Capítulo 15

4665 Palabras
– Eso es hija, no dudes de hacer lo que la sed te pide, deja atrás los sentimientos para no sufrir como la víctima, es por tu bien pequeña. –  decía Azeman en susurro, acercándose al oído de ella. –  Con el tiempo se te pasará, te lo aseguro. Finalmente, Carmelius acabó de beber la sangre de la chica muerta, que al soltarla cayó al cuerpo inmóvil y seco. Sin darse cuenta, una gota de sangre se había deslizado por sus labios hasta desplazarse a su cuello, eso llamó la atención de su padre, que al verlo le brillaron los ojos y sin darse cuenta se fue inclinando hacia Carmelius, ésta lo ve, pero antes de poder decirle algo ya estaba inclinado en su cuello, con la lengua rozando su piel para lamerle la sangre extraviada, al sentir eso ella se sonrojo un poco pero se mantuvo quieta y bien el rostro de su padre, el rostro de un vampiro sediento de sangre. – ¿Padre? –  llamó ella confusa. – ¿Te ocurre algo? Al oírla, Azeman dejó de mostrar ese rostro con un sobresalto desconcertado, confuso de lo ocurrido, entonces vio que estaba frente a Carmelius que la miraba confusa y sonrojada, con restos de sangre en su cuello que fue limpiado. No entendió que le paso, pero si lo que hizo y rápidamente se giró para no ver la cara de ella. Carmelius miró confusa y preocupada a su padre, notando que estaba tenso y nervioso por lo ocurrido, por eso, puso una mano sobre su hombro. – ¿Padre, estás bien? –  pregunto ella. –  Sí, estoy bien, no te preocupes. Solo estoy aún un poco hambriento. –  contestó él convincente.  ---------------0------------ Con eso, Carmelius quito la mano, creyendo en las palabras de su padre. Mientras, por la mente de Azeman se repetía la escena, preguntándose el porqué de ese deseo de probarla a ella más que a nada, entonces, le vino a la mente la primera vez que probó su sangre. Cuando la probó, notó que sabía diferente, no como las demás de chicas vírgenes, no sabía que era, pero le atrajo completamente, y ahora, le seguía atrayendo siendo vampiresa. Rápidamente se sacó eso de la mente y se giró a Carmelius, que en ese momento la vio concentrada en algo, se giró hacia donde miraba, al cuerpo de Krissía. Afortunadamente para Carmelius, Krissía murió con los ojos cerrados y mostrándose dormida plácidamente, no con los ojos abiertos de horror y miedo, odiaba esos ojos con todo su ser. Mientras miraba sin emoción el c*****r, Azeman sacó un pañuelo de sus ropas para limpiarle la sangre a Carmelius, ésta ni se inmuto de eso, parecía una estatua, y Azeman no se molestó por eso, más bien lo entendía. –  Hubiese deseado que no acabarás así hija, debí encargarme de hipnotizarla de nuevo. –  se disculpó él con sinceridad. –  No, tú no tienes la culpa, yo soy la culpable de esto, por distraerme cuando debí estar concentrada, pero ya no vale la pena pensar en eso. – dijo ella con la mirada baja y sin mirarlo a él. –  Te agradezco este regalo padre, de verdad. Azeman sonrió ante esas palabras, y abrazó a Carmelius con un brazo, rodeándola por los hombros para apoyarla delante de uno suyo, Carmelius se dejó abrazar, pero se mantuvo quieta y ocultando su rostro en él. Un rato después, Azeman llamó a unos gitanos para que se llevaran en cuerpo de allí, así Carmelius estuvo más tranquila que tenerlo allí delante toda la noche. Con esa chica, Carmelius estuvo satisfecha por esa noche, en cambio Azeman no, necesitaba alimentarse más, pero no quería dejar sola a su hija en la noche de su cumpleaños, por lo que decidió dejarlo para la próxima noche o esperar a que Carmelius decidiera retirarse. Ella no tardó en notar que su padre aún estaba hambriento, y que estaba aún allí para no dejarla sola, y le supo mal tenerlo allí con hambre. –  Padre, – llamó ella a su lado. Él la miró sonriendo. –  No hace falta que estés conmigo si aún tiene hambre, puedes irte si quiere no me importa. – dijo ella. –  Pero hija, hoy es tu cumpleaños, no quiero que estés sola está noche. – dijo él apenado. –  Tranquilo, estaré bien, además, solo te irás un rato antes de que amanezca, no pasa nada. – aseguro ella con una sonrisa. –  Anda ve, sáciate venga. –  insistió ella dándole algunos empujones suaves. –  Bueno, está bien, llamaré a Orleta para que este contigo, quiero que estés protegida de todo, y no me repliques por esto. – dijo él seriamente, poniéndose en pie dejando la copa de vino vacía en la mesa. –  No tardaré en volver, es fácil encontrar buena comida por la noche. –  bromeó él mientras caminaba hacia la puerta. –  Tomate tu tiempo, no te apresures por mí. – dijo ella tomando el vino que quedaba. –  Estaré bien acompañada por Orleta. –  Ya lo se. Con eso, Azeman se fue a la ciudad, de paso busco a Orleta en la aldea de los gitanos para que se quedará con su hija en el castillo, ella gustosa y contentamente acepto y fue pitando hacia el castillo, no tardó mucho en llegar. Encontró a su ama en su habitación tumbada en la cama leyendo un libro de la biblioteca de su padre. Al verla entrar, Carmelius dejó el libro a un lado y la recibió con un abrazo, eso a Orleta la sonrojo un poco, pero le correspondió el abrazo con suavidad. –  Siento que tuvieras que venir cuando os habíais ido. –  se disculpó Carmelius. – ¡N– ¡No se disculpe mi señora, está bien! – dijo Orleta nerviosamente, con las manos en alto. –  Por mi puedo cuidarla todo el tiempo que haga falta. –  Tan leal y responsable como siempre Orleta, no cambias, debe ser eso lo que me gusta de ti. – dijo Carmelius con ironía. –  Te hace especial, una buena amiga además de ser mi guardiana y mano derecha. –  Agradezco esas palabras, mi señora Carmelius. – dijo Orleta sonrojada, frotándose la cabeza avergonzada. En ese momento, Azeman llegó volando a Bransov, que estaba tranquila y silenciosa. La gente enseguida olvidó el asunto de Carmilla Fitzroy, era normal al pasar 20 años. La casa donde estuvo viviendo ella con los criados estaba abandonada y deshabitada completamente, cosa que le extraño a Azeman, pero no quiso meterse en aquello ya, era cosa del pasado de Carmelius no suyo, por eso se concentró en buscar a alguna virgen sola y vulnerable por las calles. Después de buscar un buen rato, encontró a una, rubia bastante joven y bella. La chica rubia iba caminando sola por las calles de la ciudad, sin notar que era seguida por alguien por los tejados. Se mostraba tranquila y animada, parecía estar volviendo a casa por su caminar rápido, pero al girar en una esquina, Azeman apareció enfrente suyo, sobresaltándola al verlo de golpe. Ella iba a decir algo, pero él lo evito hipnotizándola con sus ojos, enseguida la tuvo bajo su control y la cogió por la cintura y saltó hasta el tejado de nuevo. Una vez allí, la arrinconó en una pared que estaba cerca, y le acarició el rostro observándola sediento y deseoso, ella estaba sin emoción observándolo también. –  Lo siento pequeña, pero has tenido mala suerte al pasear por la noche a estás horas. –  se lamentó él disimuladamente. Entonces, sacando los colmillos al abrir la boca, se inclinó en el cuello de ella y bebió su sangre con impaciencia. La chica no grito ni nada, solo alzó la cabeza hasta apoyarla en la pared y dejarse llevar, empezando a sentirse excitada y débil, las piernas enseguida le fallaron, pero él la sujeto por la cintura para mantenerla en pie, mientras bebía su sangre con desenfreno, dejando que deslizará por su pecho y espalda, desangrándola por momentos. Cuando sintió que los latidos de ella dejaban de oírse y sentirse, dejó de beber su sangre y soltarla, viendo como caía muerta al suelo completamente. Al estar saciado, él dio un jadeo de satisfacción por la sangre virgen que tomo, y se limpió la boca con la manga de su chaqueta negra. –  ah, ya estoy mejor, gracias pequeña, dulces sueños. – dijo él, pasando por el lado del c*****r. Con eso, él decidió volver al castillo, dejando allí tirado el cuerpo, para que tarde o temprano lo encontraran, si era posible en un lugar como ese. Mientras, en el castillo, Carmelius y Orleta estaba en el balcón observando las estrellas brillando junto a la luna, que estaba por completarse la próxima noche. Como a todo vampiro, a ella le encantaba esa noche de luna llena, pero no sabía la respuesta a ello. – ¿Es verdad que hoy es su cumpleaños como vampira? –  pregunto Orleta curiosa de repente. –  Sí, eso parece, mi padre ha tenido el detalle de recordar el día, menos dicho, la noche. –  contestó ella sorprendida. –  Ya ni me acuerdo de la fecha de mi cumpleaños humano, puff, que memoria tengo. –  Quizás en algún momento lo recuerda, nunca se sabe. –  animó Orleta. –  Si, es verdad. Mientras estuvieron hablando, Carmelius notó la presencia de su padre volviendo al castillo, por lo que miró al horizonte y vio una manada de murciélagos volar hacia allí, supo enseguida que era su padre, enseguida fue a recibirlo con Orleta que también lo vio al ver a su ama fijarse en algo. Azeman aterrizó en la terraza de su balcón, volviendo a su forma humana con solo pisar el suelo, arreglándose las ropas antes de entrar, siendo recibido por su hija y Orleta. – ¿Has encontrado buen alimento padre? –  pregunto Carmelius animada ahora. –  Sí, una virgen que no ha sufrido en absoluto hija mía, no ha sido difícil encontrar una juju. – dijo él contento y satisfecho. A Carmelius no le gustaba esos comentarios, pero no podía cambiar la actitud de su padre así que tuvo que acostumbrase a ello, era un vampiro como ella después de todo. Pudo ver en el cuello de la ropa de él unas pequeñas manchas rojas, la sangre de la humana que mató bebiendo su sangre, eso tentó un poco a Carmelius, pero gracias a que estaba saciada pudo soportarlo con facilidad. Faltaba poco para que amaneciera, y Azeman decidió retirarse a dormir ya, Carmelius hizo lo mismo acompañada de Orleta hacia su habitación, se despidió de su padre y se fue. Cuando estuvo en su cuarto, se fue a cambiar en su baño, mientras, Orleta enseguida cerró las cortinas negras para que la luz del sol no entrará, ya que, a diferencia de su padre incluso, Carmelius seguía durmiendo en la cama de su habitación, justo donde nació a esa vida inmortal. Justo cuando Orleta acabó de cerrar todo bien, Carmelius salió vestida con un camisón rojo oscuro y ligero, y camino hacia la cama. –  Muy bien Orleta, ya puedes retirarte por hoy. – dijo Carmelius bostezando cansada. –  Esto… ¿Puedo quedarme a vigilarla mientras duerme, mi señora Carmelius? –  pregunto Orleta tímidamente. – ¿eh? ¿Por qué quieres hacer eso? –  pregunto Carmelius extrañada, girando la cabeza hacia ella al instante. –  Bueno… me preocupa su seguridad, ya se lo dije, además, no tengo nada mejor que hacer señora. –  contestó ella. – ¿Le molesta que este aquí? –  No, pero… tampoco tienes que estar tan pendiente de mi Orleta, puedo estar bien durante el día en el castillo. –  Lo sé, pero yo… Carmelius entendió de que no la haría estar tranquila si no la dejaba estar allí, suspiró resignada en alto. A Orleta le pareció descortés ser así con su ama, pero desde que la conoció y se convirtió en su guardiana nunca estaba tranquila a menos que estuviera a su lado, le supo mal incomodar a su señora, pero deseaba estar pendiente de ella en esos momentos de debilidad. –  Está bien, tu ganas Orleta, puedes quedarte aquí conmigo. – dijo Carmelius con una sonrisa resignada. – ¿De verdad? ¡Bien, gracias mi señora! –  agradeció ella con varias reverencias animadas. Carmelius sonrió al ver a Orleta contenta y aliviada, eso le hacia estar cómoda y alegre. Carmelius enseguida se tumbó en la cama tapada por las mantas ropas de ahí, y Orleta estuvo sentada en una silla al lado, acompañada de un libro que Carmelius le dejó para no aburrirse. –  Te aviso de una cosa, no te asustes si parezco eso, ya sabes, muerta. – dijo Carmelius acomodándose en la cama. –  Claro, entendido señora. –  afirmó ella. Y así fue como Carmelius se quedó dormida enseguida, justo cuando el sol salió en el horizonte. Durante todo el día, los gitanos al servició de Kamazotz estuvieron vigilando el castillo durante el día, asegurándose de que ningún humano cristiano entrará con la intención de matar a sus amos. Orleta estuvo bien despierta junto a su ama, que dormía plácidamente a su forma, parecía muerta, como ella advirtió, daba algo de miedo verlo, pero Orleta supo aguantarlo mientras leía un poco, estando atenta a todo al mismo tiempo. El día no tardó mucho en pasar, y Orleta consiguió estar despierta todo el tiempo. Cuando se hizo de noche, todos los gitanos, menos Orleta y su padre Lionel que quiso estar allí, se quedaron, al ponerse el sol, Carmelius y Azeman despertaron de su sueño diurno descansado y tranquilos. Sin perder tiempo, Orleta abrió las cortinas, dejando ver una noche despejada y tranquila, como era de esperarse en esa época del año. –  Buenas noches mi señora. –  saludo Orleta al acabar de abrir las cortinas. – ¿Ha dormido bien? –  Pues sí, plácidamente como has podido ver jeje. – dijo Carmelius estirando los brazos al máximo en la cama. – ¿Ha despertado ya mi padre? –  No lo sé señora, pero imagino que sí, ahora si me permite, iré con mi padre a buscarles sacrificios. –  informó Orleta. –  Claro, ve. Mi padre debe estar hambriento. –  acepto Carmelius poniéndose en pie. Con eso, Orleta se retiró de allí, mientras Carmelius iba a su baño para asearse y vestirse. Cuando acabó, ella estaba con ropas cómodas para ir por el castillo, no tenía pensado salir esa noche, deseaba quedarse dentro, iba solamente con una camisa blanca con el cuello abierto y libre y pantalones ajustados negros con botas de montar femeninos, pareciendo todo un hombre, pero el pecho mostraba que era una mujer que vestía como ellos, le gustaba más, no se veía inferior a ellos gracias a esas ropas, Azeman acepto que se vistiera con ellas, en el fondo le quedaban bien. En ese momento, ella recordó que esa noche había ya luna llena, rápidamente salió al balcón a contemplarla. Afortunadamente la luna estaba sobre ella, brillando con todo su esplendor sobre el oscuro y antiguo castillo. Carmelius salió al balcón, y se apoyó en la barandilla de piedra gruesa, hipnotizada por esa hermosa luna, que al mismo tiempo le daba ganas de beber sangre humana, no sabía por qué, serían cosas de vampiros pensó. Ella estaba tan pendiente de la luna, que no sintió la presencia de alguien en su habitación, caminando silenciosamente hacia el balcón, directo a ella con lentitud y suavidad. Cuando el sujeto misterioso puso el pie en el balcón de piedra, el sonido que hizo llegó a los oídos de Carmelius, ésta se puso tensa pero no se movió, espero a que se acercará a ella. Al tenerlo a dos pasos de distancia, sacó ágilmente su látigo n***o y lo blandió hacia el intruso con fuerza. – ¡¿Quién está hay?! –  exigió ella con un gruñido entre los dientes. Al mismo tiempo que hablaba, ella consiguió sujetar el brazo del sujeto con el látigo, enredando el brazo entero, que sorprendentemente fue sujetado por la mano también en alto. Fue entonces cuando lo vio de cara, y al verlo, quedó sorprendida, el sujeto era su padre mismo, vestido como ella, pero con una camisa roja oscura con el cuello abierto como ella, éste la miraba sin emoción mientras sujetaba el látigo en alto sin mostrar dolor o molestia por el ataque. – ¡P– Padre! ¡Por favor no me des esos sustos! ¡Aunque ya no sea humana, no creo que a ti ni a nadie le guste que le den estos sustos caray! –  se quejó ella liberando a su padre del látigo, volviendo a cogerlo entero enrollando en la mano. – ¿Por qué has venido en silencio? Mientras, hablaba, pensaba en lo curioso que parecía la presencia de él, la sintió diferente, como si fuera un enemigo, y seguía sintiéndolo. Entonces, al verlo a la cara, se fijó que estaba otra vez con ese rostro de vampiro; los ojos rojos brillando intensamente, los colmillos sobresaliendo de los labios sin notarse mucho, y esa mirada seductora hacia una presa deliciosa. Esos ojos que veía en él eran diferentes, eran ojos de vampiro, rojos como la pura sangre, pero esos le daban miedo a Carmelius, cosa que nunca paso en esos 20 años. – ¿Padre? ¿Te ocurre algo? –  pregunto ella mientras se acercaba, a pesar de tener algo de miedo. Apenas dando dos pasos con una mano en alto hacia su rostro, Carmelius es abrazada repentinamente por él con fuerza, por la cabeza y la cintura, apoyando la cabeza en el cuello de ella, dejándola confusa y sonrojada. A Carmelius le pareció raro ese abrazo tan repentino, pero también pudo sentir el hambre de él en su interior con solo tenerlo pegado a ella. Entonces, algo la dejó petrificada, de nuevo, Azeman estaba lamiendo su cuello, justo por donde la mordió, pero esa vez no tenía sangre ni nada que tuviera que lamer, eso la confundió más, pero también la asusto, tanto que lo empujo para apartarlo, pero él la abrazaba con fuerza, ella no se rindió aún. – ¡Padre, me haces daño…! –  se quejaba algo asustada. Finalmente, consigue liberarse de sus brazos e intento alejarse de él volviendo a su habitación, pero Azeman, sin dejarla reaccionar apenas, la coge de las muñecas en alto y en un segundo la arrincona en la pared de la puerta del balcón con violencia. Carmelius no entendía nada, y antes de poder pensar o hacer algo, vio a su padre inclinado sobre su cuello despejado de su pelo y camisa, sintiendo su aliento jadeando.  – ¡P– Padre! –  llamó ella aterrada y confusa, mientras él le daba un lamido en el cuello, justo en la yugular. Carmelius no entendía nada, y ese lamido hizo que cerrará los ojos sonrojada, en ese momento sin que ella lo viera, Azeman sacó sus colmillos con la boca completamente abierta, su melena negra impedía verlo, entonces, él soltó una de las muñecas de ella para cogerla del cuello y alzarlo un poco por debajo de la mandíbula, a Carmelius eso la tenía algo excitada, como si su corazón volviera a latir excitado. –  Padre, ¿qué te pasa? –  pregunto ella asustada, cerrando los ojos con fuerza temblando de miedo, pero también de placer. Él parecía no escucharla, entonces, sin esperar más, la mordió con fuerza, haciendo que ella abriera los ojos al oírse el crujido de la carne ante los colmillos clavándose. Enseguida pudo sentir como su sangre era succionada por él con deseo y placer, sintiendo como se escurría por la herida y escapa deslizando por su espalda y pecho. No sabía que hacer, solo podía estar petrificada ante la sorpresa y la confusión, también por el placer que sentía, nunca imagino que volvería a sentir esa sensación siendo vampira. Azeman se pegó más a ella, sujetándola con fuerza y firmeza, lamiendo y chupando su sangre con ganas de más, seduciéndola al mismo tiempo con acaricias, tenía intención de tomarla toda, y ella pudo sentirlo en ese momento, a causa de que lo sentía como un vampiro desconocido y no su padre, no sabía que le estaba pasando como para que deseará de nuevo su sangre, incluso siendo ahora vampiresa, su sangre mezclada con la suya propia. –  Padre... de... ¡Detente! ¡Para ya! –  suplicaba ella agarrándolo por la nuca y uno de los hombros sonrojada. Él parecía no oírla y continuó con satisfacción y placer. Carmelius deseaba que dejará de beber su sangre y que volviera a ser el de antes, pero también un placer que no terminará nunca. A pesar de ese deseo, ella deseaba que él volviera a ser el de siempre. Entonces, sintió en ese momento un inmenso odio salido de la nada, un odio que solo sintió con el difunto Rizort y Blade, uno que salió de lo más profundo de su ser como un volcán en erupción. De repente, Azeman se apartó repentinamente de ella, saliendo disparado hasta estrellarse contra la barra del balcón de piedra, gracias a esa misma barra, bastante gruesa, él no cayó al vacío. Carmelius aún estaba consciente, y vio que no había nada que hubiera empujado con tanta fuerza a su padre, ella misma tampoco pudo físicamente, porque a causa de la pérdida de sangre había perdido casi toda su fuerza física, además no había bebido sangre aún. Ella vio que su padre seguía también consciente sangrando, pero consciente, a pesar del golpe, aún con los mismos ojos brillantes de sangre, pero esa brillantez cedió, haciendo que Azeman tuviera la mirada de siempre, parpadeando un par de veces. Este miró muy confundido a su alrededor, entonces vio a Carmelius desplomada en la pared del balcón, toda manchada de sangre, a causa de una mordedura en su cuello que estaba intentando detener con su mano izquierda, y a si mismo manchado con esa misma sangre en los labios hasta el cuello, como si hubiera bebido sangre sin darse cuenta, entonces entendió lo ocurrió. –  Padre… – dijo ella en susurro, a punto de perder el conocimiento. –  Carmelius... – dijo él mirando a Carmelius con terror y tristeza – Pero… ¿Qué demonios…? Ella pudo entender que él no estuvo consciente de lo sucedido, y eso en el fondo la alegro mucho, viendo que no lo hizo a propósito. Azeman se puso en pie y camino hacia ella, que poco a poco iban viéndolo todo borroso, hasta que al final perdió el conocimiento, justo cuando él se arrodilló frente a ella aterrado y preocupado. – ¡Carmelius, Carmelius! –  llamó él, temiendo de que la hubiera matado. Rápidamente la examinó, y por suerte, solo se había desmayado por la pérdida de sangre, no había peligro de que muriera completamente. La observó horrorizado, todo lleno de sangre, incluso en sus manos por haberla tocado ahora al examinarla, el olor de la sangre en ese momento para él era repugnante e insoportable, como nunca lo olió. Con cuidado, la cogió en brazo para ponerla sobre la cama a pesar de estar machada de sangre por doquier. – “Lo siento, Carmilla... no sé qué me ha pasado, para que te haya hecho esto…” – confesó él en sus pensamientos, mirando culpable a su hija dormida. Justo en ese momento, Orleta y su padre Lionel entraron en la habitación de un portazo, preocupados por el ruino que oyeron de allí, fue entonces al entrar cuando vieron a su amo sentado en la cama, y a su ama tumbada en ella toda llena de sangre que salía del cuello. – ¡Ama, Dios mío! –  exclamó Orleta alterada, y corrió hacia ella, dando un salto en la cama para atenderla con miedo. –  Ama por favor despierte. –  Amo, ¿Qué ha pasado aquí? ¿La han atacado? –  pregunto Lionel confuso, entonces vio de cerca que su amo también estaba lleno de sangre, sobre todo las comisuras de los labios. – ¿Y está sangre? ¿Está herido también? Azeman lo decía nada, ni lo miraba a él, sino a su hija, en brazos de Orleta, inconsciente y sin moverse a pesar de que Orleta la tenía cogida en alto agitándola para despertarla, no lo hacia, y eso preocupaba y asustaba más a Orleta por momentos. Lionel miró a su amo confuso, viendo que estaba petrificado en su sitio sin dejar de mirar aterrado a su hija, entonces le vinieron a la mente posibles respuestas a lo ocurrido allí, pero tampoco quiso presionar a su amo en ese momento. Mientras, Orleta revisaba la herida de Carmelius, viendo que se estaba regenerando rápido, pero ahora necesitaba gran cantidad de sangre para recuperarse y despertar. – ¡Padre, ordena que traigan tantos sacrificios como sea posible, necesita mucha sangre, rápido! –  pidió Orleta con urgencia. – ¡¡Date prisa!! Lionel no dijo nada y se fue corriendo a hacer lo que le pidió su hija, mientras Azeman estaba allí de pie destrozado y culpable por lo ocurrido, sin saber como le pudo hacer eso a su propia hija sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, no supo que pensar al respecto, solo podía rezar para que ella no muriera completamente por la pérdida de sangre. Orleta estuvo junto a Carmelius, limpiando con las sábanas la sangre del cuello como pudo, entonces, oyó como su amo caminaba para ir a la puerta, con intención de irse en silencio. – ¿Amo, a donde va? –  pregunto ella girando la cabeza a él. Azeman se detuvo a un paso de la puerta, y lentamente se giró de lado para mirarla seriamente y con pesar. –  Te confió a Carmelius hasta que despierte, será mejor que no esté aquí. –  contestó él. –  Haz lo que sea para ayudarla, sé que podrá curarse. Con eso, él se fue de allí, dejando a Orleta allí con Carmelius dormida. La chica no entendió que paso entre ellos dos, pero ella estaba segura de que el amo mordió a su hija, no sabía el por qué, pero estaba segura de que no fue de mala intención sino un accidente, pensó en preguntarle a su ama cuando despertará, tenía que despertar como fuera, eso pensaba Orleta. Lionel volvió enseguida, pero en vez de traer sacrificios, trajo voluntarios, dispuestos a ayudar a su princesa. Orleta no discutió eso, y dejó que los voluntarios se hicieran un corte en la muñeca y lo apoyaran en los labios de la vampira morena, que después de esperar unos segundos, reaccionó a la sangre y la tomó, dando un suspiró aliviado a todos los presentes. Poco a poco le ofrecieron sangre a Carmelius, la suficiente como para recuperar la pérdida y la que debió tomar, y cuando se hizo de día la dejaron dormir, con la esperanza de que despertará a la noche siguiente. Durante ese tiempo, Orleta estuvo con Carmelius en su habitación, con mala cara, preocupada y triste. Mientras, Azeman estuvo en su propia habitación encerrado, sin recibir a nadie, ni siquiera a Orleta para ver como estaba o si deseaba algo, estaba más destrozado que ella por lo de Carmelius, no deseaba salir hasta que su hija estuviera recuperada del todo, o que fuera ella misma quien picará esa puerta, Orleta sabía muy bien que era ese el deseo de él. Viendo que no había forma de verle, Orleta dejó de ir a picarle a la puerta y centrarse en vigilar a su ama dormida, esperando a la noche para que despertará ya recuperada. Ya se hizo de noche, y Lionel con algunos gitanos donantes entraron al castillo yendo a la habitación de Carmelius, donde Orleta esperaba su llegada, sujetando con ambas manos una mano de Carmelius en alto, en posición de rezo para que abriera los ojos. Todos los presentes rodearon la cama esperando preocupados, Lionel junto a su hija sujetándola por los hombros para animarla. 
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