar de su corazón en la garganta y no podía respirar – Induce a un estado de celo… - no se atrevió a mirarlo a los ojos. - ¿Y las hierbas? – - Inhiben el sentido del olfato – murmuró ella. - ¿Cuál era el propósito de todo eso? – Grace sabía bien que Adrian lo había deducido por sí mismo, per

