Capítulo 12

4622 Palabras
– ¿Vas a decirme ya qué hacemos aquí? – pregunto ella impaciente e inquieta. –  Tranquila pequeña, ahora mismo lo sabrás, estoy seguro de que te ayudará con tus problemas… – contestó él, seguro de lo que decía. Para Carmelius eso no fue una respuesta, y desvió la mirada incomoda e inquieta, ante eso, Azeman decidió abrazarla por el hombro y pegarle a él, eso la hizo sonrojarla y mirarlo confusa. Él sonrió mostrando sus blancos colmillos y sus ojos rojos, la típica mirada de un vampiro, antes ella se asustaba al ver esa mirada, pero ahora ya no, más bien le encantaba verlo y sonrojarse un poco encantada. En ese momento, picaron a la puerta, Azeman les permitió pasar, y entonces entraron Antón con una mujer hermosa y un joven también atractivo. Al verlos, Carmelius entendió al instante que iba a pasar, y se puso en pie con un rostro petrificado y aterrado. Azeman la miró con una sonrisa irónica, y enseguida volvió a fijarse en ellos, poniéndose en pie para recibir a la chica, ésta con gusto se acercó a él. –  Espero que sea de su agrado señor. – dijo Antón nerviosamente y sudando. –  Son los únicos voluntarios de esta noche que quedan. –  Son perfectos Antón, puedes retirarte. – dijo Azeman, mirando fijamente a la mujer. Éste sin pensarlo dos veces cerró la puerta y se fue. Carmelius no podía creerse lo que estaba viendo, sabiendo que pensaba él hacer con esa mujer, y seguramente el joven lo trajeron para ella, y eso la aterró enormemente. La mujer se mostraba completamente como una prostituta de la época, encantada de complacer al hombre de la melena negra, seguramente no sabía que era un vampiro, en cambio, el joven se mostraba normal y tranquilo, no parecía de allí, y eso a Carmelius se supo mal, ya que, seguramente no saldría de allí con vida. –  P– Padre, – llamó ella tartamuda. – ¿Podemos hablar un momento en privado? – ¿Padre? ¿Es ella su hija caballero? –  pregunto la mujer coquetamente. –  Y yo que pensaba que era soltero. –  Y lo soy encanto, pronto te lo contaré, pero antes tengo que acceder a la petición de mi hija, con permiso. – dijo él seductoramente. Con eso, la mujer se separó de él resignada y fastidiada. Cuando él se acercó a Carmelius, ella lo cogió de la manga y lo arrastro hacia la puerta de la habitación privada, mientras la mujer y el chico esperaban allí, sentándose en las butacas. Una vez dentro de la habitación cerrando la puerta de un portazo, Carmelius se giró a su padre con un rostro enfadado y molesto. – ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué me has traído aquí? ¿Para darnos una fiesta en un sitio público y con inocentes? –  pregunto ella en voz un poco alta. – ¿Con eso piensas ayudarme con mi problema? Ante la insolencia de ella, Azeman con unos rápidos y silenciosos movimientos, la cogió del cuerpo desprevenida y la tumbo con mucha fuerza en una cama que había allí, inmovilizándola con las manos sobre las muñecas de ella arrinconadas sobre el colchón a la altura de la cabeza. Carmelius abrió los ojos asombrada y petrificada ante el poder de él, respirando agitada por el susto, aunque no le latiera ya el corazón. –  Será mejor que no te pongas así tan rápido pequeña, puedes salir desprevenida… – advirtió él, acercando su rostro con el de ella. –  No debes ponerte así, tranquilízate… – ¿Como quieres que me tranquilice al ver a esa prostituta y a ese chico inocente? –  pregunto ella valientemente. – ¡Los has pedido para que bebamos su sangre! –  Exacto, para eso los he pedido, para eso vengo a menudo aquí, para tener algún banquete decente. –  confesó él con sinceridad. –  Deberías estar contenta, son personas que no conoces, eso no debería afectarte. – ¿Por qué crees eso? –  pregunto ella más calmada. –  Por qué tu instinto te obligará a hacer cosas que no te gustaran hacer hija, para sobrevivir y ganarte el respeto de los demás de nuestra especie, para eso eres la princesa de los vampiros Carmelius, lo que aceptaste ser cuando tome tu pura sangre de virgen. Ante eso, Carmelius se quedó callada, y más cuando, de repente, él se inclinó sobre el cuello de ella, rozándolo con los labios, haciendo que ella se excitará y echara la cabeza hacia atrás sonrojada. Él le soltó las muñecas y apoyo las manos en otros lados, uno en la mandíbula de ella y la otra en el costado contrario. Ella no entendió el por qué hacia eso tan repentino, pero no se atrevió a detenerlo. –  Muy pronto sabrás… que, al beber sangre de tus víctimas, sentirás que es algo muy parecido al placer físico, aunque no lo hayas experimentado antes en vida. –  explicó él en su oído, seductoramente. –  Lo que sientes ahora en el cuerpo, lo sentirás también al hacerlo, pero ya conoces la sensación ¿no es así? –  pregunto lo último con ironía y riendo. Esa pregunta, hizo que Carmelius recordará lo ocurrido la otra noche, como si un rayo hubiera chocado contra su cabeza. Él tenía razón, ella conocía la sensación cuando se tomaba la sangre de un humano, sobre todo si era de alguien que se amaba. Cuando se clavaba los colmillos en el cuello, sintiendo la sangre fluir de la mordedura sin despejarse de ella, oír como la victima gritaba o gemía al sentirlo, todo eso daba al vampiro una sensación de placer, tanto interior como físico aparte de saciar esa sed ardiente de la garganta. Al recordar eso, Carmelius desvió la mirada aterrada y avergonzada, y eso hizo sonreír a Azeman, que se río en voz alta, rozando su rostro en la garganta de ella, al mismo tiempo que la acariciaba con su melena, haciéndolo cosquillas. Ella no tenía derecho a criticarle ya, por qué ya había experimentado ese momento de placer y saciedad. Al ver que había ganado, él dejó de estar encima de ella y la libero, pero ella no se movió aún. –  Está es la realidad Carmelius, aunque te guste o no, deberás alimentarte de esa forma para sobrevivir y ganarte la confianza y el respeto de los demás vampiros, para que te vean como la verdadera princesa no– muerta, tenlo presente. – dijo Azeman con seriedad e ironía. –  Pero tranquila, puedes tomarte el tiempo del mundo, pero te vendría bien hacerlo está noche para tenerlo superado ya. –  No seré capaz de hacerlo otra vez padre, no podré… – dijo ella, tapando los ojos con el brazo. –  Por más que lo desee no me veo capaz de repetir la experiencia que tuve con… Blade. –  Lo sé, por eso he planeado está salida… – dijo él con pesar, inclinándose un poco hacia ella, extendiéndole la mano. –  Ven conmigo… Ella lo miró, y dudo de aceptar o no la mano de él, pero Azeman espero paciente. –  Se que puedo confiar completamente en ti, solo espero que tu confíes en mí, por favor… – dijo él con una sonrisa suplicante. Con eso, ella finalmente se rindió, y resignada acepto su mano para ponerla en pie e ir con esos dos. Cuando Azeman abrió la puerta, la mujer y el chico se pusieron en pie rápidamente por respeto, y eso hizo reír a Azeman, que, extendiendo la mano, le indicó a la mujer que viniera, el chico tuvo que esperar allí. Carmelius no entendió que iba a hacer, Azeman le pidió que también se quedará, y eso a la mujer le fastidió un poco. Cuando estuvo dentro, Azeman cerró la puerta poniendo la cerradura. – ¿No le incomoda que su hija este presente señor? –  pregunto la mujer, caminando de espaldas hacia la habitación. –  En absoluto, no te preocupes. – aseguro  él con una sonrisa seductora. –  Además, ella tiene que aprender a hacerlo bien. – ¿Aprender a hacerlo bien? ¿Es que va a darle clases aquí conmigo? –  pregunto ella sorprendida, pero sin estar molesta. –  Veo que es un padre único, no muchos enseñan estás… cosas a sus hijas. –  Lo se… Carmelius desvió la mirada frustrada, viendo que la mujer entendía mal lo que él decía, sin saber que iba a pasar en verdad. Mientras, Azeman desvió la mirada para mirar el cuello de la mujer, viendo como la vena yugular latía excitada y nerviosa, eso le encantaba. La mujer iba muy extrovertida y seductora, como solían ir las prostitutas, y eso a Carmelius le sacaba de quicio, pero a su padre no. – ¿Por qué no empezamos ya? –  propuso él, acercándose a la mujer con seducción e impaciencia. –  El tiempo siempre es oro. Con eso, la mujer se río coqueta, y él la empujo para que se tumbará en la cama, con él encima de sus piernas. Entonces, giró la cabeza hacia Carmelius que estaba en una esquina encogida, y le extendió la mano para que se acercará a ellos y se sentará en la cama, dando unas palmadas en ella. Insegura y aterrada, Carmelius se acercó, con los brazos cruzados con fuerza, y se sentó en los pies de la cama, escondiendo un poco su rostro con mechones de su cabello colgando. – ¿No quiere que me quite la ropa primero señor? –  pregunto la mujer bien tumbada en la cama, provocándolo. –  No hace falta que hagas nada, solo debes quedarte quieta y dejarme a mí el resto. – dijo él con voz seductora. Entonces, él la miró fijamente, haciendo que ella quedará hipnotizada completamente. Carmelius entendió que eso era como una clase para aprender a usar sus habilidades de vampiresa, aparte de que era para que él se alimentará de ella sin que el chico de fuera se enterará de lo que pasaba. Cuando la tuvo controlada, Azeman se inclinó un poco para poder cogerla por la nuca y alzarla, con los brazos y la cabeza colgando inmóviles. –  No te preocupes, solo te dolerá un poco al principio. – aseguro él en susurro, mostrando sus ojos rojos y sus afiliados colmillos sobresaliendo de la boca. –  Hoy estoy bastante hambriento, y tu harás que deje de estarlo amor. Al acabar de decir eso, él se inclinó en el cuello de la mujer, y dando un rugido al abrir más la boca, clavó profundamente los colmillos en la vena indicada, haciendo que ella diera un temblor repentino por todo el cuerpo, pero después se relajó completamente, entregándose al vampiro moreno. La sangre deslizó por entre los labios de él, y por el cuello de la mujer que cerraba los ojos excitada y sonriendo. Al ver esa escena, Carmelius no pudo evitar sentir las ganas de apuntarse al festín, pero se negaba, mordiéndose un poco el labio inferior sin apretar mucho. El olor de la sangre y verla ante sus ojos hacían que lo deseará más, por eso se mostró tensa e incómoda, apretando las manos sobre la cama con fuerza, resistiendo la tentación de beber esa sangre. – “Por mucho que te resistas, deberás beber tarde o temprano Carmelius…” – dijo su padre por telepatía. Carmelius lo miró, viendo que él la miraba de reojo entre su melena negra en la cara. Ella lo miró sudada y temblando un poco. Él no dejaba de beber, dejando que la mujer se tumbará del todo en la cama con él encima sin despegarse de ella, a la vista de Carmelius. Un rato después, Azeman se separó un poco del cuello, y miró a su hija con los colmillos a la vista, manchados de sangre como los labios y la barbilla. –  Mi hija, debería probar esto también… – sugirió él satisfecho. Al oír eso, Carmelius lo miró fijamente sorprendida y aterrada, y vio como él cogía uno de los brazos de la mujer y se lo ofrecía con la muñeca boca arriba. – ¿Qué ha sido está… sensación tan intensa, mi señor? –  pregunto la mujer excitada y mareada de placer. –  Algo único amor. – dijo él. –  Disfrútalo pequeña, hasta el último momento… Eso último fue hacia Carmelius, pero miró a la mujer, que estaba como drogada y encantada, a pesar de ver los ojos rojos y colmillos ensangrentados de él, pensando que estaba teniendo alucinaciones. Carmelius lo miró callada, sin saber cómo pensar o reaccionar, solo podía ver la sangre circular en la muñeca de esa mujer muriéndose poco a poco. – “No te estoy obligando a hacerlo ahora ni hacerlo de este modo, pero yo de ti lo haría ahora… para así saber controlarlo más adelante, tú eliges.” –  le advirtió él, volviendo a inclinarse para beber la sangre. -----------------0------------------ Carmelius le vio chupar de nuevo la sangre, mientras la mujer abría un poco la boca deseando gemir de placer, pero las fuerzas no la dejaron hacerlo. Azeman siguió sujetando el brazo de ella ante Carmelius, paciente para que lo aceptará, seguro de que lo haría tarde o temprano. Al final, con la sed de sangre en la garganta, y el dolor del pecho por ello, Carmelius acabo rindiéndose, viendo que él tenía razón en todo. Ella cogió temblando el brazo de la mujer, y cuando tuvo la vena a la vista, los ojos se le pusieron a brillan intensamente, mostrando los colmillos, e inclinándose poco a poco jadeando hacia la muñeca, sedienta y resignada a lo que debía hacer por toda la eternidad; chupar la sangre de los humanos hasta que se murieran o se prepararan para convertirse también vampiros bajo su mando. – “Es inevitable hija mía, estamos todos condenados a ello, aunque no nos guste a algunos como tú.” –  le dijo Azeman mentalmente. Finalmente, ella clavó los colmillos con fuerza, haciendo gritar un poco a la mujer y dejando que la sangre deslizara por su brazo por la gravedad, oyendo y saboreando la sangre salir del brazo para entrar en su boca y ser tragaba con fuerza de lo sedienta que estaba en ese momento. Ante todo, eso, Carmelius se echó a llorar de dolor y sufrimiento, pensando que estaba mal lo que hacia por sobrevivir. Después de unos momentos, Carmelius decidió dejar de beber y dejarle el resto a su padre, y éste se río encantado. Él también se separó un momento de ella, dando un gemido animal de satisfacción, se giró a Carmelius de cabeza, y ella lo miró fijamente con los labios manchados de sangre y los ojos rojos brillando aún. Al verla así, Azeman dejó completamente a la mujer para irse hacia Carmelius, que la abrazo por detrás de los hombros con fuerza y firmeza. –  Se que ahora es duro, pero pronto se te pasará… – aseguro  él en su oído. –  Puedes saciarte completamente con ese joven de fuera si quieres. – ¡No! –  exclamó ella, girando la cabeza al otro lado con los ojos cerrados con fuerza, evitando pensar en ese plan. – ¡Él no tiene por qué sufrir como ella! –  Creo que si sufrirá Carmelius… – dijo él, llamando la atención de Carmelius que abrió los ojos confusa. –  Ahora estás más sedienta que nunca, por haber probado la sangre humana de nuevo… no creo que aguantes el impulso de atacar a una presa que tienes delante estando así… ¿crees que podrás? Carmelius no pudo contestar a eso, no estaba segura de ello. Azeman la abrazo durante un rato, mientras la mujer estaba medio inconsciente sin moverse nada, viviría un poco más pero no esa noche. Tanto Azeman como Carmelius lo sentía, la sed de sangre ella deseaba, quería más, y no podía evitarlo por más que lo deseará. Ante eso, Carmelius empezó a temblar de miedo, pero Azeman la abrazo con más fuerza para calmarla, y ella le correspondió. –  No pelees que este impulso Carmelius… es tu naturaleza, y debes saber controlarla está noche, porque si no, harás daño a otros humanos sin necesidad de beber su sangre, y eso te hará daño a ti también, haz lo que tengas que hacer al cruzar esa puerta hija mía… Carmelius quiso llorar ante esas palabras, pero no pudo, solo se atrevió a temblar con los ojos irritados. Un momento después, ella lo empujo un poco para que la dejará ir, y no tuvo que empujar mucho. Después, ella se puso en pie y fue hacia la puerta con la mirada baja, con la mirada de Azeman siguiéndola. Ella se paró frente a la puerta, y giró un momento la cabeza hacia él, viendo que la animaba a su modo en silencio, con eso ella abrió la puerta y salió de allí. Una vez fuera, dejando a su padre solo con esa mujer para acabar lo que empezó, se quedó a solas con el joven que estaba esperando sentado en una de las butacas de la sala. Cuando la oyó cerrar la puerta, se puso en pie de un brincó y poniéndose formal y respetuoso. Carmelius pudo ver que estaba algo nervioso, dudoso de si necesitaban de sus servicios hay al verla. –  Hola señorita, ¿Quiere que le haga compañía o prefiere que me vaya? –  pregunto él tartamudeando un poco disimulando. –  No… quédate, puedes estar aquí conmigo. – dijo ella cabizbaja. Al chico le sonó la voz de ella un poco raro, desanimado y vacío, como si se fuera a desplomar por algún motivo, o fuera a pasar algo en ese momento. Quiso preguntarle por esa cara dolida y triste, pero pensó que sería meterse en asuntos que no le importaban. Entonces, vio como ella se acercaba a él y se sentaba en la misma butaca que él, con timidez, se sentó junto a ella. – ¿Estás cómodo? Te veo algo tenso ahora. –  observó Carmelius sin mirarlo apenas, apoyando la barbilla en la mano sobre el guardabrazo de la butaca. – ¿eh? ¡No, no! Es que… – dijo él nervioso. –  Es la primera vez que estás en está situación ¿no es así? –  dedujo ella, mirándolo de reojo.  Ante eso, el joven se puso rojo de vergüenza, sin poder evitar ocultarlo, mostrando que ella tenía razón, y eso la hizo sonreír en bajo algo animada. Él tuvo el rostro oculto por las manos y bajada mirando al suelo, avergonzado de que se notará tanto que era un novato en esas cosas. En ese momento, para animarlo, Carmelius se acercó a él y puso una mano suya sobre su hombro, y él alzó sobresaltado el rostro y la miró, viendo que con una sonrisa le decía que no se avergonzará de nada, y la verdad ayudo. –  No te preocupes… – dijo ella amablemente. –  Todo tenemos una primera vez, y créeme si te digo que para mí también lo es. – ¿De verdad? –  pregunto él sorprendido. Ella asintió con una sonrisa amistosa. –  Vaya, eso me alivia un poco, jeje… – ¿Por qué trabajas en este lugar? –  pregunto Carmelius curiosa y confusa, viendo que él no era como los demás trabajadores del local. –  Por el dinero… – contestó él, ahora desviando la mirada, como desanimado y recordando. –  Mi familia me hecho de casa porque no podían ya alimentarme, por eso tuvo que apañármelas solo… no tengo experiencia con mujeres, eso ya lo está viendo, pero algunas les gusta así que el dueño me guarda para esas ocasiones… Mientras iba hablando, Carmelius empezaba a sentir ardor en el cuerpo, jadeando un poco en bajo sin que él lo notará. Miraba sin poder evitarlo el cuello del chico mientras hablaba, viendo como la vena yugular latía con rapidez por su nerviosismo, y eso hacia que ella estuviera más sedienta que antes. Él no se daba cuenta de nada, iba contando su vida, como si con eso se sacará un peso de encima, y ella solo pensaba en aguantar el impulso. –  … el señor Antón me ha tratado bien, siempre y cuando haya hecho bien el trabajo que tocaba… – continuó él, entonces se giró a ella. –  él es muy… Entonces él se fijó de que algo le pasaba a ella, viendo que estaba con tensa y rara, no sabía que le pasaba exactamente, por lo que se acercó para ver que le pasaba, ella le pedía mentalmente que no se acercará, ya que, si abría la boca él vería sus colmillos, y no deseaba que él se asustará y gritaran de terror para que ella lo tuviera que callar y matar rápidamente. Desgraciadamente, el joven se acercó y puso una mano sobre el hombro de ella, pero con cuidado de no ser incómodo para ella, y cuando la tocó notó que estaba temblando un poco, y que estaba muy fría. –  Señorita, ¿qué le ocurre? Está helada y temblando. –  pregunto él preocupado. –  S– sí, me pasa a menudo, pero me pasará, mejor no te acerques mucho. – dijo ella tartamudeando y girada para que no le viera el rostro. Él la escucho, pero no se lo creyó mucho, por lo que, se quitó la chaqueta que llevaba y se la puso a ella para taparla bien. Cuando lo hizo, ella se quedó quieta de la sorpresa por el detalle, pero cuando alzó un poco la vista, vio que ahora él estaba solo con una camisa blanca y el cuello al descubierto, rosado y fuerte. Sin que pudiera impedírselo, él la cogió del hombro para acercarla más a él, para que estuviera más cálida, y eso hizo que estuviera más cerca de él y sintiera la sangre fresca en su cuerpo, excitándola más. – ¿Está mejor ahora señorita? –  pregunto él encima de su cabeza. –  Sí… muchísimo mejor, gracias. – dijo ella en susurro. – ¿Cuál es tu nombre? – ¿eh? Ah, pues… Adán señorita, un placer. – dijo él encantado. – ¿Y el suyo? Si me permite saberlo claro. –  Carmi...lla… – dijo ella con esfuerzo de no decir su nuevo nombre. –  Carmilla… –  ah, es un hermoso nombre, y en verdad le queda bien ese nombre… – comentó él, – es cierto modo parece un ángel… Ante eso, Carmelius se río en bajo, viendo que él era tan inocente, que le daba pena tener que alimentarse de él, pero las fuerzas para aguantar estaban ya fallando, teniéndolo tan cerca de ella en esa postura. Entonces, sedienta y deseosa de saciarse, se pegó más a Adán, abrazándolo seductoramente, éste se quedó confuso, pero no la detuvo para nada, era su trabajo satisfacerla, pero dejó que ella hiciera el trabajo por si acaso. – ¿Señorita… Carmilla? –  nombro él confuso y sonrojado. –  Lo siento mucho Adán… pero lo necesito ya. – dijo ella excitada y susurrante. –  Siento que tenga que hacerte esto… Por lo que dijo, él pensó que quería una noche de esas, y viendo que no se cortaba, entendió que ella le había mentido antes, de que era nueva en esto también, pero la forma de seducir era de alguien que ya lo había hecho. Al principio le molesto, pero luego entendió que ella quiso animarlo y consolarlo de alguna forma, aunque fuera mintiendo. Dejó que ella le hiciera lo que quisiera, y eso fue lo que ella hizo, sin poder parar ya ante su impulso de beber sangre. Carmelius lo tumbo sobre la butaca con ella apoyada sobre él, inclinada sobre su cuello mientras le abría la camisa con los dedos desgarrando como garras, eso sorprendió a Adán, pero no la detuvo. El temblor y la excitación le llevó cuando sintió como ella lamía y besaba su cuello entre jadeos, las manos acariciarle el pecho hacia abajo, y la piel fría de ella, eso le extraño un poco. –  Sigue teniendo el cuerpo frío, ¿De verdad se…? Él no pudo acabar de preguntar, ya que, sintió en su cuello algo que nunca sintió, algo que se clavaba en el pero que solo dolió al principio, después fue intento y placentero, tanto que se dejó llevar por completo. Él no sabía que ella le estaba mordiendo el cuello y chupando su sangre entre lágrimas de odio y temor a sí misma por hacerle eso. Ella lo abrazo con fuerza y firmeza para que no se moviera mucho, cosa que era improbable ahora. Carmelius noto como la sangre se escurría de entre sus labios y se deslizaba por el cuello de él hasta gotear a la butaca manchándola un poco. Adán no se mostró asustado ni aterrado por lo que pasaba, era debido a que no la vio clavar los colmillos y se pensó que era otra cosa, eso a Carmelius la alivió un poco al menos. Ella bebió su sangre hasta que sintió que su corazón estaba a punto de detenerse para siempre, entonces notó que él ya no se movía una pizca y se separó de él para mirarlo, viendo que tenía los ojos cerrados y apacible. –  Lo siento mucho Adán… – se lamentó él, como rezando por su vida en el cielo, aunque no tuviera derecho a hacer eso. Ella se quitó la chaqueta de él y se la puso por encima tapándole la cara como solía hacerse a los difuntos recién fallecidos. Después, ella se puso en pie, y giró la cabeza hacia la puerta de la habitación por donde estaba su padre con la mujer, viendo que él aún no había acabado, por lo que no quiso molestarlo y decidió irse de ese lugar e ir dar una vuelta por la ciudad. Cuando bajo al piso de la entrada, el dueño Antón fue rápidamente hacia ella con nerviosismo y intimidado por su presencia. – ¿Q– Qué le ha parecido la compañía ofrecida señorita? –  pregunto él con una sonrisa forzada. –  Ha estado bien, espero que le den el funeral que se merece el chico, os lo pido señor Adán. – dijo ella sin pararse antes él, siguió caminando hacia la salida. –  Si mi padre pregunta por mi decirle que me he ido a dar una vuelta nocturna. –  pidió ella. –  Sí señorita, que tenga un buen paseo. – dijo Antón parándose en la entrada del local. Cuando ella salió del local, agradeció de que el carro no estuviera allí presente, deseaba ir caminando, o volando hasta que llegará a la ciudad. Ella así lo hizo, sin que nadie la viera, saltó al tejado del local y desde ahí voló hasta llegar a la ciudad de un gran salto sin dificultad alguna. Cuando llegó, aterrizó en un callejón oscuro, muy lejos del barrio donde ella vivió antes. Todo estaba silencioso y tranquilo a la vista de ella, por lo que se puso a caminar sin rumbo aparente. Por el camino que siguió no se cruzó con ningún humano, hasta que empezó a oír ruidos de carros muy pesados y botas de soldados y policías, pero el ruido estaba bastante lejos así que no le dio importancia. – ¿Paseando para quitarte esa culpa de encima? –  pregunto una voz en esa calle. Carmelius no se mostró sorprendida de oírle a él en ese callejón, seguramente la siguió por si acaso. Entonces, ella giró la cintura un poco, y encima de un balcón de un primer piso abandonado, estaba Azeman sentado en la barandilla con los brazos apoyados en las piernas e inclinado hacia delante mirándola. Ella se mostró tranquila y pasiva al verlo, nada sorprendida ni incomoda de ello, y él ante eso sonrió con ironía.
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