Cuando el mantel y las cosas de la mesa cayeron al suelo, se pudo ver que la mesa era en verdad un ataúd de madera claro. Elizabeth dejó un momento a la humana sentada en el sofá, paralizada, para aparta mejor la tapa que también cayó al suelo al lado del ataúd. Después, con violencia, cogió a la humana en brazos y la tiro sin más dentro de él, mientras la chica gritaba de dolor y miedo. – ¡ah! ¡Es un ataúd! ¡Un ataúd! – gritaba moviéndose sin parar mientras Elizabeth cerraba el ataúd. – ¡No, dejadme salir! ¡Socorro! Elizabeth, sin dejar de mirar a Carmelius, se tumbó sobre el ataúd de lado, apoyando la cabeza en una mano, mientras que con la otra daba una o dos palmadas sobre él. – Es tu ataúd, amor. Disfrútalo. – dijo mirando un momento hacia abajo, como mirando a la humana, ense

