– Se cómo te sientes… – dijo él de repente, con la mirada baja y oculta por su melena negra.
– Tú y yo somos igual en este caso. – ¿También te arrebataron a alguien importante? – pregunto ella.
– A personas importantes, como a ti. – corrigió él, alzando la mirada hacia ella.
– Las asesinaron… Al escucharlo decir eso, la forma en que lo dijo, hizo que Carmilla pudiera ver como él en verdad había sufrido como ella, la pérdida de sus padres y el estado en coma de su hermana, que quizás nunca llegue a despertar. Vio que él había pasado por algo parecido, entonces ella decidió hacer memoria de lo que había leído sobre él, y era cierto, tuvo un padre, una madre y dos hermanos, uno mayor que él y otro menor.
– Por tu expresión diría que sabes de quienes hablo ¿verdad? – dedujo el vampiro al ver la cara de ella.
– ¿Ya sabes quién soy? – Sí… Azeman el Empalador, más conocido por el nombre de Kamazotz, hijo del Diablo. – contestó ella con firmeza.
– Veo que esa historia… la que dice que diste tu alma al Diablo era verdad, gracias a eso te volviste vampiro. – No parece que tengas miedo al saber eso… aunque tampoco te sorprende mucho que exista ¿verdad?
– Veo que en verdad ya me conoces mucho, con solo haber bebido una vez mi sangre, ¿no es así? – adivinó ella con ironía.
– Ya debes saber todo sobre mi… debe ser por lo que tengo que quieras convertirme en vampira y en tu hija. – No es cierto… – negó él acercándose a ella con rapidez, ella se sobresaltó un poco.
– No es por ese don que ya ni usas por temor a morir o por no saber controlarlo… es por lo que has pasado, deseo ayudarte, si a cambio decides estar a mi lado por la eternidad, ser mi hija y dejar de estar sola.
– ¿Por qué crees que quiero serlo y estar contigo? – pregunto ella confusa. – No sé en que deseas ayudarme.
– En la venganza contra los despreciables humanos que mataron a tu familia… – contestó él, dejando boquiabierta a Carmilla.
– Con mi ayuda, podrás darles su merecido… quedando en paz con ellos al fin. Ante eso, Carmilla se quedó sin palabras, sorprendida por lo que dijo.
El vampiro tenía en parte razón, deseaba saber quién los mato, y hacerle pagar por ello, incluso pensó en matarlo ella misma, pero enseguida pensó que no volvería a ser la misma con ello. Todos esos pensamientos la tenían confusa, no sabía que hacer, pero no podía estar sin hacer nada por ellos.
– Se que estás confusa, y que no deseas matar a nadie, es natural cambiar después de quitarle la vida a otra persona… – dijo él vampiro.
– Pero puedo sentir en tu corazón y en tu ser la enorme venganza que quieres cobrar con ese bastardo. Y yo puedo ayudarte en ese conflicto que tienes. Entonces, cuando acabo de hablar un momento, el vampiro apartó las mantas con fuerza, y después cogió a Carmilla por los tobillos para tumbarla de nuevo, y él se puso a su lado, rozándole la mandíbula con el rostro. Carmilla se quejó del tirón de las piernas, pero se mantuvo quieta con los brazos echados hacia atrás, jadeando un poco al tener tan cerca al vampiro en esa zona. Mantuvo la cabeza algo girada al otro lado de él, pero sin dejar de escucharle.
– Los vampiros no somos los únicos que tienen sed de sangre pequeña… – aseguro él con sarcasmo.
– Los humanos por tal de vengar a sus seres queridos son capaces de cualquier cosa, pero su personalidad y sus sentimientos hacen que duden sin parar… yo sentí ese mismo odio que sientes hacia la persona que mató a mi padre y mi hermano, desee vengar su muerte, pero nunca tuve ocasión. Tu no cometas el mismo error pequeña mía… en tu interior deseas saciar esa venganza que te está devorando por dentro, yo puedo darte un arma poderosa para ello, solo debes aceptarlo y decirme tu decisión, vamos… Carmilla le escucho en silencio, mostrando un rostro vacío y dolido pero firme.
Él tenía razón, ella deseaba todo eso, pero con solo pensar en su hermana le daba dudas, no quería dejarla sola, pero ahora era ella quién estaba solo, y Orlat no mostraba signos de querer despertar ya nunca. Ahora, Rizort amenazaba con matarla si no se casaba con Blade, y eso la sacaba de quicio, a pesar de ser un viejo amigo de su padre, solo pensaba en el dinero que ella tenía, entonces supo que solo pensaba en eso, en ser rico y poderoso. No podía permitir que a su hermana le pasará nada y dejar al asesino libre, dándole la oportunidad de acabar del todo con su hermana y con ella. Ya decidido, Carmilla cerró los ojos con suavidad, entonces, con las manos apartó su pelo n***o y el cuello de la camisa hasta llegar al brazo, dejando completamente despejado el cuello, por donde él ya la mordió una vez. Ante eso, el vampiro sonrió un poco contento, mostrando los colmillos un poco. Entonces, cuando ella parecía estar lista, echo los brazos hacia atrás y estirados hacia los lados, mientras, él volvía a pasar la cintura por las piernas de ella, y apoyándose sobre ella con cada mano al lado de ella. – Hágalo, quiero serlo. – pidió ella, estirando el cuello hacia un lado. Con eso, viendo como estiraba el cuello ante él, el vampiro se excito un poco. Vio que en verdad se entregaba a él para ser una vampiresa, por lo que decidió relajarla antes de empezar, lo que hizo fue inclinarse sobre su cuello para besarlo como si la mordiera, y eso a ella la hizo moverse de la excitación, sintió el cuerpo de él pegarse más a ella, que la abrazaba por detrás en la espalda con un brazo, y el otro la agarraba por el pelo para mantenerlo echado hacia atrás antes de empezar. Notó como él apartaba más el cuello de la camisa, dejando el hombro izquierdo despejado, gracias a esa posición en que la tenía sujeta, pudo inmovilizarle un poco los brazos.
Entonces, Kamazotz se apartó un poco, para así poder abrir del todo la boca mostrando los colmillos, blancos y puntiagudos, deseando clavarlos en ese cuello ya. Carmilla estuvo girada para no acobardarse, por lo que no le vio. Y con un golpe seco, le clavó los colmillos en la yugular con fuerza, haciendo que Carmilla abriera del todo los ojos, abriera la boca en forma de O, y echará la cabeza más hacia atrás hasta ver la cabeza, sin poder evitar mover el cuerpo por el dolor que estaba sintiendo.
– ¡Ahhh! Ohhh… ugh… – exclamó ella, gimiendo mientras se sujetaba a él como pudo, liberando los brazos.
La sangre brotó de la herida, pero el vampiro no despegó los labios aún, lo que hizo fue chupar y lamer la sangre, sin importar que se estuviera escurriendo hasta manchar un poco las sábanas. Carmilla dejó de sentir dolor, pero empezó a sentir otra cosa, placer y satisfacción ante esa sensación, sintiendo como su sangre era succionada por él, oír como él gemía con cada trago, ante todo eso intento no moverse mucho, mirando al techo asombrada. Con los brazos liberados del abrazo de él, pudo abrazarse a él también, por detrás de la nuca, agarrando así algunos mechones de pelo, y por detrás del hombro izquierdo, agarrando la camisa blanca con fuerza.
A causa de la excitación que sentía por todo el cuerpo, no pudo evitar encoger más piernas hacia atrás, y arquear un poco la espalda, haciendo que él pudiera cogerla por la cintura y pegarle más a él, y dejar de cogerla por los cabellos para cogerla por el otro lado del cuello, colocando así el dedo índice en la mejilla de ella, que estaba sonrojada y excitada como nunca, deseando que no parará nunca con esto. Un rato después, él dejó de beber de su cuello, y dando un jadeo de placer, dejando ver sus colmillos manchados de sangre, se alejó del cuello de ella. Carmilla dio un jadeo de alivió, pero a causa de la pérdida de sangre no quiso moverse demasiado, y cuando él se incorporó un poco para limpiarse los labios con la manga, dejó caer los brazos en la cama que lo sujetaban.
– ah… – jadeo ella, notando la marca irritada en su cuello.
– Tranquila, no tardaré mucho en acabar… – aseguro él, con los ojos brillando intensamente por la sed de esa sangre.
– ¿Aún tienes… que hacer algo más? – pregunto ella a duras penas.
– Sí, no te preocupes, no voy a perderte tan fácilmente, eres demasiado fuerte como para morirte por esto… – dijo él. – Para que tengas que ser mi hija de verdad, tengo que morder en otro punto, y quizás sea un poco más dolorosa que la de ahora… pero debes aguantarlo pequeña.
– ¿Dónde es ese punto? – pregunto ella.
Él no dijo nada, lo que hizo fue señalarlo. Puso el dedo sobre su pecho, entre el escote y la clavícula izquierda, era una forma más o menos blanda, y se podía morder. Entonces, él abrió un poco más la camisa de ella para poder morderla con más comodidad y así lo dejó despejado sin llegar a los pechos de ella. Al saber dónde iría a morder, Carmilla estuvo un poco nerviosa, sabiendo por él que le dolería ahora más.
– Con esto… no me seguirás ni como una sirvienta ni como una amante… me seguirás como una autentica hija por propia voluntad. ¿Estás preparada? – pregunto él, inclinándose un poco al pecho de ella, esperando una respuesta.
– S– Sí, hazlo ya. – afirmó ella nerviosa y algo asustada.
Él no la hizo esperar, viendo que quería hacerlo ya antes de echarse atrás. Entonces, poniendo una mano en el brazo de ella tocando el hombro y otra en el cuello, la mordió en ese punto con un rugido de deseo de sangre. Tal y como él dijo, esa mordedura fue más dolorosa que la de antes, y Carmilla no pudo evitar echarse a gritar en alto, apretando las manos con fuerza sobre la cama intentando aguantar el dolor como él le dijo. El dolor no cedió en ningún momento, y ella deseaba que pararse ese dolor, pero sabía que no pararía hasta que él dejará de morderla en ese punto tomando su sangre. Pudo sentir que la sangre también se escurrió por ahí, deslizando hacia su hombro y de ahí gotear hasta caer a la sábana blanca bajo la manta roja.
El vampiro pudo notar como los latidos estaban más acelerados que nunca, incluso el pecho subía y bajaba por el rápido respirar de ella. Aparté del dolor, la pérdida de sangre hizo que ella se sintiera más débil, tanto que empezaba a perder las fuerzas, y la vista empezaba a cansarse y nublarse. Pero antes de perder siquiera el conocimiento, Kamazotz dejó de beber del pecho y se separó totalmente de ella, dejando que respirará un poco de aire. Carmilla aun podía mover el cuerpo, pero las fuerzas no la dejaban hacer mucho, solo mover con cuidado el cuello para mirarlo a él, que estaba de rodilla al lado de ella limpiándose de nuevo los labios machados de sangre suya. Entonces, el vampiro la cogió por detrás, dejando colgar los brazos y la cabeza hasta que la tuvo junto a él sentada, después, a los ojos de ella, se hizo un pequeño corte en el cuello para dejar brotar la sangre.
– Ahora Carmilla… debes beber mi sangre, y unirte a mi… en la vida eterna como mi hija inmortal. – indicó él como hipnotizado.
Carmilla lo miró asombrada, y después bajo la mirada a la herida de él, que enseguida empezó a brotar la sangre, bajando por el hombro hacia el pecho y la espalda, al ver la roja sangre, Carmilla sintió como una corazonada, como un llamado hacia ella por la sangre, pidiendo que la tomará a gusto. La verdad es que, al ver esa sangre en el cuello de él, a ella le pareció deliciosa y atrayente, por lo que, cerrando los ojos mientras se acercaba, abrió la boca para sacar un poco la lengua y lamer con deseo y gusto. Poco a poco se inclinó sobre el cuello de él y con los brazos, que parecían moverse solos, se abrazaron a la espalda de él, apartando la camisa del hombro para poder lamer mejor.
Una vez que la cató, no quiso dejar de beberla por ahora, era como una droga liquida o una bebida con un gusto único, que hacia que desearás más hasta hartarte entera. Mientras la tomaba excitada y placenteramente, iba jadeando deseosa de más, como si ya fuera una vampira antes de tomar esa sangre de vampiro. No solo ella disfruto, Kamazotz gimió con solo sentir el tacto de ella sobre la herida, y echando la cabeza hacia atrás se dejó llevar por completo. Ante tanto placer, él se dejó caer en la cama con ella encima, con las piernas abiertas sobre las de él aprisionándolas y los brazos abrazándolo entero, pero dejando los brazos libres, que estaban estirados a los lados. Pero entonces, de repente, él tuvo la sensación de que cometía un error al convertirla en vampira, y eso le hizo entristecer e inquietarse.
– No… ¡No puedo permitirlo! – exclamó él, mientras que con ambas manos sujetaba la cabeza de ella y la apartaba, viendo como los labios y los dientes estaba pintados con la sangre tomada.
– Ah… por favor ya no me importa, déjame seguir… – decía ella con voz muy baja, como drogada y sedienta. – Por favor…
– Quedarás condenada como yo, para vagar por la sombra de la muerte para… toda la eternidad, yo… te apreció demasiado… para condenarte de está forma… – confesó él dolido y culpable por lo que estaba haciendo.
– Pues entonces apártame de toda está… muerte y odio. – pidió ella mirándolo con odio y rabia, pero no por él, sino por otra persona.
Ante esas palabras y esa mirada, el vampiro supo y entendió que no lograría hacerla cambiar de opinión, ya había tomado una decisión, y no era de esas que se echan atrás ante una decisión, aunque fuera eterna. Entonces, sin dejar de mirarse el uno al otro aún, él la dejó continuar, y dejaron de mirarse. Cuando ella volvió a beber su sangre por la herida aún abierta, Kamazotz empezó a temblar jadeando por el placer que sentía, tanto que se agarró a la cabecera, apretando con tal fuerza que la hizo agrietarse un poco. Carmilla chupaba entre jadeos placentero y sedientos, mientras él gemía sonriendo y disfrutando. Entonces, como si llegará a algún tipo de clímax, el vampiro jadeo ahogado mientras estiraba los brazos a los lados, arqueaba la espalda y echaba la cabeza hacia atrás, dando un gemido largo y satisfecho, como si disfrutará al máximo, después, envolvió entera a Carmilla, que lo miró de reojo al hacer ese gesto de placer, con los brazos, moviéndola un poco mientras la abrazaba encantado. Mientras iba chupando, Carmilla sentía como si su corazón, tan acelerado que le empezaba a doler, se estuviera uniendo al del vampiro, que también parecía ahora latir, debía ser por la sangre tomada de ella. Ignorando el dolor, ella siguió bebiendo, deduciendo que eso era la prueba final para convertirse en vampira, el dolor de los latidos subió en potencia, tanto que al final ella se cansó de beber y cayó inconsciente sobre el vampiro, que jadeo fuerte de alivió al sentir que ella paró de beber. Decidió quedarse un rato tomando para recuperarse un poco, y después se incorporó con los brazos, sujetando a Carmilla para que no cayera estando inconsciente. Él la miró con una sonrisa, viendo que logró soportar el proceso, ahora debía esperar a que empezará la transformación final.
– Lo has hecho muy bien pequeña mía, mucho mejor de lo que pensaba, eres más fuerte de lo que pareces… no eres una simple humana, ahora no serás una simple vampiresa, serás la princesa de los vampiros, la princesa No– Muerta… Carmilla Kamatz. Con eso, él la dejó en la cama dormida, sin limpiarle la sangre del cuerpo.
Muy pronto empezaría lo más difícil para ella, pero una vez superado, ya podrá ejecutar su venganza para su familia, y así ser libre de esa carga y estar con el vampiro Kamazotz
La noche sigue, y los ciudadanos de Brasov siguen su cometido, la buscada de Carmilla Fitzroy, que ya llevaba varias horas desaparecida y estaba por amanecer en un par de horas. La policía iba en caballo por las calles anchas y ahora solitarias, vacías de gente que dormía y en los bosques de los alrededores, y a pie por los callejones iluminados por faros, ambos grupos con unos cuantos perros para rastrear, con todo eso no conseguían ninguna pista. Los vecinos y ciudadanos que conocían a Carmilla quisieron ayudar a buscarla también, dividiéndose en grupos por toda la ciudad, y no conseguían nada nuevo, incluso los criados, que quisieron esperar en la casa por si su señora aparecía y atenderla, empezaban a tener falsas esperanzas de que siguiera con vida. Uno de esos grupos de vecinos y conocidos era el de Rizort con su hijo, que no dejaban de buscar sin descanso, a pesar del cansancio y el sueño.
– Padre, ya hemos buscado por todos lados, y seguro que los demás también lo han hecho y nada, ni rastro de Carmilla. – decía Blade a espaldas de su padre, jadeando cansado y sediento. – Deberíamos descansar un poco.
– ¡No digas tonterías, hay que encontrarla como sea antes que nadie, muévete! – exclamó él al girar la cabeza, harto de las quejas.
Ante esa forma de hablar, Blade se sobresaltó un poco, viendo el nerviosismo de su padre, con cierto enfado por algo, y no era por las quejas que le daba de tanto buscar. Ignorando el rostro de su hijo, Rizort volvió a su trabajo con frustración y con paso grande, dejando allí a su hijo sin importarle. Blade se quedó allí parado, mirando confuso a su padre, hasta que se puso en movimiento viendo que se alejaba de verdad.
– ¡Padre espera! – llamaba él a gritos.
Cuando consiguió alcanzarle, puso una mano sobre su hombro sin sentir miedo hacia él, para así girarlo y verle de cara, exigiendo con el rostro respuestas a todo lo que pasaba, cosa que Rizort no quiso darle con desviándole la mirada, pero Blade no dejó de insistir.
– ¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué tanto empeño en encontrarla antes que nadie padre? – preguntaba Blade exigente. – ¡Responde!
– ¡No tengo por qué responderte!
– ¡Claro que sí! ¡Carmilla sigue siendo mi prometida ante todo! ¡Por ese motivo, si estás así por ella, me gustaría saber por qué y ahora!
Blade habló alto y claro, dejando callado y sorprendido a su padre, que hasta se sintió intimidado por su propio hijo. Entonces, él bajo la mirada incomodo y inquieto, y eso le dio la pista a Blade, viendo que su padre le ocultaba algo acerca de Carmilla.
– Padre, ¿Qué ha pasado entre tu y Carmilla? Por la cara que pones, no debe ser nada bueno… – dedujo él con los ojos algo encogido mirando a su padre. – Dime la verdad por favor.
Rizort no dijo palabra durante unos segundos, pero la insistencia de su hijo empezaba a ponerle nervioso, tanto que apretó los puños y a temblar como un poseso. En el callejón donde estaban solo estaban ellos en ese momento, sin signos que se pasará nadie por esa zona, por lo que no había peligro de que alguien los escuchará. Al final, rendido, pero con aires de triunfador, Rizort alza el rostro hacia su hijo con intención de hablar.
– Muy bien, te diré que ha pasado si tanto lo deseas. – empezó él vacilante. – Algo muy simple, la amenacé.
– ¿Qué dices? – exclamó Blade. – ¿Por qué?
– Ella, cuando estuve en su casa para hablar sobre lo sucedido en mi bar, comento sobre cancelar el compromiso contigo… – hizo una pausa, viendo el rostro sorprendido que Blade ponía. – Sí hijo, quería cancelarlo, y yo… bueno, perdí los papeles y quise impedirlo de algún modo.
– Amenazándola… ¿Con qué la amenazaste? – quiso saber Blade ya molesto.
– Con su hermana que está en coma… – contestó él orgulloso y sonriendo. – Amenacé con matarla si cancelaba el compromiso y si te decía algo de ello, así de simple.
Para Blade, eso fue lo peor que oyó en su padre, viendo su rostro sonriendo triunfante y orgulloso de los hechos, lo dejó petrificado y sin habla, con los ojos irritados temblando, viendo que su padre no se arrepentía de lo que hizo.
– Estás completamente loco padre… ¡¿Como pudiste amenazarla con eso? ¡¿Como pudiste padre, como?
– Por el dinero de su familia… – contestó él con ironía. – No me gusta la idea de que una mujer de pacotilla se quede con esa fortuna, cuando yo solo tengo un bar que apenas me da para lo que quiero.
– Así que es por eso… solo por el dinero la obligas a casarse conmigo, para tener acceso a ella… – entendió Blade. – Por eso los mataste, cuando su padre rechazó la oferta tras la pelea que tuvisteis.
– Él se lo busco hijo, fuimos amigos de toda la vida y mira cómo me lo agradece… rechazándote para ser el esposo de su hija mayor, a la que iba a dar la herencia a su muerte… lo único que hicimos fue eso, darle la herencia a ella para poder tenerla después para nosotros hijo, deberías agradecérmelo.
– Eres el maldito diablo padre… por el simple dinero hiciste todo esto, y has hecho sufrir a Carmilla, las has amenazado, ¡por eso ha pasado todo esto, por tu culpa!
Ante eso, Rizort le dio un puñetazo en la cara con mucha fuerza, haciendo que se girará sobre si y sangrará por la boca dolido. La mano de Rizort también sangró, pero no le dio importancia, y miró enfadado y humillado a su hijo, que estaba inclinado hacia delante con una mano en la boca por donde salía sangre por doquier, por lo menos le partió un poco la mandíbula de un golpe.
– ¡ugh, argh! – exclamó Blade por el dolor de la boca.
– ¡Que sea la última vez que alzas así la voz, sigo siendo tu padre y harás lo que yo te diga! – dijo Rizort señalándolo con la mano herida. – Y más te vale no decirle nada a Carmilla sobre el asesinato de sus padres, por qué sino no te volverá a hablar en la vida, por más que os améis mutuamente.
Con eso, Rizort se fue, dejando allí a Blade, sangrando un poco pero no mucho. Sin querer seguir a su padre, Blade se fue por otra dirección, hacia el hospital para que le curarán la herida. Lo que ninguno de los dos supo, era que en verdad fueron escuchados por alguien desde una pequeña ventana a oscuras, una de las amigas de Carmilla escucho toda la conversación y se quedó sorprendida con las manos en la boca, sin poder creer que ellos fueran los asesinos de los padres de su mejor amiga.
– Tengo que contarle a Carmilla todo esto cuando la encuentren, rezó porque este viva y a salvo. – dijo ella en susurro, ahora con las manos entrelazada para rezar. – Dios por favor, ayuda a mi amiga…
Mientras, lejos de Bransov, en el Castillo de Kamazotz, el vampiro estaba sentado en el borde de la cama, donde estaba Carmilla aún dormida, llena de sangre; en el cuello, debajo de la clavícula, y en los labios bajando hasta el pecho, que ya empezaba a secarse. Entonces, no queriendo que ella estuviera sucia de esa forma, el vampiro se acercó a ella y con cuidado de no despertarla empezó a lamer la sangre del cuerpo con los ojos cerrados. Entonces, cuando empezó a lamerle por la mandíbula, Carmilla se movió mientras abría los ojos adormecida aún, viendo al vampiro inclinado sobre ella lamiéndola con suavidad. Ambos se miraron un instante, mientras él se relamía un poco. Vio que ella no se mostraba aterrada ni asustada, solo directa y decidida a todo.
– Muy pronto seré como tu ¿verdad? – dijo ella en susurro.
– Sí… – afirmó él. – ¿No tienes miedo a ello? Será bastante doloroso el proceso…
– Ya he tenido suficiente dolor desde el asesinato de mi familia, así que no… el miedo se ha ido hace tiempo…
Esas palabras dejaron sin habla al vampiro, que la miró fijamente un momento, viendo como ella desviaba la mirada como deprimida, por lo que él continúo lamiendo la sangre hasta que estuvo limpia de ella. Entonces, sin que a ella le importará, le cogió un mechón de pelo y lo tuvo en alto para mirarlo fijamente, viendo lo liso y suave que era, como solía tenerla la princesa de su época.
– Cuando haya concluido esa venganza que haré según usted… ¿Qué piensa hacer conmigo a partir de entonces? – pregunto Carmilla sin mirarlo apenas.
– Nada que deba preocuparte… no pienso tratarte como a una cualquiera, ya te lo dije, cuando cambies serás mi hija, por lo que te haré conocer a los demás vampiros que están bajo mi mando, como rey que sois de todos los No– Muertos del mundo.
– ¿Y cómo es eso? – pregunto Carmilla algo curiosa.
– Por una victoriosa pelea contra el anterior rey de ellos, el cual no me moleste en recordar su nombre, ya era bastante viejo por eso fue fácil vencerle. – contó Kamazotz riendo un poco. – Desde entonces soy el vampiro más poderoso del momento…
– Ya veo… ¿Por eso quiere que sea su hija? ¿Para tener una princesa el cual cederle el puesto cuando toque o algo así?
– Veo que lo vas entendiendo pequeña, así es… – dijo él, dejando caer el mechón de pelo sobre el rostro de ella. – Antes de que llegué el amanecer, tú ya habrás superado el cambio y ya estarás lista… hasta entonces espera un poco más.
Con eso, el vampiro se puso en pie para marcharse. Carmilla lo miró sin saber por qué se iba en ese momento, por lo que se sentó un poco para mirarle mejor.
– ¿A dónde va? – pregunto ella inquieta.
– A buscarme alimento, no tardaré, te prometo que estaré aquí para cuando empiece… – prometió él girando la cabeza mientras abría la puerta.
Cuando él salió por la puerta y la cerró después, Carmilla estuvo allí en silencio, volviendo a tumbarse con lentitud y suavidad.
Mientras, Kamazotz ya estaba volando por el cielo hasta llegar a la ciudad de nuevo, viendo que estaba lleno de gente buscando algo, supo enseguida que buscaban a Carmilla, y se río por ello, ya que, nunca la encontrarían esa noche en el pueblo. Voló por el cielo hasta que aterrizó en un tejado alto sin que nadie lo viera. Se puso de puntillas agachado sobre la punta del tejado, mirando curioso a los vecinos y policías buscando sin parar, hasta que se fijó en una joven, la única que estaba por la noche, llenos de hombres dispersos. Tenía la pinta de ser una vagabunda, por lo que era perfecta para esa noche donde tenía algo de prisa.
La joven vagabunda caminaba inquieta por el callejón, mirando que nadie la estuviera siguiendo o viendo para hacerle algo malo. Entonces, cuando giró una esquina de espalda, suspiró aliviada al ver que no había peligro, pero cuando se giró vio enfrente a un hombre alto de n***o, y cuando alzó la vista al rostro de él, vio unos ojos rojos brillando y unos colmillos saliendo de la boca.
– Hola señorita… – saludo el vampiro con una sonrisa de punta a punta.
A la chica no le dio tiempo a gritar, el vampiro la cogió en brazos tapándole la boca. Entonces, sin esperar más, la obligó a inclinar el cuello hacia un lado para clavar los colmillos en él, haciendo que la chica sintiera dolor, pero enseguida se dejó llevar por el placer, hasta que la pérdida total de sangre la mató sin sufrir apenas, entonces el vampiro la dejó caer en el suelo muerta, limpiándose los labios con la manga.