– No tiene Por qué aceptar, lo entenderé. Usted no es como los demás, sigue siendo humanitaria a pesar de tener ya muchos años como vampira, es normal que sienta pena y dudas cuando beber de los humanos.
A Carmelius le sorprendió la sinceridad de la vampira y lo muy convencida que estaba de lo que decía, tanto que se quedó sin palabras y sin saber que decir ante esa seguridad. Miró a su padre confusa, no sabía qué hacer. Ante eso Azeman actuó y fue hacia ella, rodeándola con el brazo para separarse de ella, una vez que hizo eso, decidió llamar a Orleta.
– ¡Orleta! – llamó en voz alta, la licántropa no tardó en entrar a la sala. – Orleta, haz el favor de pedir a los gitanos algún sacrificio para la condesa mientras mi hija y yo hablamos un momento a solas, – ordenó mirando a Bathory. – ¿no le importa verdad?
– Claro que no, tomen su tiempo, no hace falta que me traigan nada, estoy bien ahora. – aseguro ella sentándose de nuevo en la butaca.
Con eso, Azeman indicó a Carmelius que fueran a la habitación para hablarlo en privado, ella estuvo de acuerdo y saliendo de la sala fueron hacia allí a paso largo. Una vez solos en la habitación, Carmelius se cruzó de brazos y se sentó rendida en la cama. Azeman se sentó a su lado al momento. A Carmelius le pilló esa oferta desprevenida, y no sabía qué hacer ante ello, Azeman estaba inquieto y preocupado por su hija, no estaba seguro de dejarla ir si ella accedía.
– ¿Qué pasa? ¿No quieres ir o…?
– No lo se. Te hago caso cuando dices que no confíe en nadie, excepto tu y Orleta claro está, pero… viendo la sinceridad de Elizabeth… no se. No sé qué hacer. Ahora mismo no veo que sea mala persona padre, pensé que lo era por la forma que la mirabas antes, desconfiado y atento a lo que hacía, pero ella hablaba como si supiera de mis sentimientos hacia lo que hago con los humanos, todo lo contrario, a lo que sienten los demás. – explicaba ella dubitativa.
Azeman no sabía que decirle. Él conocía muy bien a esa condesa vampira de Hungría, sabía lo obsesiva que era cuando veía una joven, y pudo ver en ella que en el fondo quería ser algo así como su amante, pero tampoco lo afirmó del todo, esa vampira era una caja llena de oscuras sorpresas. A pesar de todo eso, no quería preocupar más a su hija, no después de lo ocurrido hace medio siglo con su hermano menor, pero tampoco quiere confiarse, dejando sola con otra persona a su hija, estaba tan confuso como ella, pero ahora no tenía derecho a obligarla a estar encerrada para protegerla cuando puede tener una posible amiga de su Rizort, aunque fuera esa condesa precisamente.
– ¿Tú quieres ir?, si quieres ir ve, no pienso detenerte lo sabes muy bien eso. – dijo él apoyando el brazo sobre los hombros de ella.
Carmelius notó que estaba temblando, no sabía por qué. Intento dejar de temblar, y se pegó más a su padre, que al momento notó el temblor de si hija. Queriendo intentar calmarla, Azeman la abrazó completamente con fuerza, pero siguió temblando sin Oscar, y ella no sabía por qué.
– ¿Qué te ocurre? – pregunto él con la cabeza de Carmelius debajo de su mandíbula.
– ¿Estás seguro? No quiero que te esfuerces tanto por mí, padre. – pidió ella preocupada y dejando de temblar poco a poco.
– No te preocupes. Solo quiero que estés feliz y cómoda con está vida que te he dado, no quiero que te arrepientas de ello. – Eso jamás lo haré, aunque algo malo me pase de nuevo, jamás me arrepentiré de ello, por qué fuiste tu quien me la dio dejándome elegir eso, cuando estaba mal, gracias a ti supe la verdad y pude vengar a mi familia humana. – dijo ella apartándose de él para mirarlo a los ojos, directa y segura de lo que decía.
– No quiero que pienses eso de nuevo, por favor padre. – pidió esto último antes de poner una mano sobre la mejilla de él, este le puso una suya sobre la de ella.
– Pero es que… tengo miedo de perderte hija. – confesó él cerrando los ojos.
– Lo se. – dijo ella con una sonrisa.
Ella notó que la palidez de su padre estaba más visible, eso indicaba que no se había alimentado del todo bien la última vez, por lo que debía estar hambriento, entonces de repente, él lentamente cogió la muñeca de ella, arremangándola hasta el codo. Ella ya se lo esperaba, aunque no pudo evitar sentirse asustada y nerviosa por lo que iba hacer de nuevo. Vio que él se detuvo dudando.
– Hazlo si lo necesitas, yo soy la única que sabe que estás sediento, sobre todo de mi sangre. – animó ella con sinceridad y pena.
– Carmelius…
Fue lo único que dijo cuando empezó a lamer y besuquear la muñeca, con la palma hacia arriba, mostrando las venas con claridad. Carmelius no pudo evitar sonrojarse ante la sensación de sentir la lengua y los colmillos de él rozándole la piel de nuevo, sintiendo placer en el fondo sin quererlo. Azeman finalmente clavó fuertemente los colmillos en ella, perforando la delgada muñeca al instante. Ella sitio de nuevo ese típico dolor agudo, la sangre deslizarse por su brazo hasta el codo ya que estaba curvado hacia arriba, goteando así algunas gotas a sus piernas. Carmelius miró a su padre morder la muñeca, viendo de nuevo esos ojos rojos brillando como el fuego del infierno, los ojos del vampiro. A ella le asustaba esos ojos, pero no podía dejar de mirarlos mientras él bebía, que no tardó en mirarla a ella también, hipnotizándola un poco con esos ojos. Cuando él dejó de morderla, la herida se cerró enseguida, pero él decidió lamer la sangre escurrida por el brazo de ella, sonrojándola aún más. Él la lamía con gusto, mientras que con el otro brazo la sujetaba por detrás de la cintura con firmeza, ella estaba ardiendo de nuevo por dentro por ese placer, deseaba no sentirse así al tener a su padre así de pegado a ella, pero era demasiado pedir al parecer.
– No sientas vergüenza Carmelius… todos nos sentimos así en estás ocasiones. – dijo Azeman sobre su brazo manchado de sangre.
– Yo también disfruto de ese modo cuando bebes de mí. – Padre…
Mientras, Elizabeth estaba sola en la sala de estar, esperando tranquila a sus anfitriones sin ninguna prisa, tenía la sensación de que la princesa aceptaría su oferta por educación y respeto. Entonces, de entre las sombras, aparecieron las tres amantes de Azeman, vestidas con ropa ligera y transparente. Elizabeth no se sorprendió al verlas, se mantuvo en su sitio sin moverse en absoluto, solo para acomodarse mejor.
– Me alegra veros chicas. ¿Listas para empezar el plan? – pregunto ella coqueta. – No será algo complicado para vosotras, será algo de vuestra especialidad.
Al final, Carmelius decidió ir con la condesa a salir por ahí esa noche, a tomar sangre por doquier, como Nosferathus que eran. Azeman y ella se dirigieron hacia la sala de estar con calma, entonces Azeman la detiene un momento en medio del pasillo y hablo:
– Hija. – llamó él, ella se giró para mirarle. – Cualquier cosa que pase, o que te pase; no dudes en intentar llamarme, como la otra vez, juró que iré a ti para ayudarte como sea.
– Tranquilo padre… – Carmelius… Ella vio la cara seria y protectora de él, por lo que acepto su pedido. – De acuerdo, pero ten por seguro que ya no dejaré que nada ni nadie se atreva a hacerme algo. Soy tu hija, y debo mostrarme como tal.
Azeman le dio una sonrisa de afecto, viendo la decisión decidida de ella, después siguieron su camino. Finalmente llegaron a la sala, allí estaba la condesa sentada en una butaca esperando, sola. Al verlos entrar se puso de pie. Carmelius se puso delante de ella con una sonrisa amistosa.
– Acepto la invitación, condesa, digo, Elizabeth. Con gusto voy contigo está noche a la ciudad. – informó ella afirmando con la cabeza.
– ¡Excelente, le juro que no se arrepentirás princesa! – exclamó contenta y alegre, después miró a Azeman. – Este tranquilo, mi rey. Su hija y heredera estará a gusto conmigo, no lo lamentarás.
– Eso espero. – dijo Azeman mirándola fijamente.
Á Entonces Carmelius, sin decir más salió rápidamente de allí, yendo a su habitación para ponerse algo para salir, siendo acompañada por Orleta que estuvo fuera junto a la puerta, al verla salir la siguió a un paso detrás de ella. Así pues, la condesa y Azeman se quedaron solos en la sala durante ese pequeño tiempo. Azeman puso las manos en los bolsillos algo malhumorado, y Elizabeth se volvió a sentar en la butaca muy tranquila.
– ¿Qué te propones Bathory? – pregunto Azeman de repente, con un aire serio y desconfiado, pero sin perder esa actitud presumida.
– Nada. Lo he dicho; quiero ser amiga de su hija, nada más. – respondió ella muy calmada, pero con un tono burlón. – ¿Tan molesta está que lo quiera ser?
Azeman se giró a ella, y cuando estuvo frente a ella con las manos apoyadas en los brazos de la butaca en un soplido, la fulminó con una mirada que helaba la sangre a cualquiera que estuviera frente de esos ojos rojos brillando como la sangre, como si fuera un lobo gruñendo a un intruso inoportuno y molesto por ello. A la vampira no le dio miedo, ni se inmuto ante ello, simplemente sonrió divertida y burlona, mirándolo fijamente a los ojos, que estaban casi pegados a los suyos en ese momento. A Azeman le frustró eso, de que estuviera tan tranquila frente a él y en su castillo.
– juju, tampoco tienes que ponerte así, no tengo ninguna intención de hacerle daño a tu hija, conde. – aseguro ella. Cosa que a Azeman no le convenció en absoluto.
– Con tanto que te conozco, ¿piensas que voy a creerte? – pregunto desafiante él, su voz sonó serpenteante entre los colmillos salidos.
– ¿Entonces por qué la dejas venir conmigo? Será que ya puede apañárselas sola ¿no? Es la futura Reina, debe aprender a ser independiente, ya que, quizás tu no estés con ella cuando eso ocurra ¿verdad?
Por la manera que dijo eso, hizo que Azeman no dijera nada durante un rato, pero seguía mirando desafiante a Elizabeth, molesto y humillado. Conociéndola bien, sabe que en el fondo desea algo de su hija, algo muy personal y perverso, solo que no lo demuestra a simple vista. Sabía que no podía confiar en nadie, y menos en ella. Pero tampoco quería aislar y encerrar a su hija por eso miedo de que le hagan algo, no le parecía justo, además Carmelius empezó a demostrar fuerza emocional para poder estar segura de sí misma, por lo que él dejaba que fuera con ella, pero la vigilaría de muy cerca, por si acaso. Él no se separó aún de Elizabeth, se mantuvo en esa posición amenazante y territorial, apoyando las manos en los brazos de la butaca con los brazos rectos, inclinado completamente hacia delante, teniendo su rostro casi pegado al de la vampira húngara, que seguía manteniéndose tranquila a pesar de ver sus ojos rojos brillando y sus colmillos sobresaliendo de los labios, mostrando su rostro terrorífico y expectral.
– Solo te diré una cosa; – empezó a decir con una voz ronca, que solía hacer cuando mostraba los colmillos o amenazaba. – Nunca, y digo nunca, le hagas nada a mi hija que pueda lastimarla, sino, seré yo quien se encargue de hacerlo contra ti. ¿entendido, Condesa Sangrienta? – acabo preguntando con amenaza.
– Completamente, Rey No– Muerto. – respondió ella con una sonrisa maliciosa y burlona. – Estoy advertida del todo.
Azeman volvió a ponerse recto, y dejando de mostrar ese rostro de vampiro por uno más humano, justo cuando se abrió la puerta para dejar paso a Carmelius, con la vestimenta no muy caminada, solo por una camisa roja oscura, que era su favorita para salir, pantalones negros y botas altas con tacón grueso y cortó, el pantalón se metía dentro de las botas, dejándolas a la vista que llegaban hasta por debajo de la rodilla.
– Ya estoy lista, podemos irnos. – dijo ella animada.
– Está perfecta, princesa. – felicitó Elizabeth, abriendo los brazos impresionada. – Si ya está lista, vámonos ya.
Sin esperar más, salieron del castillo, donde al final de las escaleras, frente a la puerta principal del castillo, había un carruaje elegante de colores marrones caoba y toques dorados. Carmelius antes de subir, se despidió de Azeman con un fuerte y tierno abrazo, abrazándolo por los hombros, mientras él por detrás de la cintura.
– Te prometo que volveré pronto. – juro ella para despreocuparlo por lo menos un poco.
– Solo quiero que tengas cuidado y que disfrutes de la noche. – dijo Azeman abrazándola con más fuerza.
Carmelius asintió sobre el hombro de él y se separó de él, se miraron unos instantes y ella corrió hacia el carro, el cochero la ayudo a subir, y Elizabeth subió después, mirando de reojo a Azeman, éste la vio y encogió los ojos desconfiados. Enseguida el carruaje desapareció de la vista de Azeman, un momento después apareció detrás de él Orleta con una expresión inquieta y preocupante.
– ¿Quieres que lo siga, mi señor? – pregunto ella, desconfiaba también de esa condesa.
– No. Tú puedes ir a la aldea a descansar por hoy, si te necesito ya te avisaré. – ordenó Azeman girándose para entrar al castillo de nuevo.
Viendo la actitud que su amo tenía en ese momento, Orleta decidió hacer lo que ordeno y cambiando a su forma de loba negra corrió por el bosque oscuro a su aldea. Mientras, Azeman caminaba pesadamente por el pasillo, hasta que se encuentra con las que menos quería ver; Verona, Marhiska y Aleera. Suspiró y paso de largo ignorándolas, pero le es imposible, las tres enseguida se acercan a él y lo acompañan a donde estuviera yendo, caminado coquetas y seductoras.
– Amo, se le ve cansado y deprimido. – dijo Aleera caminando al lado izquierdo de él. – ¿Quiere algo de… compañía? – Nosotras podemos hacer que este más animado y… relajado. – animó Verona seductoramente. – Y si tiene sed… puede saciarse sin pensarlo dos veces, amo nuestro. – aseguro Marhiska acariciando su cuello a la vista de él con seducción. – Solo tiene que tomarlo sin dudar o pesar, le pertenecemos amo.
Azeman lo pensó un poco, la verdad es que estuvo ignorándolas desde la otra noche, para no dejar a su hija sola por sus caprichos carnales, además, era verdad que estaba sediento, a causa de haber estado de nuevo con la odiosa Bathory, eso le entro el hambre de enfado. Finalmente se animó y las llevó a su habitación, allí todas se pusieron sobre la cama y empezaron a despejar los hombros y a escotarse un poco más de lo que ya mostraban.
– Vamos amo, no dude en disfrutar con nuestra compañía está noche, desahóguese de todo lo que le moleste en este momento a nuestro lado. – animaba Verona extendiendo las manos como sus hermanas hacia él.
Él sonrió satisfecho y se tumbó en medio de las tres, que empezaron a acariciarlo y mimarlo, para ver a quien "tomaba" primero. Le abrieron la camisa de un fuerte estirón, arrancando así algunos botones, pero a él no le importo y le lamieron el pecho mientras le deslizaban la prenda por los lados hasta que se la quitaron, dejándole desnudo hasta la cintura. Poco a poco, Azeman fue excitándose, tanto que los ojos brillaron y mostró los colmillos encantado y relajado. Las chicas rieron animadas, esperando el momento. Finalmente, decidió empezar por Aleera, la cogió y la obligó a inclinarse hacia él, pegándola a su pecho desnudo y frió para un humano, pero para ella era de la misma temperatura que ella, la coge de la mandíbula con ambas manos y obligándola a mirar hacia delante, entonces empezó a lamer y besar con deseo y placer su cuello, ella gimió satisfecha, mientras las otras reían divertidas, acariciándoles a ambos. Azeman, sin aguantarlo más, la muerde lentamente, dejando brotar la sangre para lamerla y chuparla. La otras dos también la mordieron para poder participar, a ella le excito eso, pero no podía moverse porque estaba agarrada a él, y él la agarraba a ella. "Escuchadme bien, yo me llevaré a la princesa a tomar algo fuera, vosotras intentar seducir a vuestro amo para que baje la guardia, así mi amado tendrá tiempo para hacer lo planeado. Además, así cumpliréis vuestro deseo de estar con él, aprovechar la ocasión. Verdad que queréis que esa hija suya sufra y sufra, pues hacer lo que os pido y veréis que eso podrá cumplirse. No me falléis." Esas era la misión que Elizabeth les encargó a ellas, cosa que empezó a dar resultado, y lo disfrutaban al máximo. Azeman empezó a beber la sangre de las tres mientras las seducía a gusto, cosa que ellas estuvieron esperando con ganas. Poco a poco ellas empezaron a quitarse todas las ropas hasta quedar completamente desnudas ante él. Azeman estaba completamente bajo la seducción de ellas y saciando su sed.
– ¿Está contento amo? – pregunto Verona. Él en vez de responder, la volvió a morder, excitando a la vampira todavía más. – ¡jajajaaj! Vuestra piel está helada. – comentaba una joven ya muy bebida. – juju, sí, me lo dicen a menudo. – dijo Elizabeth con voz seductora.
En un local en el centro de la ciudad, en una habitación privada, había cuatro mujeres bebiendo y disfrutando sin parar, una de ellas estaba al margen de las demás, estaba apoyada en la columna del balcón, mirando la calle nocturna y las estrellas, mientras su compañera disfrutaba de sus compañías. Elizabeth empezó a besar a una joven de pelo castaño, mientras la otra, de pelo pelirrojo comía y bebía a gusto. Gracias a que el sofá era una parte con respaldo y la otra sin ella, Elizabeth pudo actuar sin que la otra se diera cuenta, además de que estaba muy borrachas. Ella se puso entre las piernas de la chica para poder estar pegada a ella, la chica pudo notar la piel helada de ella, pero pensó que era por el tiempo que hacía, así que lo ignoró. Elizabeth apoyó las manos sobre el sofá, a cada lado de ella, y lentamente se fue inclinado hacia los labios de la chica. Beso a la castaña con pasión para después bajar a besar y lamer al cuello, la chica disfrutaba de ello. Sin que se diera cuenta antes, la mordió con deseo, bebiendo su sangre satisfecha, la chica gemía en susurro, disfrutando de esa excitación que ella, sin saber cómo, le estaba dando, pero empezó a sentirse débil, entonces notó algo líquido que goteaba de su cuello, donde la mujer hermosa la besaba, entonces se dio cuenta de que le clavaba los colmillos. Quiso gritar, pero la vampira le tapó rápidamente la boca antes de que pudiera. La chica igualmente gritó, pero era inaudible. Se quedaba sin fuerzas, estaba muriendo desangrada, y su compañera no se daba cuenta. Carmelius lo observó todo, y no pudo evitar sentir repugnancia ante ello, le parecía en ese momento exagerado. Vio como la chica tenía un rostro de horror y miedo, intentando hablar, pero sin éxito, oía como el corazón de ella, a esa distancia, iba palpitando cada vez menos. Elizabeth la miró mientras bebía de la chica ya casi muerta, pudo ver la repugnancia de sus ojos. Dejó de beber la sangre de la muerta y como si no hubiera pasado nada, se apoyó en el respaldo de lado aún con las piernas de la chica sobre las suyas, inmóviles, cruzada de brazos, mirando a la pelirroja.
– Tu amiga no sabe beber. – bromeó ella.
La pelirroja río divertida ante el comentario de la mujer hermosa, está con seducción apartó las piernas de la muerta y se puso al lado de la otra chica.
– No os preocupéis, yo puedo calentaros la piel y satisfaceros muchísimo mejor que ella, jujuju. – aseguro ella algo borracha y aun riendo ante el comentario de Elizabeth.
– ¿Tú crees? – pregunto Elizabeth seductoramente mientras se ponía delante de ella, acariciándole los cabellos y el rostro. – Pero, si ya habéis entrado en calor… – decía la chica entre desanimada y seductora.
Elizabeth río un par de veces, y obligó divertida a la chica tumbarse hacia un lado, apoyando la cabeza en él apoya brazos. La chica se dejó por completo, excitada. Dejó el vaso sobre la mesa de delante y puso las manos en los costados de la condesa, que abrió las piernas de ella para dejar paso su cintura.
– Aunque el preció ha sido alto, he agotado a tu divertida y hermosa amiga. – se lamentó ella divertida, apartando el pelo de la cara de ella. – Que suave… nunca había estado con una chica tan suave como tu… – decía acariciando el rostro de la chica con los dedos, rozándole con las uñas hacia abajo. – OH… como me halagáis… OH… – dijo la chica seductora y juguetona.
Mientras, Carmelius entró a la habitación, observando la escena, que para ella era demasiado, pero intento no mostrarlo. Se apoyó a la pared de al lado del balcón, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, como despreocupada.
– ¿Sabes? Te imagino acostada sobre mi lecho. – dijo Elizabeth inclinándose más hacia ella.
– juju, que cosas decís, mi señora. – dijo en tono juguetón.
– Lo digo en serio. Sabes a que lecho me refiero ¿verdad? – dijo ella susurrando, bajando hacia el pecho de ella.
La chica entendió las intenciones de su señora, entonces apoyó una mano sobre la cabeza de ella, dejándole hacer. Sin pensarlo dos veces, abrió un poco el vestido de la chica, hasta el escote, y apoyó los labios sobre uno de los pechos. Al instante, la chica gimió complacida y excitada, llena de placer y deseo, sin saber que la condesa la mordía deseosa de sangre. Hecho la cabeza hacia atrás, dejándola colgar sobre él apoya– brazos. Nunca había sentido tanto placer desde ese momento, ni sabía cómo lo hacia su señora, pero le daba igual. Arqueó la espalda un poco mientras abrazaba a la condesa por la espalda. La vampira sonrió malévolamente, abrazando también a la chica por la espalda arqueada, atrayéndola más hacia ella. Jadeante, se apartó lentamente del pecho de la chica, mientras ella gemía satisfecha con los ojos cerrados. Elizabeth se relamió un poco, poniéndose de rodillas delante de la chica, que empezaba a sangrar por el pecho, manchando la ropa por delante, y ella sin darse cuenta.
– ¿Apagó la vela? Así será más apasionante el momento. – dijo ella cogiendo el vaso vacío de la chica, apagando la vela con el culo del vaso por dentro.
La chica excitada, abrió los ojos lentamente, incorporándose con los codos un poco. Entonces noto algo frió y liquido en su pecho y vientre, se tocó antes de mirar, y al momento empezó a horrorizarse al ver su mano, su pecho y su vientre, todo lleno de su propia sangre. No supo de donde salió la sangre hasta que miró en uno de sus pechos una mordida, justo donde la condesa la beso.
– ¿Apagamos la luz, querida? – dijo la condesa delante de ella, aún con el vaso en la mano.
La chica, asustada como nunca, la miró, entonces pudo ver, en la comisura del labio de la mujer un hilillo de sangre, de su propia sangre, los ojos se habían vuelto rojos carmín como la sangre. La chica, empezó a horrorizarse y empezó a gritar aterrada, pero la vampira le tapó la boca con la mano libre.
– No me digas que no los has disfrutado, por favor. – dijo ella con pena disimulada.
La chica intento liberar la mano, pero estaba débil y la mano era demasiado fuerte. Mostrando una sonrisa perversa y monstruosa, hasta para Carmelius, que lo miraba todo asqueada, se levantó del sofá sin soltar la boca de la chica, y se arrodilló al lado de la cara de ella, entonces con la muñeca de su mano, que cogía el vaso, elevó un brazo de la chica, que, colgada del sofá, hasta la altura de su boca, y como si fuera un animal salvaje, le mordió con furia y rugiendo con un oso la muñeca. La chica, aún que la boca tapada, Á pudo gritar de dolor al sentir la mordida. Carmelius giró la cara, haciendo un gesto de dolor y sufrimiento, como si sitiera esa sensación. Hasta pudo oír el crujir de la carne cuando los colmillos lo perforaron. Elizabeth apartó los labios de la muñeca, dejando brotar la sangre, entonces, debajo de ella, puso el vaso vacío, que poco a poco se llenó un poco de sangre. Entonces apartó la mano de la boca de ella, que ya no tenía fuerza para gritar, pero Porque también sabía que era inútil gritar.
– No te preocupes… me he asegurado de que no mueres enseguida… – aseguro Elizabeth, mirando la sangre gotear hacia dentro del vaso.
– Te quiero aún con vida… Cuando el vaso estuvo suficiente lleno de sangre, dejó caer el brazo.
Se puso de pie y camino hacia Carmelius. – Para usted, princesa. – dijo ella extendiendo el brazo con el vaso hacia ella. – Imagine que es vino tinto, vera que lo disfrutará mucho.
Carmelius no puso si aceptarlo o no, el olor le atraía, pero al empezar a oír los lloros de la humana la hizo negarse. Camino frustrada hacia el otro lado de la habitación, pasando por el lado de Elizabeth y la humana tumbada en el sofá llorando de dolor y miedo, hasta estar delante de la mesa. Elizabeth camino por el otro lado de la habitación, más rápida que Carmelius, y se puso delante de ella aún con el brazo extendido hacia ella, con el vaso lleno de sangre fresca.
– No la has matado. – se quejó ella en voz alta y enfadada. – Veo que sigue enamorada de su naturaleza mortal, aunque ya no lo sea.
Sigue resistiéndose a lo único que la complace y le da paz. – dijo acercando el vaso a la cara de ella, intentado hacerla entrar en razón.
– ¿Paz? ¿Ha que le llamas "paz"? ¿Ha esto? – pregunto señalando a la chica.
– A tu padre le da paz tu sangre cuando la toma. – comentó Elizabeth, eso hizo enfurecer a Carmelius, tanto que apartó el vaso de su vista, haciéndose añicos casi cerca de la humana, que se sobresaltó, intentando ponerse de pie.
– ¡Eso no tiene nada que ver en esto! – exclamó ella furiosa. – Somos depredadores, princesa. – dijo Elizabeth sin inmutarse de lo ocurrido. – Seres superiores a los humanos, por eso nos alimentamos de ellos, Porque solo sirven para eso.
Gracias a su sangre podemos vivir en paz con la no– vida eterna que tenemos. Mientras ella hablaba, Carmelius miraba nerviosa a la chica humana, que, sin dejar de temblar, se puso de pie, llorando sin parar, y mirándolas con terror y miedo, incapaz de moverse de donde estaba.
– La chica, Elizabeth… – dijo señalándola.
Elizabeth miró a la humana un instante, entonces agarró la cabeza de Carmelius, para convencerla de una vez.
– ¡Vamos tómela princesa! ¡Sacie su sed ahora!
– ¡No! Ella se giró a espaldas de la humana, para no excitarse más.
Elizabeth, algo cabreada, fue hacia la humana con paso sordo, la chica grito a verla acercarse, está le agarró del cuello, haciendo que la humana no se atreviera a gritar más. Carmelius se tapó la boca, aterrada, con los ojos medio cerrados de horror. En el fondo, deseaba alimentarse, pero no quiera con una humana sufriendo como hacia la condesa.
– sshhh… todavía no… sshh… estás cansada querida mía… – dijo ella en susurro, con los dedos acariciando el cuello de ella, entonces miró a Carmelius.
– ¡Será mejor que duermas un poco! – grito dándole una patada a la mesa.