Adrian la observó. Grace Kent era una mujer muy inteligente, acostumbrada a las intrigas entre alfas. Era algo que admiraba en ella, pues era una cualidad completamente extraña para él. - Bien, es evidente que quieres negociar tus propios términos. ¿De qué se trata? - Grace se tomó un momento. - Háblame de ella – - No es importante – respondió con tono seco. - ¿No lo es? – Él no respondió, pero le lanzó una mirada de advertencia. - Sé que no confías en mi padre o en mí y lo comprendo. Por eso estoy aquí… Quiero que sepas, Adrian, que, sin importar los términos de la alianza, mi lealtad estará contigo – - ¿Así será? – - Sí, te doy mi palabra – - ¿Qué hay de la lealtad a tu padre? ¿No es por eso por lo que estás aquí? – - Estoy aquí por mi propia voluntad y te aceptaré

