Capítulo 13

4094 Palabras
– Necesitaba pasear para despojarme un poco, solo eso. – dijo ella volviendo a estar recta. – ¿Está mal que lo haga? –  En absoluto, solo que estaba preocupado por ti, eres mi hija recién nacida después de todo. – dijo él. – ¿Estás ya saciada o necesitas más? – ¿Por qué lo preguntas? No pienso volver a ese lugar donde puede alguien ver como soy cuando me alimento de esa forma. –  se negó ella molesta. –  Y por está noche no pienso matar a nadie más, por mucha sed que tenga no pienso matar a ningún inocente más. El modo en que ella dijo eso dejó a Azeman sorprendido, viendo en ella la decisión y la seguridad de sus palabras, sabiendo lo que hacia. Ella lo miró directa y fijamente, mostrándole que iba a cumplir con su palabra, ante todo, no pensaba dejar que el hambre la dominará como solía pasar con los suyos. –  Perdona si no te gusta que sea así, pero que ahora sea un ser nocturno bebedor de sangre no significa que deba cambiar mi personalidad, lo siento. –  se disculpó ella con sinceridad. Entonces, ella se puso de nuevo a caminar dejándolo allí, mientras él la seguía con la mirada sería. Él no podía obligarla a cambiar su forma de ser, pero si debía hacerle ver que una vez que ha decidido ser lo que es ahora, se tiene consecuencias de ello, le gusten o no. En ese momento, él oyó también el alboroto que ella oyó antes, pensó que eso vendría bien para lo que pensó hacer. Mientras, Carmelius ya estaba lejos de ese callejón, y sin que se diera cuenta antes se fue acercando a ese ruido que se oía, curiosa, se acercó y vio a los policías empujando un carro donde hacia varios muertos, la mayoría chicas de su edad. Cuando estuvo cerca del carro, un oficial la vio, pero por la oscuridad no supo que era una vampira. – ¡No vaya allí señorita, ha habido una masacre total! ¡Vuelva a su casa! –  le advirtió él pasando con el carro empujando. –  A mi casa eh, si seguro… – dijo ella cuando pasaron de largo, diciendo eso con ironía. Sin hacer caso a la advertencia, Carmelius fue hacia el lugar de la masacre, oliendo la sangre desde hay ya. Después de caminar un poco, encontró el lugar, y vio que era un campo de batalla solo que era una sola casa, donde al parecer solo vivían mujeres con algunos niños que debían ser sus hijos. El lugar estaba lleno de policías y curiosos, colocando los c*******s de las mujeres asesinadas a un callejón para que no estuvieran en medio, algunos niños también fueron asesinados, pero algunos sobrevivieron, estaban llorando sobre los cuerpos de sus madres a brotes. Carmelius no quiso seguir mirando esa escena, por lo que se alejó de allí como pudo entre la gente curiosa, también horrorizada y apenada por lo ocurrido. Ella se alejó rápidamente de allí, caminando de nuevo por callejones anchos y oscuros. Mientras iba caminando, no pudo evitar pensar en quién pudo hacer echo semejante masacre y para qué. Tan pensativa estuvo que al oír otro ruido cerca, se sobresaltó un poco, pero al oírlo bien, supo que eran unos gritos en vez de un ruido en particular. – ¡No por favor, parar! –  gritaba la voz, de una mujer al parecer. Al oírla gritar de eso modo, Carmelius no pudo evitar ir hacia donde estaba, y cuando iba a girar por una esquina, se detuvo al ver que la encontró, junto a un grupo de hombres que la arrinconaban en una pared, riendo divertido y perversamente. Carmelius estuvo asomada, y vio que esos hombres estaban abusando de esa joven, desgarrando su ropa por todos lados mientras le sujetaban las muñecas contra la pared y cogiendo sus piernas por los muslos. Supo entonces que tenían intención de violarla allí mismo. – ¡Nooo! ¡Basta por favor parar! –  suplicaba ella llorando sonrojada y con los ojos cerrados. –  ajajá. ¡Mira está mujerzuela, ahora es una rata callejera que podemos coger sin problemas! – dijo uno de ellos, el que le sujetaba los muslos en alto. Los demás estuvieron de acuerdo, empezando a toquetearla y acariciarla perversamente por todo el cuerpo. ¿Por qué lo habéis hecho?! –  pregunto ella frustrada y valiente, abriendo los ojos para mirarlos directamente. – ¡¿Por qué las habéis matado Porqueremos a mí?! Al oír eso, uno de ellos la golpeo en toda la cara, haciendo que escupiera sangre. Con eso, Carmelius lo entendió todo, esos hombres eran los asesinos de esas mujeres con hijos, viendo que la buscaban a ella para tenerla en su poder, por eso siguió escuchando la conversación. –  Teníamos que hacerlo, por qué si no, no podríamos ponerte la mano encima preciosa. – dijo uno que estaba al lado suyo, cogiéndola de la nuca con violencia. –  Esa casa estaba protegida por gente que respetaba a las mujeres violada y embarazada sin motivo, pero tú te metiste hay para que no estuvieras bajo nuestro mando como debería ser. – ¡Vosotros no tenéis ningún derecho a decirme que os pertenezco! – dijo ella. – ¡Si que la tenemos preciosa! ¡Tú has heredado una fortuna por tu esposo muerto, por eso queremos tenerte con nosotros, no solo por el dinero, sino también por tu hermoso cuerpo! Cuando dijo eso, el que sujetaba los muslos de ella penetro dentro de ella con fuerza, haciendo que diera un fuerte grito de dolor. Y así estuvieron esos hombres con esa joven, violándola y humillándola en ese callejón. Al enterarse de todo eso, a Carmelius le hirvió la sangre por dentro, sintiendo rabia y odio ante esos hombres, que le recordaban a Rizort con su obsesión por el dinero que ella tuvo. Ese recuerdo y lo que estaba viendo y escuchando hizo que ella apretará más pared en la esquina, haciendo que se agrietará un poco por la fuerza usada. Los hombres no tardaron en acabar y dejarla allí abandonada e inmóvil por lo humillada y dolida que estaba. –  Yo de ti pensaría en lo que ha pasado ahora, puede que tenga consecuencias desagradables, piénsalo bien preciosa. –  le advirtió uno inclinado hacia ella antes de irse con los demás. Cuando se perdieron de vista, Carmelius salió de su escondite y fue hacia la joven, encogida y abrazada junto a la pared, con las ropas destrozadas y llena de moratones y golpes. Al estar enfrente de ella, pudo ver como temblaba sin parar con la cabeza baja, por eso no la vio, hasta que se arrodilló ante ella y puso una mano sobre su hombro, sobresaltando a la joven que alzó la cabeza al instante, pero cuando la vio se calmó viendo que era una mujer que parecía de su edad más o menos. Carmelius quiso decir algo, pero la chica se adelantó dándole un abrazo de desesperación, abrazándola por encima de los hombros. Carmelius no tuvo más remedio que corresponderle por la espalda, intentando no fijarse en el cuello despejado de la joven. La chica no dejó de temblar, aunque la abrazará, por eso tuvo que flotarla un poco por la espalda para calmarla. –  Por favor ayúdeme… ellos han matado a esas mujeres, dejando solos a sus hijos pequeños… – dijo la chica triste y dolida. Carmelius la escucho, recordando como vio los cuerpos de esas mujeres con hijos, muertas y destrozadas por esos desgraciados. Esas imágenes hacían que también recordará lo que paso en su vida humana, y eso la hizo estar dolida y triste. En ese momento, empezó a llover unas pequeñas gotas, que poco a poco iban aumentando. Entonces, la chica se separó un momento de Carmelius para mirarla fijamente con dolor y sufrimiento. –  Por favor haga que está pesadilla acabe… – pidió ella entre lágrimas en los ojos y gotas de lluvia por la cara y el pelo. Entonces la chica volvió a abrazarla con fuerza, sin importarle la lluvia que las mojaba a ambas. Carmelius vio que el cuello de la chica estaba despejado y algo estirado, por lo que intento no mirarlo, pero si podía oírlo, quiso separarse de la chica, pero la abrazaba con fuerza mientras lloraba sobre su hombro. Viendo que esa chica no deseaba vivir esa vida que tenía, Carmelius no lo pensó mucho más y con suavidad clavó los colmillos en su cuello, haciendo crujir un poco la carne, pero la chica no grito ni nada, solo sintió el dolor para aguantarlo después, pero cuando Carmelius se puso en pie con ella en brazos, notó que ella dejó de abrazarla, dejando colgar los brazos inmóviles, aun así, no dejó de beber su sangre mirando hacia delante con los ojos rojos brillando.  ----------------0----------------- – jujuju. –  se oyó una risa a sus espaldas, y sobresaltada se giró viendo que era su padre con una sonrisa divertida, apoyado en la esquina con un brazo extendido hacia ella sin parar de reír. –  Mi pequeña, mi mártir “no pienso matar a ningún inocente más” ajajá, ¡qué bueno! jajá jajá. Carmelius dejó de morder a la chica y la miró aterrada, viendo que la había matado con demasiada rapidez. Ante eso, Azeman se separó de la pared sin parar de reír divertido y contento para acercarse a ella, que dejó caer el cuerpo al suelo petrificada, después se miró las manos aterradas, viendo como temblaban de miedo y terror. –  Esto es único, hay que celebrarlo ahora mismo con un baile. –  propuso él, entonces cogió el c*****r la de chica muerta, sujetándola de un modo como de baile. Entonces bailo alrededor de Carmelius que cayó de rodillas al suelo, con las manos en el rostro frustrada. Mientras, Azeman tatareó algo en rumano, como una canción de alegría mientras bailaba solo con el c*****r, sin importarle que estuviera destrozándolo con solo agitarlo de ese modo. Carmelius estaba cada vez más frustrada, y entonces pensó en los hombres de antes, si no hubieran violado y humillado a esa chica, ahora no estaría allí y muerta por su culpa. Ante ese pensamiento, Carmelius se puso en pie y corrió a toda velocidad en línea recta, dejando a su padre bailando con el c*****r aún. – ¡Está chica aún sigue con vida ajajá! –  bromeó él sujetando el c*****r por la cintura con un brazo, dejándola colgar hacia atrás. Siguió dando vuelta mientras buscaba a Carmelius con la mirada, viendo que no estaba dejó caer sin más el cuerpo buscándola más, hasta que la vio corriendo hacia algún sitio con desesperación. Quiso detenerla, pero algo le decía que no debía hacerlo, no aún, entonces dejó que ella hiciera lo que debía hacer. Mientras, Carmelius corrió veloz por los callejones sin chocar ni rozarse con nada en su camino, era como si todo a su alrededor se moviera a su paso mientras ella estaba en un punto moviéndose, cuando en realidad era ella quién se movía y no los edificios y demás. Carmelius siguió un leve rastro, el de esos hombres, que cada vez era más fuerte, eso significaba que estaban cerca. Después de un rato corriendo, los encontró a las afueras de la ciudad, en una vieja casa iluminada por dentro, desde donde estaba podía oírle gritar de diversión y euforia, seguramente por lo que hicieron, eso le dio más rabia a Carmelius, que mostró los colmillos y los ojos rojos brillando, no era sed de sangre, era sed de matar. En ese momento, esos hombres dentro de la casa estaban bebiendo vino sin parar, parecían celebrar algo que les encanto conseguir. Estaban muy contentos y borrachos que no se enteraron del ruido de las pisadas de alguien hasta que esa persona picó a la puerta, y el que estaba de pie se giró extrañado como los demás, pero de todas formas fue a ver quién era. Cuando abrió la puerta, bajo la mira un poco, y vio que era nada más y nada menos que una mujer joven, hermosa y elegante, de pelo, capa y vestido n***o. –  Vaya, hola guapa. – dijo él encantado por la belleza de la joven, intentando seducirla con la mirada y la voz. – ¿A qué se debe el honor? La chica de n***o tuvo la mirada medio baja, evitando que se le vieran los ojos, pero eso al hombre no le importo, más bien se fijó en el resto, en el cuerpo de la joven, viendo que estaban bien, ni muy gorda ni muy delgada, era perfecta, como nunca había habido en años. La chica sonrió en bajo, viendo que el desgraciado humano había caído en la trampa con solo verla entera, como era de esperarse. –  Estoy un poco pérdida y cansada, ¿Le importa que pase está noche en su casa caballero? –  pregunto ella con voz angelical y hermosa. Al oírla, el hombre tembló de placer, deseando abrazarla y besarla hasta hartarse, pero se aguantó hasta que la vieran sus compañeros. Carmelius pudo sentir desde esa distancia como ese hombre temblaba nerviosamente, y no era por el miedo, más bien era, por lo contrario, por el placer y deseo. – ¡Que el diablo me lleve al infierno si me niego, adelante señorita! –  acepto él, haciendo una reverencia para que entraran, como todo un galán disimulando. Ante la invitación, Carmelius volvió a sonreír en bajo y con elegancia entro cogiendo un poco su falda con la capa. Una vez dentro, el hombre cerró la puerta con la cerradura, girando la mirada hacia ella, con sarcasmo y perversidad. Cuando ella llegó a la sala donde estaban los demás, ellos quedaron sorprendidos al verla, viendo lo hermosa y joven que era, a pesar de ir de luto total. Los dos hombres sentados se pusieron de pie cuando su compañero apareció y estuvieron mirando fijamente a la chica, rodeada por ellos a cierta distancia. –  Bueno, ¿Qué hace una belleza como usted es el bosque a estás horas de la noche? –  pregunto el hombre que la recibió. –  Es muy peligroso para alguien como usted ir sola por ahí, puede ser mortal… – Seguro que sí.  –  Coincidió ella, poniéndose de espaldas a ellos. –  Pero es que… quería hacer una cosa. Ante eso, los tres se pusieron contentos, pensando lo que no era lo que ella pensaba. Entonces, vieron como ella se desataba la capa y la dejaba caer al suelo por detrás, dejando ver su espalda descubierta a pesar de la larga melena negra medio rizada. Sin poder aguantarlo más, el hombre de la puerta se acercó a ella y la abrazo con fuerza por encima del pecho, y los demás se rieron divertidos. –  Si lo que quieres hacer es algo como esto, has venido al sitio adecuado preciosa. – aseguro él excitado. – ¿De verdad? –  pregunto ella calmada, y eso los dejó extrañado. – ¿Vosotros podéis ayudarme a deshacerme de ello? ¿De está necesidad que tengo? – ¡Pues claro, podemos hacerlo y mucho más! – aseguro él impaciente, los demás se miraron entre si encantados. Entonces, con fuerza y excitación, el hombre la obligó a girarse y mirarlo para besarla, pero entonces ella lo detuvo con más manos en su pecho al descubierto, fue eso lo que hizo que él notará lo fría que estaba y también pálida, cuando alzó la mirada hacia ella, ésta también lo hizo, dejando ver por completo su rostro, aterrado al hombre que quedó petrificado ante ella, viendo el rostro monstruoso pero angelical al mismo tiempo. –  Que hagas tenía de oír eso amigo, porque pienso haceros pagar de vuestra humillante violación contra esa pobre chica, que he matado sin poder contenerme. – dijo ella con voz fiera entre los dientes. Entonces, sin esperar más, Carmelius empezó con la masacre, mientras a fuera se oían los gritos de ellos ante el monstruo que los iba a matar en ese instante. Gracias a que estaban lejos de la ciudad y en medio del bosque, nadie los oyó y fue a ayudarlos, y aunque los hubiera era un s******o enfrentarse a un vampiro enfurecido como ella. Unos momentos después, Azeman iban caminando por el bosque, acompañado de algún que otro lobo a distancia, estaba caminando con seguridad, yendo a algún sitio en particular. Fue entonces cuando se detuvo, y enfrente de él a varios metros, estaba Carmelius, sentada junto a un enorme árbol encogida y temblando un poco. –  Para encontrarte solo tengo que seguir en olor a sangre que desprende tu cuerpo. – dijo él caminando hacia ella con los brazos ocultos bajo su capa negra. Carmelius estaba manchada de sangre, de pies a cabeza, y lo se mostraba incomoda con ello, pero si por otra cosa que la hacia temblar, y no era por la presencia de su padre en ese momento. Azeman se acercó a ella hasta estar enfrente, mirando el rostro que ella tenía, de miedo y terror, hacia ella misma, y sabía por qué estaba así. –  El dolor es horrible para ti, lo sientes más que otro vampiro por qué tienes alma humana, ¿No quieres que siga verdad? –  dedujo él con ironía. –  no… – contestó ella algo afónica. Cuando ella hablo, él se arrodilló ante ella, mirándola fijamente con sus ojos rojos y sus colmillos a la vista, mostrando su verdadero rostro de vampiro. –  Pues haz lo que tu naturaleza de vampira te dicta, y apreciaras lo que sentiste con esos jóvenes entre tus brazos, y lo que has experimentado con esas cucarachas muertas, aplastadas por tu poder. –  aconsejo él satisfecho y sonriendo. –  La maldad es solo un punto de vista, los demás lo ven de otra forma, ya que nunca han matado de esa forma. Carmelius lo miraba y escuchaba, viendo la seguridad de sus palabras, por la experiencia que él tenía, tanto humana como vampírica. –  Dios mata indiscriminadamente, y nosotros también, por qué ninguna criatura de Dios se parece tanto a él… como nosotros. – dijo él. –  je, ¿Lo dices por qué somos eternos como él? –  pregunto ella burlonamente. –  No seas tonta pequeña, no existe la eternidad en este mundo, nunca olvides esto. – dijo él con seriedad. – ¿Qué quieres decir con eso? –  pregunto ella confusa ante esa negación. Él no contestó, solo mostró su particular sonrisa, dejando más confusa a Carmelius, que no entendía el significado de esas palabras, pero vio en su rostro que debería entenderlo con el tiempo, no corría prisa. –  Ya es hora de volver, necesitas descansar por hoy. – dijo él poniéndose en pie. –  Ven conmigo. –  se puso en pie, pero enseguida vio que ella no iba a moverse aún de ahí, por lo que extendió la mano para que la aceptará. –  Por favor… Ante esa petición, Carmelius tuvo que aceptarla, ya que, él en verdad estaba preocupado por ella, y Carmelius no deseaba eso en él, por muy vampiro sanguinario que fuera él, ahora sería su padre eternamente, y no quería preocuparlo más de la cuenta. Cuando acepto su mano para ponerse en pie, al momento de estar en pie frente a él, las fuerzas no la dejaron estarlo, pero al instante fue cogida por Azeman, viendo que estaba agotada por la carrera y haberse alimentando mucho esa noche. –  Tranquila, solo estás cansada… ya te llevó yo a casa. – dijo él para calmarla del susto. Y con eso, él la cogió en brazos, tapándola bien con la capa de ella, y salió volando hacia el castillo, que cuando llegaron allí, estaba ya por amanecer. Cuando Azeman aterrizó en el castillo, no soltó a Carmelius hasta que estuvo en su habitación y la dejó en su cama para que descansará ya mismo. Carmelius estuvo callada y pasiva de todo por el camino, y cuando estuvo en su cama se giró de lado con las manos frente a la cama sobre la almohada, agotada y adormecida, viendo que ahora estaba bien, Azeman decidió retirarse a descansar también. – ¿Por qué…? –  pregunto ella en el aire, deteniendo a Azeman frente a la puerta. – ¿Por qué sigues preocupándote por mí, después de mostrarte que soy una cobarde y una indecisa incontrolable? Ante esa pregunta, Azeman se quedó un momento callado, para después volver a girarse a ella y caminar hacia la cama para sentarse a su lado, acariciándole el cabello mientras lo apartaba de su rostro. Carmelius no se movió, pero si tembló un poco de nada al sentirlo a su lado, era algo que no se quitaba en ella, y le resultaba extraño sentirse así siempre con él. –  Entiendo que estés así ahora hija, y es normal, eres como un bebe recién nacido, y los bebes con el tiempo van aprendiendo a caminar y hablar, a ti te pasará lo mismo, te iré enseñando cosas y con los años podrás controlarlo bien… Si fuera como el resto de esos inútiles, que abandonan a sus compañeros porque son una molestia por ser como son, me arrancaría los colmillos por serlo, tú eres diferente a eso, eres mi hija, te cree para serlo, y por eso no te pienso abandonar por nada del mundo… haré que dejes de tener estos temores y sufrimientos con los años, te lo prometo, ahora duerme tranquila amor. Cuando acabo de decir eso, él se inclinó un poco para besarle la frente con suavidad antes de retirarse, dejando a Carmelius sorprendida, pero vio que él estaba seguro de lo que decía, confiaba en que lograría educarla bien para ser toda una vampiresa y una princesa no– muerta. Ante eso, Carmelius decidió no defraudarlo, y decidió hacer todo lo que él le dijera y enseñara, sin contradecirle ni negarse a nada, ahora estaba bajo su mando y cuidado por toda la eternidad, y ella no estaba arrepentida por ello. Año 1769 Veinte años han pasado desde que se convirtió en vampiresa, y Carmelius ha ido aprendiendo poco a poco habilidades de su padre, aparté de intentar usar de nuevo su poder mental, pero misteriosamente no le salía ahora, no se preocupó pensando que tarde o temprano lo conseguiría. Aún recordaba todas las matanzas que hizo, pero supo mantenerse firme y aprender todo lo que su padre le enseñaba hacer. Enseguida supo usar su poder de hipnotizar a la gente, desplazarse con velocidad, caminar bajo el sol, pero no por mucho tiempo, transformarse en algún animal, pero en una corta durada, atravesar paredes, etc.… todo lo básico que un vampiro de su nivel sabe hacer, cosa que son pocos. Con el tiempo que paso, Carmelius supo entender y apreciar la sangre humana para sobrevivir, y tener que soportar el matar a la gente, mejor eso que condenarlos como ella. También vio que, en verdad, eso de ser joven eternamente, viendo que no era tan malo si vives con alguien que tampoco envejece ni morir a no ser que te maten a la forma en que se mata a los vampiros, por eso no le asusto eso de tener 18 años eternamente, a pesar de tener muchos más con los años. A pesar de eso, a ella seguía sin gustarle ponerse vestidos femeninos y incómodos para ella, pero en ocasiones especiales se ponía, para ser educada y por su padre que le encantaba verla vestida como una mujer de vez en cuando. Al igual que su padre, los gitanos de Rumania, fieles y leales siervos de Kamazotz desde tiempos inmemorables, también respetaron y juraron lealtad a Carmelius como princesa e hija de su señor. Tal y como se contaba, los gitanos de allí eran brujos y guerreros bien entrenados, tanto hombres como mujeres trabajaban a las órdenes de su señor inmortal, sobre todo las gitanas que estaban con Carmelius, tanto para prepararla para fiestas y demás, como para enseñarla a usar arma para las batallas, y aprendió rápido, impresionándolos a todos, mostrándose como una más en vez de su señora y vampira. Ese mismo año, Carmelius se hizo amiga de la hija del jefe de los Gitanos, su nombre era Orleta, y ahora tenía la misma edad de Carmelius aparentemente, pero Carmelius la conoció cuando nació, desde entonces fueron inseparables. Orleta se convirtió en la mejor guerrera de su gente, por lo que se convirtió en la mano derecha de Carmelius por orden de Azeman, y ellas gustosamente aceptaron. 
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