Capítulo 40

2922 Palabras

Benedicto agudizó el oído, y al oír gemir a Crina muy flujo, se convenció de lo que ella dijo, sonrojándose entre risas. – ¿Qué? ¿La has oído? –  pregunto ella amistosamente, viendo su cara sonrojada, riendo. –  Lo siento, es la costumbre, para asegurarme de que está todo en orden, aunque nunca hay problemas en el club. – dijo él con tranquilidad. –  Debe ser que te respetan los clientes, si quieren seguir entrando aquí. –  Debe ser eso. Oye… ehmm… – dijo él tartamudeando. – ¿Sí, Benedicto? –  pregunto ella con simpatía. – ¿Estás ocupada ahora? –  pregunto él sonrojado y avergonzado. –  Bueno, no me hace gracia estar presente en su intimidad. –  bromeó ella. –  Además, está luz empieza a marearme un poco. ¿Puede venir conmigo? Benedicto quedó sorprendido ante esa petición,

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