Capítulo 25.1

2412 Palabras
Azeman la miró, viendo que desviaba la mirada sonrojada, pudo ver con toda claridad de que a ella no le gustaba nada que él estuviera con ellas, aunque ahora se llevarán un poco mejor, no podía confiar del todo en esas mujeres que solo pensaban en divertirse y hacer sufrir a sus víctimas con sus juegos sexuales. Entonces, sin que ella lo viera venir, Azeman volvió para sentarse junto a ella en el borde de la cama, para abrazarla con un brazo por detrás de los hombros, acercarla a él y apoyarse su rostro en la cabeza de ella, oliendo su melena negra de nuevo, como solía hacer, le encantaba ese olor. –  Tranquila, no debes preocuparte por ellas, solo estaré un rato, solo me alimentaré de ellas un poco, está noche no he probado nada, y no deseo descontrolarme con la tuya ¿entiendes? –  explicó él, entonces, con la mano que sujetaba en otro lado de ella, rozó con los dedos el cuello de ella apartando así los mechones de pelo, Carmelius quedó paralizada por ese tacto repentino. –  Es mucho esfuerzo estar contigo estando así, sediento de sangre, por eso quiero saciarme con ellas, aunque no sepan igual que tú, así al menos no hay peligro de que te deje desangrada de nuevo. –  Padre… –  Así que descansa ya, mañana vuelvo ¿de acuerdo? Que descanses. –  se despidió él soltándola y poniéndose en pie para marcharse. –  Sí, lo mismo digo. Con eso, Azeman salió de esa habitación, y por el camino se encontró con las vampiras, que con ilusión acompañaron a Azeman a su habitación, rodeándolo por todos lados y cogiéndolo de los brazos, riendo perversamente en bajo, pensando en cómo debería estar Carmelius en ese momento. En ese momento, ella estaba medio tumbada en su cama, con un rostro deprimido y solitario, pero enseguida lo cambio por uno comprensivo y algo sonriente, entonces cuando Orleta picó y entro por la puerta, Carmelius ya estaba como en su mundo, pero al cerrarse la puerta, se sobresaltó y la vio frente a la puerta. –  Perdón no quería asustarla de nuevo. –  se disculpó la licántropa. –  No sabía que estaba tan concentrada en algo. –  No tranquila, no te disculpes. – dijo Carmelius. –  Es solo que mi padre está siendo muy precavido y protector, sobre todo consigo mismo, por temor a hacerme daño de nuevo, y eso me deprime un poco. –  Mi señora Carmelius… – Bueno, yo no tengo por qué replicarle sus decisiones, ya es bastante fuerte como para saber que hacer en los momentos críticos, espero. – dijo ella más animada, entonces de acomodo para ponerse a dormir, estaba ya amaneciendo. –  Hasta mañana Orleta. –  Hasta mañana mi señora Carmelius. Una vez que Carmelius se durmió profunda y plácidamente, Orleta pensó en que debería taparla un poco, aunque no hubiera peligro de que enfermara o algo de eso, era imposible para un vampiro, pero quiso hacer ese detalle. Cogió una manta y la puso suavemente encima de Carmelius, tapándola de pies a hombros, eso hizo que se moviera un poco por comodidad. – “Ya puede dormir tranquila, ya no hay peligro mi señora” – pensó Orleta, viendo feliz como su ama dormía tranquila. – “Yo estoy aquí para usted”. A la noche siguiente, Azeman despertó en su habitación, pero no estaba solo, Verona y las demás estaban con él, dormitando aún en la cama, acurrucadas con él, éste se despertó y al verlas allí suspiro agobiado, pero las dejó dormir un poco más, se levantó de un salto en el aire y se puso bien la ropa. Una vez vestido, se giró a mirar a las mujeres dormidas en su cama, cosa que le molesto un poco, pero pensó en ignorarlo, así que se fue de la habitación dejándolas hasta que despertarán solas y se fueran de allí. En ese momento, Carmelius ya estaba despierta, y se encontraba en la biblioteca junto a Orleta, estudiando un poco de historia, estaba tan concentrada que al oír abrir la puerta de golpe se sobresaltó soltando el libro de las manos, que por fuerte supo coger a tiempo al vuelo, suspirando aliviada, entonces miró la puerta y vio que era su padre, que al parecer se había despertado de mal humor, y las chicas presentes lo vieron nada más tenerlo hay. –  Con permiso voy a la entrada con los compañeros, – dijo Orleta intimidada por el malhumor del vampiro. –  Adiós. La licántropa los dejó solos, Carmelius se mantuvo tranquila y a lo suyo, mientras el vampiro moreno paseaba de lado a lado delante de la puerta molesto y mosqueado de verdad, como nunca lo estuvo en años desde que Carmelius está con él, y ese estado de ánimo tenía respuesta para Carmelius; sus hermanas. –  Buenas noches padre. –  saludo Carmelius con naturalidad. – ¿Qué tal has dormido? –  Dormir, bien. Despertarme, mal. –  contestó él con tono bromeando y molesto. –  Esas tres al final se quedaron durmiendo conmigo, cuando les dije que volvieran a su habitación, pero no, tiene que ser tan caprichosas que tiene que molestarme a mí, grrr. –  confesó él frustrado y humillado, sentándose en la butaca que estuvo más cerca, cayendo en ella. –  No creo que nada más pueda empeorar está noche. –  Te afirmaría eso padre, pero, sería subestimar a la fuerte. –  opinó ella sin quitarle ojo al libro que tenía en mano, paseando por delante de la mesa que estaba llena de libros. –  Además, no siempre se consigue lo que se quiere. –  Hay te doy la razón, solo que a muchos no les gusta ese dicho, y pasan de él. –  Si, también eso es verdad. –  estuvo de acuerdo ella. En ese momento de conversación familiar picaron a la puerta, Carmelius dijo que adelante sin mirar la puerta sino al libro que estaba interesada en algo que ponía, quién entro fue Orleta con rapidez, y los dos vampiros pusieron su atención en ella al notarla tan tensa y sorprendida por algo que paso en la entrada al parecer, la licántropa quiso calmarse un poco antes de hablar. –  Orleta, ¿Ocurre algo? –  pregunto Carmelius preocupada. –  Perdonar la interrupción, – se disculpó ella, antes de nada. –  pero es que ha venido una invitada inesperada al castillo mis señores. –  informó formalmente y mostrándose extrañada. – ¿Quién ha venido? –  pregunto Azeman. –  No he recibido ninguna carta de visita, si es alguien que conocemos. –  A la que ha venido sí que la conocen, es la Condesa Elizabeth Bathory, mi señor. – ¿Qué? ¿La condesa Bathory? –  pregunto él extrañado por ello. –  Lo que faltaba para empezar la noche, maldita sea. A pesar de esa opinión, Carmelius y Azeman se quedaron sorprendidos ante la información, ninguno de los dos esperaba la visita inesperada de Bathory, pero tampoco era algo problemático, era algo poco habitual, y los dos se miraron extrañados un momento ante de ir a recibirla. Carmelius dejó el libro en la mesa y Azeman se puso en pie cuando ella estuvo a su lado frente a la puerta para salir. – ¿Para qué habrá venido tan de repente? –  pregunto Carmelius en alto extrañada. –  Dejemos que ella misma nos de la respuesta hija. –  propuso él. –  Tampoco te confíes mucho con ella, hazme caso. –  le advirtió con seriedad. Sin decir más, los tres caminaron con paso largo al recibidor, donde estaba la condesa, esperando tranquilamente sentada en la butaca de terciopelo color marrón oscuro, iba con vestimentas de su país y de su época, pero también iba con capa larga de color n***o, como muchos vampiros aristócratas solían ponerse cuando iban de viaje o visitaban a alguien fuera de sus tierras, era tan larga que se arrastraba un poco por el suelo, iba algo escotada, y con los brazos sobre sus piernas curvadas, esperando tranquila y paciente, pensando en la cara que debían haber puesto los reyes de los vampiros, riendo por eso. Al oírlos entrar a la sala, ella se en pie rápidamente y mostró una sonrisa amistosa y extendió los brazos como si quisiera abrazar a alguien, más hacia Carmelius que a Azeman, él lo sabía de sobras eso, pero ella se mantuvo a raya frente a él, pero también para no incomodar a la princesa que se mostraba sorprendida y confusa por su visita. Antes de que Bathory le dijera nada, Azeman se puso más delante de Carmelius para saludar y amenazar con la mirada. –  Condesa Bathory, que enorme placer recibirla aquí. – dijo Azeman cogiendo la mano de ella, para después besarla cortésmente, pero sin quitarle los ojos de los de ella, amenazante y molestos como nunca. –  El placer es mío, Querido Conde Kamazotz. –  respondió ella aceptando el gesto de él, después se giró a Carmelius. –  Que alegría verla de nuevo, princesa Carmelius. –  Igualmente, Condesa Bathory. –  saludo Carmelius nerviosamente, ya que no acostumbraba a saludar formalmente a la gente sí que supiera de su llegada. –  Es una sorpresa tenerla aquí de nuevo, no nos ha llegado ninguna carta suya diciendo que iba a venir. –  Puede usted llamarme Elizabeth, Alteza. – dijo ella con una sonrisa amistosa, que incluso daba algo de miedo, pero Carmelius se mantuvo firme ante ella. –  Y es verdad, deseaba tanto verla de nuevo que no me acorde de escribir una carta de aviso, fue algo repentino e impaciente. – ¿y a que se debe tu aparición, Condesa Sangrienta, ¿aparte para ver a mi hija? –  pregunto Azeman con su tono burlón y presumido, llamándola por su apodo. Elizabeth no se molestó ante esa forma de hablar, pero a Carmelius no le hizo gracia en absoluto, por lo que se giró a él y le miró a la cara con molestia y un poco de enfado, Azeman no dejó de mirar fijamente a la vampira húngara con cierta molestia y frustración, Carmelius lo pudo ver perfectamente el molestar que era la presencia de la condesa húngara ante él, pasaba algo entre ellos que ella desconocía, deseaba conocerla pronto, quizás cuando pudieran estar a solas. Orleta hizo una reverencia y se retiró intimidada y algo aterrada, ya que viendo la atmosfera del momento era irritante y muy tenso incluso para ella, era cosas de vampiros y ella no pintaba nada allí, no lo pensó dos veces y se fue, creyendo que era mejor retirarse y dejarlos solos por ahora, hasta que se la necesitará para algo. La condesa dio unos pasos hacia Azeman, estando cara a cara. Sabía que ese vampiro era astuto y brillante, como todo vampiro de su edad era, pero eso no la dejaba intimidada en absoluto, lo miraba a los ojos sin miedo y mostrándose a la misma altura que él o más. –  Tranquilo, "su majestad", vengo en son de paz, se lo aseguro. – dijo ella con voz amigable e inocente, empezando a pasear por la sala tranquilamente. –  Eso está por verse Bathory. – dijo Azeman siguiéndola con una mirada asesina. –  Seguro que sí señor, le aseguro que solo vine a ver de nuevo a su querida hija heredera, viendo que sigue muy bella y fuerte como la última vez, y también para proponerle una "cena" para mujeres inmortales. – dijo ella, mirando a Carmelius. –  Las dos solas en la ciudad, como buenas amigas que somos, ¿verdad? – ¿Qué? –  exclamó Carmelius sorprendida de la invitación. – ¿Qué estás diciendo Sangrienta, es una broma o qué? –  pregunto él sin creerse las palabras de la vampira húngara. –  En absoluto mi rey, vine expresamente a los Cárpatos para ver a su alteza y animarla a cenar está misma noche conmigo por la ciudad hasta que nos hartamos de alimentos, hace tiempo que no bebo sangre de su país, necesito cambiar un poco de gustos, uno se cansa de lo mismo por toda la eternidad. Carmelius no esperó está oferta de parte de Elizabeth en absoluto, ya que solo la había conocido en la fiesta de presentación de hace años junto a la otra condesa del Consejo. A Azeman también le sorprendió la oferta, pero tampoco esperaba menos de esa vampira astuta y traicionera, ya que, la conocía bastante como para pensar que quería seducir a su hija por capricho, como homosexual que es y lo obsesionada que estaba con las chicas jóvenes como Carmelius, torturando a sus criadas para poder bañarse con su sangre para mantenerse joven y bella, algo asqueroso para él, y seguramente Carmelius conocía esa parte de la vida de Elizabeth Bathory, estaba seguro de ello. La condesa se paseó un buen rato por la sala, esperando a que uno de los dos dijera algo, entonces se giró a Carmelius y se fue a ella hasta estar justo enfrente, y cuidadosamente le cogió una de las manos para tenerla sujetas firmemente entre las suyas. Carmelius la miró fija y extrañada mente, tranquila pero alerta a todo, a Azeman no le gusto ese gesto, pero no quiso empezar una escena frente a su hija y asustarla de los peligros de nuevo, por lo que se contuvo. –  No piense mal de mi por favor, princesa. Me he enterado de sus accidentes con su guardiana y su… pariente. – dijo ella intentando buscar las palabras adecuadas. –  Por eso, quisiera ayudarte a relajarte, saliendo por ahí conmigo, disfrutar y sentir la pura noche, como debe ser en seres como nosotros. Ella hizo una pequeña pausa y miró un momento a Azeman, que la miraba desconfiado completamente y atento a lo que fuera a hacer en su hija. Ella se río disimuladamente mientras se giraba de nuevo hacia Carmelius recuperando la mirada severa y convincente. Carmelius lo pensó un poco, y dudo mucho en ello. –  Pues no se… – dijo Carmelius dudosa desviando un momento la mirada. –  Creo que necesitas salir con mujeres, su alteza. Es más compatible que salir con su padre, si no se ofende. Solo quiero ofrecerle mi más sincera amistad, ya que, creo que quedó algo incomoda por lo ocurrido en la reunión con el Consejo, lo que hizo con ese humano de la condesa Dolingen, por eso quiero animarla, espero que no piense mal de mí. –  pidió ella inclinándose un poco frente a ella. 
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