Y cuando alzó la mirada para verlo enfadada y dolida, quedó petrificada ante la cara de él ahora, monstruosa, sabiendo enseguida que era de un vampiro de verdad; rostro pálido y aterrador, ojos brillantes y rojos como la sangre, colmillos agudos y afilados saliendo de la boca, una sonrisa maliciosa y perversa, y una mirada penetrante y deseosa de algo. – ¿Pero ¿qué…? – exclamó ella, paralizada de miedo y sorpresa. – Tranquila amor, solo te dolerá un poquito, no es nada personal, es solo que tengo hambre de tu sangre. – dijo él con maldad y naturalidad al mismo tiempo. Antes de que ella pudiera gritar, él le tapó la boca con la mano, mientras la otra le sujetaba el cuello con firmeza para poder después morderla con fuerza y violencia, echando hacia atrás, dejándola inmóvil con su cu

