Cuando entraron en la casa, no la vieron en la sala, pero a tele estaba encendida. – ¿Hola? ¿Ama, está aquí? – llamó Sirius, mirando por el pasillo. – ¡Sí! – afirmó una voz, viniendo de la cocina. Sirius quiso ir, pero Carmelius salió de la cocina, con el brazo frente a los labios, que estaba algo manchado de sangre. Los tres quedaron parados al ver eso, pero no tardaron en adivinar qué había pasado mientras estaban fuera. – ¿Está… bien ama? – pregunto Sirius con cuidado. – Sí… pero el publicitario que picó no. Me hizo un gran favor. – dijo ella, saciada por la forma de hablar. – Me alegra saber que ha tomado algo finalmente. – dijo Sirius aliviado. – Puedo estar una noche sin beber Sirius, tengo más años de los que aparento. – bromeó ella con humor. Parece que al haberse al
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