Año 1849.
50 años después. Durante este medio siglo, todo estuvo muy tranquilo. No hubo ni rastro de Radu, por lo que Azeman y Carmelius pudieron estar tranquilos al final. Después del estado de Carmelius, las amantes de su padre estuvieron más por ella, para que no estuviera tan aburrida en el castillo, demostrando su lealtad hacia ellos abiertamente, con la salida de esa noche, Azeman confió en ellas para estar por su hija cuando él no pudiera por algún asunto; desde entonces, la invitaban a tomar sangre con ellas en la ciudad, a pasear por los alrededores, a charlar, etc… A Carmelius al principio le extraño tanto cambio, pero viendo las buenas intenciones de ellas, acepto su compañía, cosa que a Orleta no le gustó mucho, pero lo tuvo que respetar, vigilaría a su ama cuando estuviera con ellas por seguridad. Pero Carmelius no iba con ellas todas las noches, a veces quería estar sola en su habitación, dibujando cuadros y entreteniéndose con ello, siempre dibujaba paisajes nocturnos o algo que tenía en mente; sobre todo escenas de sus recuerdos. Azeman a veces le veía hacer dibujos y le impresionaba el talento que tenía. Una de esas noches, Carmelius rechazó una de esas invitaciones y en ese momento estaba en su habitación, Azeman quiso estar con ella esa noche para hacerle compañía y hablar, ella le dejó, estaba dibujando un nuevo cuadro, que tenía pensado ponerlo en la pared junto a la puerta, era un paisaje nocturno, en realidad era el castillo rodeado de bosques y la luna llena detrás, dando así toques de luz y belleza, Azeman estaba observando el cielo desde la puerta del balcón cuando se giró del todo dando la espalda al balcón, con eso se fijó en los numerosos cuadros que Carmelius había hecho, entonces fue hacia ellos, cuando estuvo enfrente curioso cogió uno con ambas manos.
– Impresionante hija, ¿Has dibujado antes alguna vez? – preguntaba él mientras miraba el paisaje nocturno del cuadro, uno del bosque y montañas.
– Antes dibujaba mucho de pequeña, pero luego salí un tiempo del país y lo dejé. – respondió ella mientras pintaba. – Veo que no he perdido práctica.
– ¿Y a qué se debe eso de pintar de nuevo? – pregunto él girando lentamente el rostro hacia ella, curioso.
– Me he inspirado. Esto me relajaba bastante. – contestó ella sonriendo un poco, sin dejar de estar atenta a lo suyo a pesar de la mirada de él.
Azeman miró el resto de los cuadros cuando dejó en que tenía en las manos, todos eran de Rumania, y pocos eran del país en que ella fue para estudiar fuera, cuando era humana; también había dibujado personas de sus recuerdos, entre ellos por supuesto estaba el de Blade, la persona que ella amo de corazón, y al verlo, Azeman recordó lo ocurrido esa noche, recordando la tristeza de su hija al hacer eso, pero tuvo que hacerlo para dejar de sufrir, pero eso no era excusa para matar a la persona que amás, él lo sabía muy bien. Carmelius se giró un momento a él animada, pero su rostro cambió cuando le vio mirando el cuadro de Blade, rápidamente volvió a pintar. Azeman notó la tensión de ella y la miró de reojo al alzarse para estar recto, pero no quiso girarse a ella aún.
– ¿Como te encuentras hija? ¿Ya estás mejor de “aquello”? – pregunto él.
– ¿eh? Sí, claro, lo estoy tranquilo. – aseguro ella algo nerviosa, pero disimulando.
– Bien… me alegro.
Entonces Azeman fue hacia ella, y vio el cuadro que ella estaba haciendo, era el castillo iluminado por la luna llena, y el cielo despejado. Nunca había visto un cuadro tan detallado, y menos de su castillo, con esos colores oscuros pero que no daban una escena terrorífica, sino hermosa y sentimental. Veía como su hija pintaba con delicadeza cada detalle, las estrellas, la luna llena, el castillo, los árboles, las sombras, etc, toda la escena del castillo rodeado del oscuro bosques iluminados por la luna llena detrás del castillo, él quedó asombrado ante tal belleza. Carmelius notó que su padre miraba como lo pintaba y no pudo evitar sonrojarse, Azeman lo notó y río en susurros.
– ¿Qué? – Padre, no me puedo concentrar si te quedas boquiabierto de lo que estoy pintando estando detrás mío. – dijo ella educadamente con ironía.
– OH claro, perdóname. – se disculpó él con sinceridad. – Es que nunca he podido contemplar tal belleza como tú lo estás creando, casi se puede oler el bosque, y sentir la noche con solo ver ese cuadro a pesar de no estar acabado.
– Me halagas con eso padre, quizás podría haber sido pintura en mi época, pero después tuve que pensar en estudiar algo que ayudará a mi familia, sobre todo a mi hermana… por eso cuando conseguí el permiso para estudiar en el extranjero, no dude en irme, y mira lo que paso.
Con esas palabras, Carmelius sintió de nuevo tristeza al recordar su vida y familia humana, todos asesinados por las personas que confiaba, entre ellos estaba el hombre que amo, al mismo que al final mato con sus manos sin dudar, por traición y engaño, ahora que era vampira de vez en cuando sufría por todo lo ocurrido entonces, deseando ahora librase de ese dolor, pero al mismo tiempo seguir teniéndolo, para así saber que seguía teniendo humanidad en ese cuerpo muerto e inmortal. Por muchos años que tuviera, ese recuerdo seguiría en su consciencia, torturándola, y eso sería por toda la eternidad. Mientras pensaba eso, no se dio cuenta de que dejó caer el pincel al suelo, y eso alerto a Azeman que, al ponerse en un lado de ella, vio que estaba llorando un poco de sangre inconscientemente, teniendo la vista fijada en el cuadro sin darse cuenta de nada, estaba completamente en su mundo. Al verla así, Azeman cerró los ojos un momento meditando, entonces, sin dudarlo, se puso detrás de ella y la abrazo por encima de los hombros, envolviéndola entera con los puños cerrados y la cabeza apoyada en el de ella, oliendo y sintiendo su melena negra. Carmelius al momento de sentirle en el cuerpo, volvió en sí y se quedó petrificada del asombro, viendo que la estaba abrazando fuerte y firmemente, y vio que estaba llorando sangre y el pincel caído en el suelo, justo debajo de su mano extendida al cuadro inmóvil que dejó caer en las piernas rendida. No sabía que decir o hacer, estaba completamente en blanco, Azeman lo entendió.
– Hasta que dejes de sufrir por lo ocurrido, te estaré abrazando para que dejes de temblar de dolor y sufrimiento. – dijo él en susurro. – Se que nunca olvidarás lo que sucedió, por mucho que quieras que desaparezca, esos recuerdos te han hecho como eres; fuerte, madura, leal, firme y poderosa, ante todo, no dejes que esos mismos recuerdos te hagan más débil y vulnerable para que el enemigo aproveche, te lo pido hija mía.
– ¿De verdad debería recordarlo? ¿No debería olvidarlo todo para ser de verdad fuerte y poderosa, ante todo, para así ser de verdad una vampiresa y tu hija heredera? – pregunto ella con ironía y burla, pero en realidad aún estaban dolida y destrozada.
– No Carmelius… no debes olvidar nada de ti pasado, por muy dolorosos que sean. – contradijo él con sentimiento, ella se sorprendió de esa forma de hablar, y se giró un poco de reojo curiosa.
– Si olvidas… – continuo. – todas las personas que están, sí que habrán muerto de verdad, desapareciendo para siempre… – ¿eh? – Una persona no muere por una herida de espalda, un veneno, o cualquier cosa, no… – aseguro él. – No muero por ninguna de esas cosas simples… una persona se muere de verdad, cuando la gente que lo conocieron lo olvidan del todo y para siempre, así es como mueren de verdad… Carmelius no pudo creer que oyera palabras semejantes de él, de un hombre que mató a miles y miles de personas por su país y creencia, que fue asesinado y volvió a la vida siendo vampiro para seguir matando y matando hasta conocerla a ella, de un vampiro sanguinario como nunca ha habido, del Conde Kamazotz, era algo único, pero a la vez profundo y sincero para ella, tanto que se giró del todo a él sin importar que la abrazará fuertemente, entonces se miraron fijamente a los ojos, viendo la sinceridad el uno al otro, ella asombrada y emocionada, y él sincero y sonriendo en bajo.
– Me cuesta creer que cuenten cosas horribles sobre ti cuando tiene un lado como este, sincero y noble, no por haber sido un rey… sino por haber sido un hombre. – confesó ella asombrada.
– ¿Por qué solo eres así conmigo, siendo cruel y frio con todos los demás?
Azeman no supo con certeza responder eso, solo se quedó hay callado sin desviarle la mirada a la morena, que deseaba una respuesta, pero enseguida vio que él no tenía respuesta para ello, por lo que desvió la mirada, él también lo hizo cerrando los ojos derrumbando los hombros avergonzados. La dejó de abrazar para dejarla inclinarse y coger su pincel, lo limpió y volvió a untarlo para seguir pintando ese cuadro, mientras él seguía detrás suyo, deseando hablar.
– Carmelius… yo… – intento decir él, culpable por no haberle respondido. – Yo…
– Tranquilo, lo entiendo, es difícil responder a esa pregunta, no tengo prisa por oír una respuesta… – aclaró ella sin girarse a él.
– Te agradezco que quisieras animarme, ya estoy mejor, gracias… – Necesitabas eso, yo lo se. – dijo él. – Digamos que yo pasé por algo similar, quizás tu sepas de ello por los libros sobre esa época y demás.
– Solo leí poco sobre ti, sobre todo la parte donde decía la posible razón de por qué decidiste pasarte al lado oscuro para ser un inmortal. – Contestó ella. – No leí nada sobre tu familia o lo ocurrido antes de esa guerra contra los turcos.
– Pues debiste hacerlo… así sabrías más cosas sobre mi vida humana, tanto como yo sé de la tuya. – dijo él, caminando lejos de ella para sentarse rendido en una silla a un par de metros junto a la cama. – Tuve un padre, una madre, y dos hermanos… a uno desgraciadamente lo conoces de ahora, lástima que no viva el otro, o mis padres…
– ¿Qué recuerdas de esos tiempos? – pregunto ella curiosa, dejando de pintar para estar atenta a lo que él contaba.
– Son fragmentos… piezas desencajadas, sin posible arreglo. – dijo él como en su mundo y con la pirada pérdida. – ¿Sabes por qué me llevó tan bien con los gitanos desde hace tiempo, sin que ellos apenas me teman por miedo más que por lealtad? – ella negó con la cabeza.
– Ellos me ayudaron cuando fui humano, pero no solo por eso estoy cómodo con ellos…
– ¿Entonces por qué? Ha veces te veo, no sé, como si te sintiera como uno de ellos, o como si lo hubieras sido en vida. – pregunto ella recordando momentos de su padre con los gitanos.
– Mi madre era una gitana rumana, una bruja más bien. – confesó él, dejando boquiabierta a Carmelius que no quiso decir nada aún. – Y por revelarme eso, por ser bruja, además, fue quemada viva, no llegué a conocerla mucho.
– Lo siento mucho padre… – se lamentó ella, sabiendo como se sentía en cierto modo.
– Aparté de Radu, mi hermano menor, tuve un hermano mayor… se llamaba Mircea, fue muy bueno conmigo, me enseño junto a mi padre a usar la espada, montar a caballo, todo sobre cómo debería ser un príncipe. En el año 1436, me convertí en el príncipe de Valaquia, fue todo un honor, y mi padre y hermano mayor estaban orgullosos de mí, en cambio, a Radu no le vi muy contento con ello, más bien celoso, pero lo ignoré.
– Pues claro, ¿quién no? – comentó ella, no estando muy cómoda de hablar de su tío. – ¿Qué paso después?
– Año después, en el 42 si no recuerdo mal, poco a poco fue empezando la guerra contra los turcos, mi padre, Radu y yo fuimos apresados por el Sultán, Mircea gobernó Valaquia en nuestra ausencia, tiempo después mi padre fue liberado, pero Radu y yo seguimos presos de los turcos, y entonces, tiempo después, mientras mi padre luchaba contra los turcos… Radu se convirtió en el asistente del heredero al trono del Sultán, algo que me hizo hervir la sangre, nos había traicionado a mí, a mi familia y a nuestro país para tener un trono único… y cuando fui liberado, me informaron de que mi hermano Mircea y mi padre estaban muertos, mi padre asesinado mientras intentaba escapar del clan de los Danesti, y Mircea desapareció sin dejar rastro, se rumoreaba de que fue enterrado vivo, deseaba saber dónde paso pasa llevarlo a Branson y incinerarlo como todo un rey rumano, pero no fue posible… – Padre…
– Al año siguiente de todo eso, el Sultán me libero, me dio apoyó para Branson, pero dos meses después tuve que huir por qué un m*****o de los Danesti estaba en la región con intención de matarme a igual que mi padre. Pasaron muchas cosas, pero volví a ser príncipe de Branson, luche contra los turcos, hasta que en el 76 me asesinaron, fue entonces cuando nací a esta vida, se suponía que Radu había muerto de Sífilis un año antes que yo, pero veo que no.
– ¿Por qué tu y él fuisteis encarcelados cuando habíais ido de visita? – pregunto ella confusa.
– Tengo entendido que era para mantener la alianza con ellos, pero no era del todo inestable, nos educaron como si fuéramos hijos de ellos, incluso nos hicieron aprender turco, eso lo odié.
Mircea no estuvo de acuerdo con ello y ejecuto a los prisioneros turcos que teníamos, cosa que me alegro, y entonces pasaron muchas cosas confusas y demás, pero yo estaban seguro de que hacía bien en luchar contra ellos para liberar a mi gente de esa tiranía.
– Estoy segura de que sí. – confeso Carmelius segura de él. – Lamento mucho lo que paso con tu padre y hermano mayor, seguro que eran muy nobles.
– De eso nunca lo dudes hija, pero seguro de que no estarían del todo contentos de verme así, siendo un vampiro y matando a gente de Rumania, pero estos son otros tiempos, y a los únicos que veo en esa época son a los gitanos que me han servido desde que fui vampiro, estoy bien así, y conmigo más.
Carmelius se sonrojo ante eso y desvió un poco la mirada, él se río en bajo y le acarició el pelo un momento con suavidad, y ella enseguida quiso apoyarse sobre él, sobre su pecho delante del hombro, y él la dejó con gusto, apoyándose en la cabecera de la cama, y así estuvieron un rato relajados y sin pensar en nada, salvó estar allí tranquilos.
– Ey padre, – llamó Carmelius, él se giró un poco a ella. – ¿Como pudiste convertirte en vampiro? No has mencionado a ningún vampiro que te mordiera o algo así.
– Es algo complicado de explicarte ahora, espera un poco para ello ¿sí? – pidió él, abrazándola con más fuerza. – Solo te diré que no fue como tu sueles saber, o como lo hice contigo, es una forma un tanto única…
Carmelius no entendió del todo lo que él quiso decir con eso, pero fue paciente y espero a que él algún día se lo contará, o al menos le dijera algo sobre eso. En ese momento, los dos oyeron como las tres hermanas volvían al castillo de haber ido a la ciudad para alimentarse, y un rato después llegaba Orleta, eso indicaba que pronto amanecería, y él debía alimentarse un poco, y lo haría con sus amantes.
– Bueno, será mejor que me vaya por hoy, tu intenta descansar ¿de acuerdo? – dijo Azeman poniéndose de pie.
– ¿Vas a alimentarte de esas tres de nuevo? – pregunto Carmelius de repente, eso detuvo a Azeman un momento y giró la cabeza hacia ella.
– ¿Te molesta que lo haga con ellas y no contigo como antes? – pregunto él algo coqueto.
– ¡No, claro que no es eso! – exclamó ella nerviosa por esa pregunta. – Es solo que…