Después de reír perversamente, mostró sus colmillos dando un jadeo, y lentamente los clavó en el cuello de ella, ésta quiso gritar, pero él le tapó la boca con la mano rápidamente, la que uso para sujetar la cintura de Carmelius. Ella empezó a sentir y oír como su sangre era succionada por su propio tío. Radu iba bebiendo gustosamente su sangre, notando que había algo especial en ella, tanto que deseaba tomarla toda en ese momento. Sin poder evitarlo más, Carmelius derramó algunas lágrimas de sangre por el dolor y el miedo que sentía, y entonces empezó a gritar mentalmente a su padre y a Orleta. Deseando que la oyeran de alguna manera.
– "Padre, Orleta. ¡Que alguien me ayude! ¡Padre!"
Radu decidió parar de beber, Porque si no acabaría con matarla desangrada por muy vampira que fuera, y dando un jadeo de satisfacción y placer se separó de ella con la boca abierta machada de su sangre, después se relamió gustosamente como drogado por el sabor de esa sangre.
– Con razón mi hermano te eligió como su hija y heredera… eres sumamente deliciosa, a pesar de tener su sangre mezclada con la tuya, sigue sabiendo como humana, una humana que no parece ser como los demás. – dijo Radu asombrado, aún con los colmillos a la vista y machando de sangre. – Demonios, eres deliciosa amor…
– Púdrete maldito bastardo. – maldijo ella con rabia y valentía.
– Nunca he probado una sangre igual, ¿qué es lo que eres en realidad? – pregunto él deseando saberlo en verdad. – No fuiste una simple humana en vida, ni tampoco eres una simple vampira inmortal.
– Soy la que te hará pagar por esto y por lo ocurrido con mi padre, te lo juro por él. – prometió ella a pesar de lo débil que estaba por la pérdida de sangre.
Radu se río divertido y burlón ante eso, y sin pensarlo dos veces bebió un poco más de ella, haciendo que gritará de dolor agudo y sufriera aún más. Ella no se rindió e intento llamar a su padre y a Orleta telepáticamente, pero las fuerzas no le duraron mucho y enseguida perdió concentración suficiente. Mientras, Azeman ya había acabado con las tres humanas, y ahora estaban removiéndose en la cama por el dolor de la transformación, mientras él observaba de pie frente a la cama con los brazos cruzados y vestido de nuevo.
Entonces, la voz de Carmelius llegó a su cabeza como una veloz flecha, y también llegó a la entrada del castillo, donde estaba Orleta jadeando agotada, que estaba entrando rápidamente, tembló al sentir la voz en su cabeza, pero enseguida se calmó.
– "Carmelius" – pensó Azeman mirando en la dirección de donde venia la voz.
– "¡Ama!" – pensó Orleta aterrada mientras intentaba aguantar las ganas de transformarse.
Ambos se dirigieron a la habitación enseguida. Mientras, Radu seguía bebiendo la sangre de Carmelius, a cierto punto que la dejó inconsciente. Entonces notó algo que no podía creer, su barrera había desaparecido de repente, como si hubiera sido destruida por dentro, algo que no considero posible, pero se dio cuenta cuando Azeman y Orleta entraron a la fuerza. Ambos le vieron petrificados, más en la cama y con Carmelius entre sus brazos, inconsciente y con sangre en su cuello. A causa de que quedó inconsciente, Carmelius no pudo ver que ellos habían recibido su llamado.
– Vaya vaya… papi está aquí, y la mascota con él… que momento más tierno para la princesita. – se burló Radu calmado, aún con Carmelius en brazos.
– ¡Tú...! – gruño Azeman viendo la escena hecha una furia como nunca estuvo. – ¡¿Como te atreves a hacerle eso a mi hija, mal nacido?
– ¡Ama Carmelius! – gritó ella viéndola llena de sangre, tapándose la boca horrorizada de ello.
Radu soltó a Carmelius sin más, dejándola caer en la cama dormida y desangrada como nunca. Tranquilamente, se levantó de la cama y se apartó de ella y la cama. Sin esperar más y con suma rapidez, Orleta fue hacia Carmelius y la apartó de la cama con mucho cuidado, cogiéndola entre los brazos y tapando la herida del cuello como pudo, pero no servía de mucho.
– Orleta... lleva a Carmelius a mi habitación, diles a esas tres que estén contigo hasta que yo vaya. – ordenó él sin apartar la vista de Radu. – ¡vamos!
Orleta así lo hizo sin rechistar, salió corriendo de allí, dejando a su amo Azeman y Radu a solas. Orleta no tardó en llegar a la habitación de su amo, donde al entrar vio a las tres humanas que ya eran vampiras recién nacidas, acostumbrándose a todo lo que sentían y veían. Al verla entrar de ese modo, las tres se sobresaltaron, más cuando vieron a la joven vampira llena de sangre y desmayada por ello.
– ¡Qué asco por favor! – exclamó una de ellas, Aleera. – ¡¿Qué demonios ha pasado?!
– ¡¡Deja de hacer preguntas y ayúdame, las otras dos también rápido!! – exclamó Orleta con prisa, yendo rápidamente a la cama mientras ellas se apartaban de ella. – ¡Hay que atenderla cuanto antes!
Y así, Orleta y las tres amantes atendieron como pudieron a Carmelius, pero no sabían que hacer, no había tiempo para buscar humanos para ofrecer su sangre, y la herida afortunadamente sanó, pero eso no ayudaba de mucho, estaba casi sin sangre en el cuerpo. Azeman y Radu estuvieron frente a frente en la habitación de Carmelius, mirándose fijamente, Azeman lo miraba con odio y rabia, mientras que Radu lo miraba sonriendo y vacilante.
– Quiero saber por qué. – exigió Azeman apretando los puños con fuerza. – ¡¿Por qué le has hecho eso a mi hija, Radu?!
– Hombre, es obvia la respuesta idiota: es atractiva, hermosa, con buen cuerpo, y... – se tocó los labios aún manchados con la sangre de Carmelius, se relamió la comisura. – tiene una sangre única, hay que admitirlo, debe ser por eso que te fijaste en ella, lástima que no sea tu amante juju.
– ¡Eres un maldito traidor! – gritó él, gruñendo como un animal.
– Vamos hermanito, en esto ambos somos iguales. – dijo Radu sin cambiar su humor. – En esto nunca cambiamos, por muy inhumanos que seamos los dos mi querido hermano.
– ¿Qué quieres decir? – pregunto él confundido, pero sin bajar la guardia.
– Tu... también la desea ¿verdad? – dijo Radu cruzándose de brazos tranquilamente. – Se parece a "ella", me sorprendió que lo fuera, y supe enseguida el porqué de tu elección, si fuera un poco más mayor, quizás la habría convertido en tu amante, ella estaría encantada, abrazada en todo tu cuerpo, besando esos labios, bebiendo su sangre siempre que quisieras, OH espera, eso último lo estás haciendo ¿verdad?
Azeman puso los ojos en órbita, sorprendido ante las palabras de su hermano menor, pero también frustrado y humillado por esas palabras tan típicas de él, que no habían cambiado en absoluto cuando fue humano. Entonces la rabia y el odio crecieron mucho más, y sin pensarlo dos veces lo atacó allí mismo. Radu con una risita, se convirtió en una manada de murciélagos y salió por la ventana, rompiendo los cristales.
– "Te juro hermanito, que conseguiré a tu hija para que sea mi eterna esposa." – juró Radu en el aire. – "Hasta entonces aprovecha tu tiempo con ella, te lo aconsejo, jajajaja"
Azeman deseaba perseguirle y matarle, pero ahora debía ir a ver a su hija que lo necesitaba con suma importancia. En un segundo estuvo en su habitación, vio que Carmelius estaba tumbada en la cama, rodeada por sus nuevas amantes y por Orleta, que le quitaba la sangre con un trapo mojado, dejando ver que la mordida había desaparecido, pero dejando una pequeña marca. Azeman caminó hacia el lado de Orleta y de hincó a su lado.
– ¿Como está? – pregunto él nervioso y preocupado.
– Ha tenido una fuerte increíble, la ha dejado casi sin sangre, pero a aguantado con mucha fuerza. Necesita una gran cantidad de sangre, no sé cómo vamos a sacar tanta en poco tiempo. – informó Orleta mirándolo un momento para luego volver a mirar a Carmelius.
Azeman se tranquilizó un poco al oír eso, pero al ver la increíble palidez que Carmelius tenía se preocupó de nuevo, pensando en que hacer, pidió a las demás que los dejaran solos. Ellas así lo hicieron, pero las vampiras lo hicieron a regañadientes, viendo que él estaba más pendiente de su hija que de ellas ahora que eran vampiras, Orleta al principio quiso quedarse a vigilar, pero decidió irse a su aldea, ya que estaba su amo con ella.
– No te preocupes, conseguiré salvarla está misma noche, tenlo por seguro. – juro él antes de que ella saliera por la puerta, Orleta sin decir nada se fue.
Una vez solos, Azeman decidió esperar a que Carmelius despertará por su cuenta, aunque fuera improbable, se sirvió un vaso de sangre y se sentó en el borde de la cama a esperar. Mientras, en el interior de Carmelius, empezaba a sentir como si su corazón latiera con fuerza, haciendo que todo su cuerpo ardiera, sobre todo la garganta, ahogándola de sed, estaba sedienta, como nunca lo había estado. Empezó a cobrar el sentido, se movía por el calor que sentía, apoyó ambas manos sobre su cuello, como si así tranquilizará su sed.
– "Ah... mi cuerpo está ardiendo... mi garganta... tengo sed... sed." – pensaba mientras gemía de dolor y jadeaba sedienta.
Lentamente recuerda lo de antes, y abre los ojos en órbita, asustada. Cuando se le aclara la vista, ve a su padre sentado junto a ella en una cama.
– Carmelius... tranquila, ya ha pasado todo. Estoy aquí contigo. – dijo él con dulzura, y acariciando su cabeza.
Azeman pudo ver que los ojos de ella, brillaban por la sed de sangre que tenía, eso no le importo, más bien lo entendía. Ella se mantuvo quieta, se giró a él, y su vista se fijó en el cuello de él, que como si tuviera visión nocturna, pudo ver con toda claridad las venas del cuello, algo que la sorprendió al principio, pero enseguida no le dio mucha importancia dada su situación. Ella se alzó con las manos sosteniéndose con fuerza, sin apartar la vista de él con los ojos aun brillando de carmesí.
– Pa... padre... yo... – decía ella mientras se acercaba a él, entonces lo abraza, apoyando su rostro en el hombro de él.
– Lo se hija, no pienso detenerte. – dijo él con comprensión. – Haz lo que necesites hacer ahora mismo.
Ella lo obliga a tumbarse con brusquedad, se pone encima de él sin apoyar su peso, y se inclina sobre su cuello, que empieza a lamer con deseo y placer sedienta. Él no se resiste, apoya una mano sobre la cabeza de ella para que no dude, pidiendo que eso la ayudará mucho.
– Perdóname Carmelius, debí avisarte sobre mi hermano Radu, o haber estado contigo. Este es mi castigo por ello. – se culpaba él, estirando el cuello hacia atrás y sujetándole la cabeza con firmeza.
Carmelius, se sentía distinta, se veía como su padre en ese momento, cuando necesitaba beber su sangre, ahora era ella quien lo necesitaba con locura. Apartó el cuello de la camisa a punto de romperla, abrió la boca mostrando los colmillos y jadeando clavó los colmillos desesperada. Empezó a beber la sangre sin dudar, abrazándose a él por detrás del cuello, entre jadeos, sin poder evitarlo apoyó su peso sobre él, y estiró una de las piernas.
– sí... así, bebe bien... – decía él dejando que bebiera tanta sangre como quisiera. Ella cerró el puño con fuerza sobre el hombro de él, al mismo tiempo que apretaba los colmillos frustrada. – Ugh... Carmelius... no llores hija, no llores. – dijo, notando las lágrimas de ella goteando en su cuello. – En el fondo deseaba esto, más que nada, antes de beber tu sangre cuando quisiera. Has sufrido desgracias por mi culpa, tienes todo el derecho a ser cruel conmigo.
Ella sentía que no era digna de ser la hija del Conde Kamazotz, que no es capaz de defenderse por sí misma. No podía dejar de llorar en silencio mientras bebía la sangre con desesperación. De repente, empezó a ver imágenes en su cabeza, supo enseguida que eran recuerdos de Azeman, sobre qué pasó con Radu y porque lo odiaba tanto, mejor dicho, por qué se odiaba mutuamente. Ella abrió de golpe los ojos y de incorporó, aún con sangre en la comisura y lágrimas en las mejillas goteando.
– ¿Lo has visto? – pregunto él con un rostro serio pero preocupante, en su mejilla calló unas lágrimas que se desplazó hacia un lado por la gravedad.
– Si, lo he visto todo. – respondió ella, temblando de miedo, aún con los ojos rojos brillando y los colmillos salidos.
Se acabó de incorporar hasta quedarse sentada sobre sus rodillas, abrazándose a sí misma para intentar dejar de temblar, pero era inútil. Azeman no entendió del todo tanto temblor en ella, también se incorporó y la miró fijamente, pidiendo con su rostro explicaciones. Ella lo notó, pero no se atreve a hablar, no con tanto temblor en el cuerpo.
– ¿Qué ocurre? – pregunto él serio e impaciente.
– ¿Los... vampiros que están emparentados... se relacionan... sexualmente entre ellos? – pregunto ella tartamudeando y llorando, temblando aún más.
Azeman iba a preguntar quien le dijo eso, pero le vino a la mente Radu y no dudo en pensar que fue él, entendió al fin el temblor y el miedo de ella. Él decide abrazarla para calmarla y consolarla, ella apoya el rostro frente el hombro de él, llorando y temblando por doquier.
– Fue "él" quien lo dijo ¿verdad? – afirmó él abrazándola con más fuerza.
– Sí... y eso me da miedo... dijo que eso lo hacen los monstruos... y yo soy eso... al igual que él y tu... puedo entender eso, pero... cuando él me besó y me mordió... sentí que debía obedecer y dejarle hacer, al mismo tiempo que deseaba escapar y matarlo por ello... – confesaba ella sin mirarlo y temblando aún más.
De repente, se oyó un ruido, como si algo se agrietará. Azeman empezó a notar una fuerza inmensa, que hacía que los objetos y muebles de la habitación temblaran. Al él le vino un inmenso dolor a la cabeza, cosa que nunca había sentido, pero no dejó de abrazar a su hija.
– ¿Por qué?... ah... ¿Por qué debemos ser así? ¿Por qué tuvo que intentar tomarme a la fuerza? – se preguntaba ella en voz alta, sintiendo miedo, pero a la vez un inmenso odio y rabia, incapaz de controlar sus emociones.
– Carmelius... intenta calmarte... – dijo él cubriéndole la cabeza con los brazos.
Entonces, aparecieron grietas por toda la pared del balcón, y también grietas en los cristales que hicieron que rompieran solas, esparciéndose trozos pequeños de cristal por todas partes. Azeman protegió a Carmelius, rodeándola con los brazos. Cuando pasó, ella quiso girarse, él la dejó, entonces pudo ver lo que paso, entendió que eso lo provocó ella, se giró del todo, dando la espalda a él, miró la pared agrietada y los cristales rotos por el suelo frente al balcón tocando la cama.
– ¿Esto... lo he provocado yo? – pregunto ella aterrada.
Ella volvió a temblar, apoyando ambas manos en su rostro, dejando ver solo uno de los ojos, que estaba completamente abierto, como si hubiera visto al mismísimo diablo en persona. Azeman la abrazó por detrás, apoyando la cabeza en la de ella por atrás.
– Carmelius... tranquila, ese es el don que tienes, el que tenías siendo humana pero que dejaste de usar, es lo único que te queda de tu vida humana, úsalo para protegerte a ti misma de los peligros cuando yo no este... – decía él por detrás. – no debes tener miedo, olvida ese miedo hacia ti, y deja que aparezca tu "yo" verdadero, para que nada ni nadie se atrevan a tocarte o herirte contra tu voluntad.
Con esas palabras Carmelius se calmó, sus ojos dejaron de brillar, y se apoyó rendida sobre su padre. Él deja que se incliné sobre él, mientras que le acaricia el pelo y besa con cariño el cuello de ella, donde había sufrido la mordedura. Ella siente los fríos labios de él, cosa que la tranquilizan y relajan.
– Padre... ¿Como... cómo es posible que creas que soy tu heredera? Si no he sido capaz de defenderme de tu hermano traidor. Ni darme cuenta de cosas como estás. – preguntaba ella suplicante y confusa. – Hasta ha podido hipnotizarme al verle en la sala, como si ya lo conociera por ti, cuando no era así, eso me tiene frustrada y humillada aún más.
Él la giró para tenerla de frente, entonces le cogió con los dedos la barbilla y la alzó para que le mirara a los ojos.
– Por qué lo se. – respondió él lamiendo la poca sangre que aún quedaba en la comisura de ella. – Lo sé Porque lo acabas de demostrar con ese poder que tienes, que solo debes aprender a controlar, así serás capaz de vengarte de él y de cualquiera que te haya hecho algo.
Carmelius no sabía que decir con esas palabras, seguía sin estar segura de ser la hija que él desea tener. Sin poder aguantarlo más, apoya de nuevo el rostro sobre el pecho de él, y vuelve a llorar. Él se queja extrañado, pero la deja hacer.
– ¡Tengo miedo! ¡No sé si podré controlarlo! ¡Me tengo miedo, padre, no puedo dejar de tenerme miedo! – confesaba ella llorando a brotes. – ¡No puedo ser tu hija así!
Azeman la mira, sabía que necesitaba tiempo para calmarse, hasta entonces esperar, mientras ella lloraba él la abraza y mirando hacia arriba sin hacerlo en verdad, oía como lloraba su hija y heredera, que no cambiaría por nadie. Finalmente, ella se durmió agotada de tanto llorar y de haber tomado la sangre suficiente por esa noche, él dejó que durmiera sobre él, ya que no tenía nada más que hacer, solo estar con ella y protegerla hasta que estuviera completamente lista.
Lo que él no sabía era que, Orleta volvió a causa del estruendo del cristal, y oyó toda la conversación. Ella también decidió ayudar y proteger a Carmelius, no solo como su sierva, también como su única amiga que tenía en esos momentos.